Mario Colleoni: «Pasolini nos dio claves con las que entender la realidad del siglo XXI»

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(Fotografía: Claudia Molina)

Dice Mario Colleoni que cultivar la belleza, el asombro y la honestidad es, ante todo, una expresión de convivencia, «sin ellos la cultura no existe». Y nadie como Pasolini encarnó desde la verdad al creador de la palabra y al creador de la belleza. Es la poesía de Pasolini la palabra clara e inteligible apegada, «a la existencia cotidiana / pura, por ser demasiado / cercana; absoluta, por ser / demasiado miserablemente humana».  Reflejando un tiempo absolutamente histórico ante un personaje derrotado como dice en uno de sus poemas «en una desesperada vitalidad».

Colleoni, historiador del arte y autor de Contra Florencia (La línea del Horizonte) y el bellísimo prólogo a Teatro (Punto de Vista) acaba de publicar un libro rotundo, con una voz muy poderosa: Poesías en Casarsa. Colleoni se mueve con gran agilidad mental lo mismo en la luz que las tinieblas sin por ello dejar de sentir pasión por la vida que encuentra, en esta ocasión, todo su esplendor amargo en la poesía de Pasolini. Una fuerza de la naturaleza. En palabras del traductor, «junto al vicio narcisista confesado por él mismo debía ser una especie de camaleón humano capaz de desenvolverse con soltura en cualquier entorno de lo contrario es difícil comprender cómo podía ser el hijo más dulce el amante más perverso un cineasta más cruel». Incómodo, escurridizo, inasible, «precisamente por ello, para el prólogo de Teatro escogí un título que diera cuenta de ese carácter: Pier Paolo Pasolini, un oxímoron viviente. Muchos lo siguen considerando un cineasta, un periodista, un dramaturgo, un agitador cultural o, como se diría hoy (menos mal que no ha vivido para verlo), un activista político, pero para mí es lo que fue durante toda su vida  un poeta, un «poeta civil», acaso el más grande del siglo XX».

Esta edición trilingüe de Poesías en Casarsa es un trabajo sobrio, sin concesión al sentimentalismo ni al impacto frívolo, que se enmarca en una edición particularmente atípica porque, además de tratarse de la primera traducción al español, en el mismo volumen se han añadido las dos reescrituras posteriores que Pasolini hizo del mismo libro: la primera incluida en La meglio gioventú (Sansoni) y la última en La nuova gioventú (Einaudi,1975): «Tres textos dónde están contenidos todos sus anhelos, sus ambiciones, su desencanto, su desesperanza… buenos binomios que forman la felicidad y la inquietud, la incertidumbre y la certeza, la libertad y la esclavitud, la ilusión temprana y la penumbra final».

Un viaje al origen de donde surgen sus sexos abiertos, paraísos amargos e infiernos dulces y de donde surgen la vida acechada por la muerte y la destrucción y seres marginales o anónimos a nada inmunes, menos aún al dolor o la tentación. El artista es alguien que abre cauces para iluminar al ser humano, para iluminar su dignidad. Un Pasolini que piensa y que arriesga, piensa y es audaz, piensa y es valiente. Y la valentía es básica para la vida. La vida necesita coraje.

¿Qué es Poesías en Casarsa?

La primera floración en la carrera literaria de Pier Paolo Pasolini: su primer libro de poemas y un intento lírico y desesperado por querer convertir la poesía en una forma de mitología.

¿Qué le hace embarcarse en esta historia sobre Pasolini?

La admiración y el amor, su vida y su obra, respectivamente.

¿Por qué dice que es el reto más difícil al que se ha enfrentado?

Porque parece un libro de poemas extremadamente fácil, con un lenguaje llano y una significación transparente, sin complejidad alguna. Sin embargo, cuando uno comienza a escarbar dentro, cuando lo estudia y observa con detenimiento las tripas de todos esos poemas, afloran algunos hallazgos, como por ejemplo la fuerza del dialecto o la dimensión oral de la poesía, que es una cosa alucinante. Si te lo llevas más lejos, descubres que lo más complejo del mundo siempre adopta la forma de la sencillez. Y eso es, no ya como dar con la equis en el mapa del tesoro, sino encontrar el tesoro mismo.

¿Qué nos descubre su Pasolini?

