Margarina y mantequilla

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Llevaban casi cuarenta años durmiendo plegadas dentro de un libro de texto. La lengua inglesa devoró por igual a la margarina La Cigüeña y a la mantequilla Breda de su infancia. Una venía de Inglaterra y llevaba muchos años siendo la alegría de tantos desayunos y meriendas, untada en pan y cubierta de azúcar. (¿Por qué serán tan golosos algunos niños en sus meriendas?)

 

El descubrimiento de la mantequilla en su adolescencia ejerció en él un impacto similar al de su primer orgasmo alimentario. Aquella crema untuosa no sólo podía extenderse sobre el pan, sino que podía comerse directamente desde el paquete. En cada bocado de aquella gloria bendita, podían encontrarse el rastro de la leche y el aroma de un filete. Cada paquete de mantequilla Breda venía con una vaca dentro.

 

De la originalidad de su infancia en Ceuta (a la que siempre ha gustado evocar bajo el nombre de Malta, una isla también familiar entre sus antepasados,) no tomó conciencia hasta que se trasladó a estudiar a la Península. Ninguno de los productos nutritivos extranjeros de su infancia, podían encontrarse aún en esta otra orilla de España. “De lo que se come, se cría”, afirma el dicho. ¿Será éste el origen de la vital extravagancia de Faba?