Marcelo en la XXV Feria de Ciudad Rodrigo (I)

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(Se pueden leer todos los episodios aquí.)

No, no era yo. Sé que todos visteis un murciélago revoloteando por el Patio de los Sitios cada noche, pero no era yo. Yo estaba mirando desde la grada, bueno, justo encima de la grada, en la cabina, colgando bocabajo de un saliente del tejado.

Sí, he estado en la Feria de Ciudad Rodrigo, la feria de Castilla y León, que celebraba la edición número XXV. Pero como en la anterior edición, la de 2021, no lo pasé muy bien en los derrapes por el Patio de los Sitios con los murciélagos de Ciudad Rodrigo (que son un poco salvajes, todo hay que decirlo), este año he decidido no participar y quedarme a un lado. A la que visteis en los derrapes era a Sabina. Sí, Sabina, la murciélaga de Fundão, la madre de Tiago. Por si te has perdido, te diré que yo estuve en la feria de Fundão en 2021, que allí conocí a Sabina, que cuando volví a Fundão en 2022 me dijo que ese murciélago chiquitín llamado Tiago que iba con ella era hijo mío, y ahí está la cosa, que como en el mundo de los murciélagos no nos hacemos pruebas de paternidad, pues no tengo claro si tiene razón o no… Realmente no sé si Tiago es mi hijo, pero le intento tratar lo mejor que puedo, excepto cuando se pone pesado, que es casi siempre…

Pues bien, esto fue lo que ocurrió cuando llegué a Ciudad Rodrigo el 23 de agosto y traté de entrar en la inauguración de la XXV edición de la feria, que se celebraba en el Palacio de Montarco, pero me encontré a Sabina con Tiago en la puerta.

SABINA.- Muy bonito, así que vienes y no nos dices nada…

MARCELO.- No tengo por qué da ninguna explicación…

TIAGO.- ¿Ni siquiera a mí, papá?

SABINA.- No te vas a librar de nosotros tan fácilmente.

TIAGO.- ¡Qué bien nos lo pasamos en Fundão! ¿Verdad, papá?

MARCELO.- Sí, muy bien, pero a esta feria quería venir yo solo.

TIAGO.- ¿Solo? ¿Y yo qué?

MARCELO.- No tienes por que estar ahora toda la vida persiguiéndome

TIAGO.- Yo no te persigo, papi, solo estoy aprendiendo de ti a moverme en la ferias.

MARCELO.- ¿A moverte en las ferias? ¡Si en Fundão terminaste encontrando el jamón tú solito!

SABINA.- No te puede enseñar nada este mendrugo, este elemento, este mastuerzo, este…

MARCELO – Oye, mastuerza lo serás tú, que además tienes cara de mastuerza…

TIAGO.- Mamá, ¿qué es un mastuerzo?

MARCELO.- Y quitaos del medio, que quiero entrar a la inauguración y ya es tarde.

TIAGO.- Papá, ¿yo también tengo cara de mastuerzo?

SABINA.- No, no nos vamos a quitar hasta que nos digas quién era Montarco.

Y ahí se quedaron los dos, mirándome. Tiago seguía con cara de desconfiar de los mastuerzos. Yo les miraba a ellos. Y echaba un ojo alrededor por ver si veía algún otro conocido, pero nada. ¿Montarco? Y yo qué sé. Sería uno de los ricos del pueblo, por eso pusieron su nombre a ese lugar, Palacio de Montarco… Vale, que ni lo sabía ni tenía a quién preguntarle, así que decidí irme directamente a coger sitio al Teatro Nuevo Fernando Arrabal a ver Numancia, de Nao d’amores y la Compañía Nacional de Teatro Clásico, que empezaba a las 18h., y me largué de allí sin decir ni “mu”.


Numancia en Ciudad Rodrigo, con las mantas sorianas que le gustaron tanto a Tiago – foto de Isa y José Vicente

Numancia ya la había visto, pero no me importaba verla otra vez. Y ahí estaba yo colgando de un adorno de un palco cuando va y se cuelga Tiago a mi lado.

MARCELO.- ¿Y tu madre?

TIAGO.- Se ha quedado fuera. Que tiene que probar el farinato, dice. ¿Tú crees que a mí el farinato me gustará?

MARCELO.- ¿Tu madre a qué ha venido, a comer o a ver teatro?

TIAGO.- Creo que ella puede quedarse comiendo tranquilamente mientras tú y yo vemos todas las obras, ¿no, papi?

Y empezó Numancia, con un público difícil, quizá no era el espectáculo ideal para muchos. “Es que hablan raro”, dijo Tiago. “No hablan raro”, le contesté yo dándole un manotazo en toda la cara que casi le hago caer al patio de butacas…

TIAGO.- ¿Y esas mantas tan bonitas?

MARCELO.- Calla…

TIAGO.- ¿Me compras una?

MARCELO.- Ssshhh, no hables tan alto…

TIAGO.- Es que son muy bonitas, con esas rayas… Yo quiero una.

MARCELO.- Cállate…

TIAGO.- Quiero una manta soriana.

MARCELO.- Cállate…

TIAGO.- Oye, ¿y eso que ha dicho?

MARCELO.- ¿Qué?

TIAGO.- Como hablan raro, no sé si les he entendido mal, ¿ha dicho que se van a comer a los romanos?

MARCELO.- ¿Quién?

TIAGO.- Los numantinos. Se van a comer a los romanos que tienen encerrados en la prisión.

MARCELO.- Tendrán hambre.

TIAGO.- No sabía que era tan habitual que los humanos se comieran entre ellos.

MARCELO.- ¿NORMAL? Eso no es normal.

TIAGO.- ¿Entonces?