Quería que el libro testimoniara la transformación de un hombre sin el cual no podemos entender el siglo XX ni tampoco el XXI, la mutación histórica de un poeta a través de tres décadas de poesía. Las inquietudes de Poesías en Casarsa son la realidad de la tierra, la vida en el campo, las costumbres rurales, la hermosa serenidad de las cosas sencillas, el deseo juvenil que nace y explota con una mirada, y un conjunto de liturgias paganas, bucólicas, pastoriles que cantan y celebran el presente porque en ningún otro lugar tiene sentido la vida. Tal vez por todo eso, o a la inversa, la muerte se vuelve omnipresente a lo largo de todo el libro.

¿Cómo aborda este paseo a través de esta personalidad tan fuerte?

Desde el único lugar que puede abordarse, desde los intestinos, desde el abismo, desde el sentimiento compartido de que el mundo se ha convertido en todo lo que él predijo. Es peligroso, porque es como entrar en un remolino de desesperanza en el que es fácil perder la cordura. Cuando uno afronta la obra o la vida de Pasolini, si persigue la verdad, y no me refiero a validar prejuicios sino a estar dispuesto a cuestionarlos y, si hace falta, romperlos; si uno persigue esa verdad, lo arriesga todo. Me gustaría que fuera un juego de palabras, y desde luego no se lo recomiendo a nadie. Pero puedo decir con cierto orgullo que yo he sobrevivido a ese pozo negro de fango. No sé cómo lo he hecho. Lo que sí sé es que todas las heridas, tanto las mías como las suyas, están en este libro. En parte me consuela, porque el sacrificio es la forma más extrema de plegaria, y eso es lo que he querido, entonar una plegaria en su nombre.

Es una edición verdaderamente atípica. Una auténtica joya porque se han añadido las dos reescrituras posteriores que Pasolini hizo. Háblenos de las tres ediciones que giran alrededor de la felicidad, la inquietud, la certeza, la libertad, la desesperanza…

Regresando de nuevo a sus primeros libros, mientras preparaba la biografía que saldrá el año que viene, pensé que, por sí misma, la edición de 1942 de Poesías en Casarsa podía ser ya un hallazgo interesante para el público español. Sin embargo, cotejando más tarde las tres ediciones, caí en la cuenta de que añadir esos tres textos ilustraba muy bien algo que por lo general es dificilísimo de explicar con tan pocas palabras, y mucho menos con las suyas. La obra de Pasolini no es excesivamente abultada, pero sí muy intrincada; desanudar sus fantasmas requiere un gran esfuerzo intelectual que hoy, al ritmo en el que vivimos, resulta prácticamente inviable; exigiría un empeño casi sobrehumano. Pero aquí están todas las caras de Pasolini, la del muchacho que quiere convertirse en poeta (1942), la del poeta que quiere dar por concluida una etapa (1954) y la del hombre que, roto ya por la vida, siente la necesidad de volver al origen para destruirlo todo (1975).

Esta edición se caracteriza también por llevar sobre el papel la lengua materna de los arrabales, el desarraigo, la región del Friuli… Tal vez deberíamos empezar por preguntarnos, al leer esta edición, por qué tardamos ochenta largos años para poder leerlo en su lengua…

La lengua de los arrabales llegará en Roma. Aquí, en Casarsa, lo que Pasolini documenta es la lengua rural del campo, de las aldeas, el habla de los campesinos. Hay que recordar que su dialecto no se corresponde estrictamente con el friulano, sino con el casarsés, que es como una especie de matrioska lingüística, es decir, un dialecto del dialecto, concretamente el que se da en una orilla del río Tagliamento, y además era medio inventado. Si hemos tenido que esperar tanto tiempo para ver esta obra traducida en España no me cabe duda de que ha sido porque hasta entonces nadie ha tenido la necesidad de llamar a las cosas por su nombre. El mundo editorial es una jungla despiadada donde ya casi ningún editor tiene tiempo para desempeñar su trabajo, que debería ser esencialmente leer libros y no vender basura caducifolia.

¿Por qué dice que ha sentido muchas veces rabia y frustración cuando al aproximarse a la obra y al personaje de Pasolini comprobaba que cuanto más profundizaba menos respuestas hallaba?

