«Maria Callas, Sfogato”: Las últimas horas de una diva 

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Subraya Pedro Víllora en el breve texto con el que presenta su obra que “Maria Callas es, incluso hoy, la cantante más famosa del mundo”. Y tiene razón. A la hora de evocar a la diva operística por excelencia, el nombre de Callas es el primero que nos viene a la cabeza a muchas personas, además de ser probablemente la soprano sobre la que más se ha escrito y que protagoniza, salvo error, mayor cantidad de material audiovisual. El dramaturgo traza un delicado e inteligente perfil de la cantante y la mujer, las dos naturalezas del mito en cuyo corazón galopaban al unísono las pasiones artísticas y las humanas. Cuando Callas encontró a María es el subtítulo de esta delicada pieza de orfebrería sentimental en cuyo título ondea la palabra “sfogato”, tradicional término operístico para adjetivar a las sopranos prodigiosas de extraordinario e inusualmente amplio registro vocal, un timbre oscuro y prístino al tiempo, que, según cuentan los expertos, poseen solo unas privilegiadas entre las que se encontraba también la fascinante María Malibrán.

Mabel del Pozo y Anabel Maurin (de pie) en una escena de «Maria Callas, Sfogato» (Foto: SingUs)

Callas, de ascendencia griega, nació en Nueva York el 2 de diciembre de 1923 y murió, un poco más de dos meses antes de cumplir 54 años, en París, el 16 de septiembre de 1977, oficialmente a causa de una crisis cardíaca, aunque sottovoce hay quien asegura que se suicidó ingiriendo una cantidad mortal de tranquilizantes; parece ser que en 1970 intentó quitarse la vida con barbitúricos. En ese último día, sitúa Víllora la acción de la obra, que tiene tanto de adiós como de evocación emocionada y emocionante. La soprano, en compañía de Bruna, su ama de llaves y la persona más próxima a ella, está encerrada en su residencia parisina, mientras en la calle se agolpan los periodistas para tratar de atisbar su presencia. En ese compás de espera sin objetivo y tal vez sin esperanza, Maria, agotada y anímicamente muy baja, repasa algunos momentos de su vida, sus comienzos, su matrimonio con Giovanni Battista Meneghini, su pasión por el ominoso Aristóteles Onassis, que tal vez solo quisiera exhibirla como un trofeo en su historial de macho alfa, sus desengaños, sus actuaciones con Giuseppe di Stefano, el tenor junto al que más cantó… Luces y sombras que se alternan con algunas de las más famosas arias que interpretó: O mio bambino caro, de la ópera Gianni Schicchi de Giacomo Puccini; Vissi d’arte de Tosca, también de Puccini; L’amour est un oiseau rebelle de la Carmen de George Bizet, y Casta diva, de Norma, de Vincenzo Bellini, entre otras.

Un sensible machihembrado de música y palabras que dibujan una nítida imagen de esa mujer a la que la diva exprimió toda su energía. El director Alberto Frías ha entendido muy bien el tempo de esta pieza de cámara, calma e intensa, que se apoya en una cuidada escenografía de Juansebastián Domínguez: unos pocos muebles que se alternan con grandes cajas de embalaje que ocultan, por ejemplo, un camerino o una vista panorámica de La Scala de Milán contemplada desde el escenario, y que transmite una inquietante sensación de transitoriedad. La iluminación intimista de Enrique Toro, el bonito vestuario de Sabina Atlanta y la estupenda caracterización de Sara Álvarez completan un hermoso espectáculo maravillosamente interpretado por Mabel del Pozo, una Callas trémula y final, Anabel Maurin, que compone una Bruna impecable, y la soprano Eva Marco, que se encarga acertadamente de interpretar las arias con sensibilidad y un bello timbre vocal.

Título: Maria Callas, Sfogato. Autor: Pedro Víllora. Dirección: Alberto Frías. Escenografía: Juansebastián Domínguez. Iluminación: Enrique Toro. Vestuario: Sabina Atlanta. Caracterización: Sara Álvarez. Producción: SingUs. Intérpretes: Mabel del Pozo, Anabel Maurin, Eva Marco y Natalia Belenova (piano). Teatro Infanta Isabel. Madrid, 28  de julio de 2022.

 

Juan Ignacio García Garzón es uno de los nombres que me habitan (o que habito, vaya usted a saber). Como tal espécimen, nací y vivo en Madrid, donde ejerzo la profesión periodística desde hace más de tres décadas, que ya son años. En tiempos pretéritos trabajé en Radio Exterior de España (RNE), la Agencia EFE y la cadena radiofónica COPE, no simultáneamente. En el diario ABC, he sido redactor jefe de la revista dominical Blanco y Negro, las secciones de Cultura y Espectáculos, y su suplemento cultural, además de crítico teatral.   He publicado dos libros biográficos: “Lola Flores. El volcán y la brisa” (2002 y 2007), y “Paco Rabal. Aquí un amigo” (2004), con el que obtuve el II Premio Algaba de Biografías, Autobiografías y Memorias, y el volumen de análisis cinematográfico “Cary Grant. RKO Films” (2009), además de alguna otra cosa sobre cine y teatro que se hace fatigoso enumerar. En 2009 fui agraciado con el premio Ciudad de Alcalá en su modalidad de Periodismo, que lleva el nombre de "Manuel Azaña", por el artículo “Si Hamlet fuera mujer”, publicado en ABCD las Artes y las Letras.   A veces, aunque hace ya tiempo que se hace el remolón, me visita un tipo que escribe poesía y firma como Juan Garzón. Pese a su ánimo remiso, este holgazán de la escuela Bartleby ha publicado cuatro libros de poemas: “Ejercicios de estilo” (1979), “Figuras y descripciones” (1984), “Imán” (1989) y “Principio de viaje” (2000).

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