Marruecos. ni tragedia ni vodevil

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Los incidentes de la frontera con Marruecos, ¿cómo no?, han polarizado a los españoles. La impresión de que nuestro gobierno ha sido un poco calzonazos está bastante extendida. No habría, con todo, que magnificar ad infinitum, lo ocurrido.

 

 

El gobierno y el ministro Moratinos llevan razón cuando dicen que no hay que dramatizar, que las relaciones con Marruecos, en su globalidad, son muy importantes, que la estabilidad del país vecino nos es vital, etcetera, etcétera, etcétera. Pero, al mismo tiempo, el gobierno nos toma por tontos al minimizar totalmente el incidente y, por supuesto, se apresuran a añadir, la culpa de todo la tiene, en buena medida, el PP. Da un poco de risa.

 

 

Estamos de acuerdo en que convertir en una tragedia nacional los incordios, aunque sean serios, creados por unos activistas marroquíes, ¿manipulados?, sería contraproducente. Ahora bien, salir por el registro de que aquí no ha ocurrido nada, como nos insinúa el titular de Exteriores, es seguir negando lo palpable, considerar que somos bobos o ciegos, como viene pasándole  a nuestro gobierno. Tanto en temas de enorme calado como el económico -“¿crisis?, ¿qué crisis?”-, como en otros de menor relevancia como lo acontecido ahora en el borde melillense. Recién regresado de un viaje uno leía en la prensa de mi tierra, en La Voz de Almería, un llamativo titular en primera, “Almería ya envía suministros a Melilla por el bloqueo fronterizo”, mientras simultáneamente oía a nuestros dirigentes que aquí no pasaba nada. ¿Estaría La Voz de Almería insidiosamente al servicio del PP?. No es creíble. Me recuerda mi período de estancia en Los Ángeles, la prensa mundial llamando a zafarrancho por la crisis económica, advirtiendo que España se vería seriamente afectada, y paralelamente la sonrisa inefable de nuestro presidente indicando que todo eran exageraciones, que España estaba sana.

 

 

No caigamos ahora en exageraciones ni alarmismos truculentos. Pero no pensemos que lo ocurrido es un inocente vodevil. (El único vodevil es el interpretado con destreza por la ministra de la Igualdad guardando un clamoroso silencio mientras unas policías españolas eran befadas y humilladas por unos gamberros islámicos). Algo sí ha pasado:

 

a) Un puñadito de marroquíes, probablemente instigados por un par que tiene resentimientos laborales o de algún tipo contra Melilla, ha campado por sus respetos en una zona en la que no deberían estar incitando a nada.

 

b) Se ha impedido el paso normal de mercancías culminando con algo, aunque temporal, lesivo contra nuestros intereses, un bloqueo.

 

c) Se ha humillado reiteradamente a funcionarias de nuestro cuerpo policial que sólo cumplían con su deber y que su único “pecado”, agárrate, era el de ser mujeres.

 

d) Culminándolo todo, es a todas luces evidente que aunque los incidentes tuvieran el menor signo de espontaneidad no habrían podido continuar más de unas horas si Rabat hubiera querido pararlos. Que el gobierno marroquí, a pesar de las reiteradas deferencias mostradas por el nuestro, quiera apretarnos las tuercas aún más en el tema del Sáhara buscando que el giro de 130 grados que ha dado Zapatero con respecto a nuestra política tradicional en esa cuestión sea ya total, se convierta en 180, es una especulación, sólo una especulación, a tener en cuenta.  

 

Aunque como diplomático estoy entre los que comulgan con que no hay que estar en absoluto rasgándose las vestiduras durante un mes pienso que el proclamar que aquí no ha pasado NADA es hacer el avestruz. Y, desde luego, no veo en esto la mano aviesa del PP o de Aznar. Los incidentes no los crearon ellos y el ex presidente no tiene que pedir permiso a nadie para ir a una ciudad española donde se hace mofa de unas policías sin que se vean mayormente asistidas. Lo que acontece es que nuestro gobierno, al menor atisbo de crisis, sea correcta o desproporcionada la reacción del partido de la oposición, ha encontrado el demagógico recurso de culpar a ésta de lo que está pasando. Lo malo es que muchos seguidores socialistas están inmediatamente dispuestos a creerlo incluso en ocasiones en que la participación del PP, no ya en la génesis sino en el desarrollo de los hechos, es prácticamente nula.

 

Inocencio F. Arias es un veterano diplomático y frecuente colaborador en los medios de información. Ha tenido cargos destacados con diferentes gobiernos: embajador en la ONU con el PP, Secretario de Estado y Subsecretario con el Gobierno anterior del PSOE y Portavoz del Ministerio de Exteriores con tres distintos ejecutivos de la democracia; UCD, PSOE y PP. En la ONU presidió el Comite Mundial contra el Terrorismo y la Asociación de Embajadores. Ha sido profesor en la Universidad Complutense y en la Carlos III de Madrid. En su única escapada a la empresa privada fue Director General del Real Madrid. Ha escrito libros: Confesiones de un Diplomático (Planeta) y Tres Mitos del Real Madrid(Plaza-Janes) y en colaboración con Eva Celada La Trastienda de la diplomacia (Plaza-Janes). A mediados de 2012 publicó también en Plaza y Janés Los Presidentes y la diplomacia. Me acosté con Suárez y me desperté con Zapatero que actualmente está en su tercera edición.