En la respuesta a esta pregunta se encuentra la razón fundamental de mi irreparable divorcio con el mundo académico y con una parte del siglo XXI. Hay cosas, personas u obras que no pueden comprenderse si no se abordan desde el corazón. En su lugar, muchos otros sólo saben utilizar el cerebro. Esto se lo explicas a un «experto» y estás vetado de por vida en cualquier círculo universitario. Lo que ellos necesitan —reproducir lo que otros han dicho, lo que en esencia son las citas de autoridad— yo lo repudio. Cuando uno llama a las cosas por su nombre (y cosas en la vida puede haber una docena, no más) y ve cómo una caterva de cretinos engolados sin emociones es capaz de sentar cátedra con algo que para ellos sólo es un vil pretexto para envanecerse, siente la necesidad de romper cosas, pero como al final no lo hace, se conforma con enfrentarse a los mercaderes que profanan el templo. Pasolini es para mí ese templo.

¿Por qué considera importante reivindicar la aportación a la cultura de Pasolini?

Porque nos dio claves con las que entender la realidad del siglo XXI; claves que muchos de nuestros «intelectuales» se enorgullecen de ignorar. Y aun así, en realidad, Pasolini sólo es el nombre que hay detrás de algo muchísimo más importante: una forma determinada de mirar y leer el mundo. Si su obra vuelve a adquirir preminencia —lo dudo— sólo espero que la masa no la profane. La masa es algo espantoso.

Pasolini es la descripción de la decadencia. Esos versos «mira, muchacho, en nuestros cuerpos el fresco rocío del tiempo perdido»… dicen tanto. Lo definiríamos como inquietante, inconformista, incómodo… y me quedo corta

Siempre fue incómodo, escurridizo, inasible. Precisamente por ello, para el prólogo al Teatro (Punto de Vista, 2022) escogí un título que diera cuenta de ese carácter: Pier Paolo Pasolini, un oxímoron viviente. Respecto a esos versos, o en realidad frente a todo el libro, no hay que olvidar que la vivencia poética de Pasolini es esencialmente decadentista. Celebra la vida en el campo, sí, pero sabiendo que está a punto de desaparecer, a punto de morir. Esto es lo que explica la presencia constante de imágenes hermosas que, aunque luchando, conviven siempre con esa sombra inquietante que es la muerte.

Fue también un ser contradictorio. En Pasolini se dan muchos pasolinis: su forma de relacionarse con la sociedad, con la religión, la homosexualidad, el comunismo del que fue expulsado… fue un hombre valeroso

Junto al vicio narcisista confesado por él mismo, debía ser una especie de camaleón humano capaz de desenvolverse con soltura en cualquier entorno. De lo contrario, es difícil comprender cómo podía ser el hijo más dulce, el amante más perverso o el cineasta más cruel. También era una fuerza de la naturaleza. Y ese cuerpo, un grácil manojo de fibras y tendones donde escondía una personalidad tímida pero a la vez arrolladora, fogosa pero inflexible, sádica pero carismática, debía convertirlo en una criatura magnética y singular. Ahora bien, si hubo alguien en el siglo XX capaz de representar el coraje, sin duda fue él, y lo digo abiertamente sin ningún recato. Para mí es un ejemplo de valentía en el que siempre querré reflejarme.

Por otra parte, también se ha reconocido que ningún intelectual católico hizo un análisis más certero sobre la iglesia con El Evangelio según San Mateo. Ninguno como él advirtió a la iglesia de los cambios tan profundos a los que debía enfrentarse. Fue una obra magnífica que el mismo Vaticano calificó de impecable

Fue un opositor endiablado de cualquier fanatismo, fuera este del signo que fuera, y eso le permitió llegar al centro de muchos problemas. Irritaba, claro, era muy incómodo, y tal vez por eso la Iglesia nunca lo escuchó, y cuando lo hizo fue para señalarlo con el dedo, o bien para acogerlo hipócritamente en su seno — me refiero a la polémica sobre el aborto— como un buen hijo obediente que pensaba igual que su padre. Más allá de eso, el reconocimiento del Vaticano por aquella película tuvo algunos matices. En realidad, fue una agencia internacional de prensa católica (dependiente del Vaticano pero sin ser el Vaticano), y ya en los 70, transcurridos los años, la que le dio la bendición, pero como digo, no fue expresamente la Curia. Aun así, el éxito del Evangelio fue extraordinario y tuvo resonancias en el mundo entero. Hasta fue alabada por un director como Andréi Tarkovski, lo que deja la opinión del Vaticano en una simple anécdota.

