Marcelo en los camerinos de Los Remedios

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Os lo prometo. Lo que voy a contaros es cierto. Me han dicho el otro día que lo invento, pero no… Me meto en los camerinos… Sí… Me he metido en los camerinos de Los Remedios, esta obra que salió de exlímite y ahora está en el sótano del María Guerrero, basada en la infancia y la vida de sus dos intérpretes, Fernando Delgado-Hierro (que también firma el texto) y Pablo Chaves. En concreto, me he metido tres veces en los camerinos de Los Remedios, desde que estrenaron el viernes 19 de marzo. Y luego he visto la función otras tres veces. Es que como es tan temprano, da tiempo a hacer doblete…

Os recuerdo que soy un murciélago, y me meto donde me apetece… Y sin ser visto… No es que sea invisible, es que tengo mis mañas… Sé entrar en los sitios cuando nadie mira… Muchas veces me metí en los camerinos del Festival de Almagro, a escuchar lo que contaban los actores y actrices, y lo echaba de menos… Así que me decidí hacerlo también en la capital. Y a contároslo…


Pablo Chaves en
Los Remedios – Foto de Luz Soria

Bueno, pues os he de decir que los de la compañía de Los Remedios son los más callados que he conocido. No conozco a todas las compañías, pero… Vamos, que de las tres veces que he ido a fisgar a camerinos, solo he escuchado una vez a uno de los actores, a Pablo Chaves, decir algo… Seguro que los dos actores y el director, Juan Ceacero, piensan muchas cosas, pero no las expresan en voz alta, y claro, eso para estas crónicas que me da por escribir, pues no os sirve… También he visto a Paola de Diego, que se encarga de escenografía y vestuario, y a Juan Ripoll, que firma la iluminación, y a Majo Moreno, la ayudante de dirección, pero ninguno ha dicho ni mu. Juan Ripoll ha tarareado alguna canción el día que fue, pero nada más…


Fernando Delgado-Hierro en
Los Remedios – Foto de Luz Soria

Los Remedios habla de la amistad (los actores, Fernando y Pablo, son amigos desde pequeños) y de lo que queda en nosotros de la gente que pasa por nuestras vidas. En escena ellos representan a abuelas, padres, madres, hermanos, profesores… Y se interpretan a ellos mismos… Venga, que os lo cuento: Los Remedios tiene una parte importante de autoficción. Y si no sabéis lo que es eso, pues yo os lo explico, que lo estoy deseando. En realidad, pensaba que alguno en los camerinos diría en voz alta lo que es la autoficción, que está tan de moda, y yo os lo trascribiría, pero no… Así que os lo explico con mis propias palabras: la autoficción es cuando haces ficción en un auto, es decir, en un coche. Ya… No os hace gracia, supongo. Bueno, lo siento… ¡Lo siento! Era para ver si estábais leyendo atentamente… Era un chiste de murciélago, es que tenemos ese humor… En mi pueblo, Almagro, este chiste hubiera triunfado y se hubiera contado por lo menos durante tres meses, porque los murciélagos de Almagro son muy agradecidos con estos chistes, pero ya veo que a los humanos no os hace ninguna gracia… La autoficción es hacer ficción consigo mismo. Los autores utilizan sus recuerdos y sus miedos, su infancia, su familia, su pasado, su presente, y lo meten todo en la coctelera y entonces sale una obra en que hablan de ellos mismos con mucho humor y mucha gracia. Vale, es verdad, en Los Remedios es con mucho humor y con mucha gracia, pero no tiene por qué ser así… El dálmata dueño del ordenador en el que escribo (el inmundo nico guau) dice que esto de la autoficción no se lo han inventado los del teatro. Yo no le contradigo, por un lado, porque no lo sé, y por otro porque me cae como el culo. Pero eso no se lo digáis. Él dice que “lo de contar nuestras mierdas es más antiguo que el mear”. Así, con esas palabras lo dice. Bueno, que yo no entro a discutir con él, que si él dice esas cosas, allá él. Yo lo que sé es que esta obra trata de la vida de los dos actores y su infancia en el barrio sevillano de Los Remedios. Les vemos crecer, desarrollarse, enamorarse, estudiar, quedar con amigos, vestirse para la cena de Nochebuena, su relación con la Iglesia…


Foto de Luz Soria

Lo malo de que Los Remedios esté en el sótano del María Guerrero es que las entradas se agotaron antes de estrenar, y que el aforo útil con esto de la pandemia es de unas 30 personas. Pero podéis cruzar los dedos para que liberen algo de última hora y os lo vendan, o podéis estar cada rato mirando la web de entradas por si liberan algo (ayer han liberado para este fin de semana). Aunque, como se puede ver en el siguiente tweet, hay gente que está pendiente de cuándo liberan entradas en el CDN para poder comprar:

Y otra opción es que os coléis y veáis la función colgando bocabajo de una viga del techo, como hago yo… Bueno, esto sé que es difícil para los que no son tan hábiles como yo y sobre todo para los que no son murciélagos como yo, así que quizá es mejor confiar en eso que dice el inmundo del perro nico, ese refrán que pronuncia a todas horas: “el que no va al teatro no ve la función”. Lo pronuncia muy enfadado, además, sobre todo cuando alguien le dice “no la vi porque no había entradas”.

Bueno, y se me olvidaba, no os he contado lo único que he podido escuchar en camerinos… Yo esperaba que se dijeran cosas los dos actores, uno al otro, de camerino a camerino, o a sí mismos en el espejo, o que dijeran algo feo de su compañero de reparto, pero no… Pablo Chaves, el segundo día que fui expresó en voz alta su pérfido plan:

Estoy aquí en el camerino del María Guerrero a media hora de que empiece la función y lo único que puedo pensar es en cómo hacer para robar el diván rojo que hay dentro del camerino… He avisado a cuatro amigos para que se pongan en la ventana, y lo voy a lanzar por ella… Voy a llevarme este diván de aquí. Me da igual todo, me da igual la función, me da igual el CDN… ¡Me voy a llevar el diván!

Sí, os aseguro que eso lo escuché yo en camerino. Sé que os cuesta creerme, pero peor para vosotros, por ser unos desconfiados… Pensáis que me lo invento todo. Pero eso lo dijo Pablo Chaves.

Por cierto, os he de contar también que la compañía exlímite tiene en proceso un espectáculo llamado Clúster, que también parte de la autoficción. El texto lo firma Fernando Delgado-Hierro, Pablo Chaves es uno de los actores junto a otros 7, y lo dirige también Juan Ceacero. Quizá lo vuelvan a hacer allá en su local… Así que si no conseguís saber qué es la autoficción con Los Remedios, porque no conseguís entrada, podéis intentarlo con Clúster.

Marcelo, el murciélago

 


Foto de Luz Soria

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