MARCELO.- Cállate…

TIAGO.- A ver, que es que creo que lo ha dicho, que se los van a comer.

MARCELO.- Tiago, si no te callas nos vamos a tener que ir.

TIAGO.- Ya me callo.

Entonces se calmó un poco y pudimos terminar la función sin muchos vaivenes. La conclusión de Tiago fue que le había gustado, pero que podrían hablar un poco más normal. Yo le di la razón para no seguir discutiendo y salí de allí sin decirle nada. No le pude dar esquinazo. Me siguió. No llegué a tiempo para ver Amalia y el río de la compañía Guirigai de Extremadura, así que me quedé al aire libre viendo una de circo, unas chicas que tenían muchos pantalones vaqueros, la cía Capicúa y el espectáculo Nüshu. Por supuesto que no me libré de él. Cuando me colgué de una farola, ahí se puso a mi lado.

TIAGO.- ¿Estabas huyendo de mí?

MARCELO.- ¿Yo?

TIAGO.- ¿Yo?

MARCELO.- ¿Tú?

TIAGO.- Yo no, tú.

MARCELO.- No huía, es que me hacía pis, y…

TIAGO.- Pero si una vez me dijiste que lo más divertido era mear sobre la cabeza de los espectadores, que no se dan ni cuenta…

MARCELO.- Bueno, a ver, que es divertido hacerlo, pero no todos los días…

Me había pillado. Sí, lo que quería era huir de él. No era mi idea estar acompañado en la Feria de Ciudad Rodrigo. Así que me puse a mirar a las acróbatas que estaban en los Jardines de Bolonia doblando pantalones (y muchas cosas más que hacían con los pantalones y cazadoras vaqueras).

TIAGO.- Me gusta el circo.

MARCELO.- Pues muy bien.

No se callaba. Decía que como estábamos al aire libre y el resto de humanos también hablaba pues que no se iba a callar. En fin…


Nüshu en Ciudad Rodrigo – foto de Isa y José Vicente

El resto de la tarde fue normalita. Tras aquella función, se podía ir a otra que yo ya había visto en Fundão, Quien se llama José Saramago, una coproducción entre los extremeños Karlik Danza y los portugueses Teatro Das Beiras. Justo tras esa se pudo ver al aire libre otra llamada Cine Mudo: historia de un invento para contar historias, de Producciones 4,33, y no puedo contaros nada porque no la pude ver, porque Sabina vino a montarme un numerito sin venir a cuento, en medio de la plaza mayor… Decía que si Tiago me quería más a mí que a ella, y que eso no podía ser, y yo le dije que eso sería porque era hijo mío y si le gustaba ir al teatro era porque lo llevaba en las venas, y que como ella era una cateta que prefería quedarse comiendo farinato en vez de ir con él al teatro, pues que el problema lo tenía ella… En fin, la cosa acabó con ella tirándome cucharadas de farinato a los ojos, con una catapulta artesanal que se había hecho con una cucharilla de café y una goma del pelo que se había encontrado por ahí, y Tiago mirando la pelea y pasándoselo de lo lindo. Yo le dije a Sabina que se callara ya, que era una pesada y que ya era hora de ir al Patio de los Sitios a ver Los tres mosqueteros, otra coproducción hispano-portuguesa de EsTe-Estaçao Teatral y Mármore, pero me dijo que como ya la había visto, se iba a dedicar a hacer derrapes por el escenario, que es lo que le habían dicho los murciélagos de Ciudad Rodrigo que les gustaba hacer durante las funciones del Patio de los Sitios; por eso os digo que si alguno vio a un murciélago durante esas funciones, no era yo, sino ella, las cinco noches. Ella ya había visto ese espectáculo porque una de las dos compañías que lo producen, EsTe-Estaçao Teatral, es de Fundão, como ella, y que eso ya se había hecho allí, y que si patatín, y que si patatán. Se marchó de la plaza dejándome lleno de farinato, y a Tiago mirándome y riéndose. Yo estaba tan pringado que antes de ir a ver Los tres mosqueteros me tuve que dar una ducha, bajé al río, y me sumergí un par de veces en el agua. Tiago me metía prisa, decía que la función estaba a punto de empezar, así que allá fuimos, al Patio de los Sitios. Yo estaba un poco mojado aún, pero nos colgamos de un saliente de la pared justo sobre la cabina donde estaban los técnicos, y ahí vimos Los tres mosqueteros, la historia de los tres mosqueteros pero contada con humor, y con música en directo. Si a alguien de la última fila (que es donde se sientan los primeros que entran, porque pueden apoyar la espalda en los hierros del final de la grada) le cayó una gota encima, era de agua del río, que escurría de mi cuerpecito de murciélago.


Los tres mosqueteros en Ciudad Rodrigo – foto de Isa y José Vicente

Tras verla, me fui a un supermercado a dormir, ni me asomé al bar a ver si se juntaban o no los teatreros esa noche… Tiago se vino conmigo…

Continuara…

Marcelo, el murciélago

El Gallinero es la bitácora de un grupo de dramaturgos que interpretan el papel de un periodista. Un espacio donde se informa del teatro que no acostumbra a salir en los medios de comunicación, de los recovecos que componen la vida teatral de Madrid y los espectáculos/ espacios/ creadores/ gestores menos conocidos.   En El Gallinero escribe nico guau, y en una época escribieron muchas más gallinas: Antonio García, El Trapo, Folguera, la señora del fondo, Manuel Rodríguez, Muflón Silvestre, Pelma y gris, Turuleta, Vera Yobardé... Si queréis contactar con nosotros, podéis hacerlo en elgallinerofronterad @ gmail.com, quitándo lo espacios alrededor de la @.

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