Alberto Moravia lo despidió tras su muerte diciendo: «Ante todo hemos perdido un poeta, y no hay tantos poetas en el mundo»

Muchos lo siguen considerando un cineasta, un periodista, un dramaturgo, un agitador cultural o, como se diría hoy (menos mal que no ha vivido para verlo), un activista político, pero para mí es lo que fue durante toda su vida, un poeta, un «poeta civil», acaso el más grande del siglo XX.

Es digno de resaltar la huella que en él dejaron desde Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez, Alberti…

Es muy emocionante reconocer en su poesía las Soledades, los Campos de Castilla de Machado, las Arias tristes de Juan Ramón o al Alberti de Sobre los ángeles. También a Lorca, aunque en menor grado. Haría falta un libro entero para hablar de todos ellos.

Wislawa Szymborska apostaba por una supuesta sencillez.  Podría hacernos pensar que la suya era una poesía sin artificio. La traigo aquí porque apuntaba en Correo Literario que una vida rica en experiencias no es necesaria para una buena escritura, más importante es cómo percibes y asumes la vida…

Esta pregunta no sólo atañe a Pasolini, sino a la vida. La percepción es un misterio. Desconocemos su origen, no sabemos cómo la adquirimos ni tampoco si se aprende, tan sólo se llega. Por qué, cómo y cuándo son preguntas que nunca he dejado de hacerme. Yo siempre la he considerado prima hermana de la voluntad, que a su vez es consecuencia del libre albedrío, que es lo que esencialmente nos diferencia de los animales. Estatutos todos ellos de la libertad, supongo. Sin embargo, la percepción en Pasolini tiene más que ver con la compasión y el sufrimiento heredado de un mundo del que fue testigo, un testigo presencial, viviente. El asesinato de su hermano Guido, la lucha contra el fascismo encarnado en la figura del coronel Carlo Alberto, su padre, o el hambre que llegó a padecer en Roma fueron sólo algunos de los obstáculos que debió sortear en la vida, aunque no supiera que lo que vendría después sería más despiadado. Volviendo a la percepción, quiero seguir creyendo que la primera canalización del dolor es la empatía, aunque por desgracia no sea la única.

¿Cree que ha conseguido que sea tan sólo su obra la que hable por sí misma?

Sí, porque desde que comencé a trabajar en ello me lo propuse de una manera obsesiva, insana y enfermiza. No he cedido ni un milímetro ante el orgullo lascivo y narcisista que podía generarme traducir por primera vez en español Poesie a Casarsa. Para mí no existe nada más sagrado en la vida que la palabra de un ser humano, su voluntad. Y traicionar esa voz hubiera sido como apuñalar por la espalda a una persona a la que amo. Digo lo mismo que Shakespeare hizo decir a Macbeth: sólo «me atrevo a todo lo que sea digno de un hombre», y «a quien más se atreva, no lo es». Esa es mi única divisa, tanto en el trabajo como en la vida. Confieso que hace mucho tiempo que dejé de aspirar a ser millonario.

Tras convivir todo este tiempo con Pasolini, ¿qué dolor le ha dejado a usted más herido?

No sé si encontraría las palabras, pero como decía al principio, hace años que cifré mi fe en el sacrificio, la belleza y la verdad. La vida dominante en el siglo XXI es un simulacro telemático compuesto por palabras que no se encarnan. Yo no quiero, no puedo permitirme formar parte de ese cinismo contemporáneo que se limita a pronunciar palabras cuyo significado desconoce: la política actual es quizá el mayor ejemplo, un espejo de la sociedad en la que nos hemos convertido. En lo que a mí respecta, de lo que no me pertenece no hablo, pero con las heridas que arrastro puedo reconstruir algo que mitigue el sufrimiento de otro ser humano, y eso es lo único que me importa: que el arte y la literatura se pongan al servicio de la vida, nunca al revés, que es lo que ha sepultado la cultura. Sobre el dolor tras convivir con Pasolini preferiría no hablar nunca.

¿El tiempo ha dado la razón a Pasolini?

Terrible y trágicamente.

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