“Me ha sorprendido la falta de donaciones para Mozambique”

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Cecilia Sánchez lleva tres semanas en Beira, en Mozambique. Llegó para coordinar al equipo de UNICEF en la zona, a pocas semanas del paso del huracán Idai, que dejó más de 1000 muertos y más de dos millones de personas que necesitan ayuda humanitaria. 

 

La fase inicial de emergencia había pasado, pero comenzaba otra igual de importante y que recibe mucha menos atención de los medios internacionales: cómo ayudar a los supervivientes a rehacer sus vidas.

 

En Mozambique, al menos 73.300 personas tuvieron que desplazarse porque perdieron sus hogares. “Cuando llegué, la gente estaba en los centros temporales y se habían establecido unos servicios básicos”, relata.  En la ciudad, aún se veían tejados arrancados y en algunos pueblos “la marca del agua llegaba hasta casi el techo”.

 

Empezar de cero

Una vez finalizados los rescates y cubiertas las necesidades más básicas, ahora hay que trasladar a la gente que no puede volver a sus hogares a las llamadas zonas de reasentamiento. Unas 21.000 personas siguen en albergues.

 

“El Gobierno les proporciona un trozo de tierra y, o una tienda de campaña familiar, o materiales de construcción y herramientas”, cuenta Sánchez, que asegura que “impresiona” ir a esos centros de reasentamiento. “Algunos están en zonas muy aisladas, donde no había nada, solo vegetación y lo que están haciendo es aplanarlo para poder reasentar a la gente. Impresiona ver que tienen que empezar de cero”.

 

El mayor reto es trabajar con rapidez para que los nuevos barrios tengan las condiciones mínimas para acoger a los habitantes lo antes posible. Por el momento, 1256 familias ha sido reasentadas.  “Hay que asegurarse de que son consultados, de que saben dónde van a ir y quieren ir. Y de que cuando lleguen estén las condiciones mínimas: agua, letrinas, al menos una tienda escuela”, explica.
Pocos fondos

 

“La gente quiere ir a los nuevos barrios y volver a pescar o a labrar la huerta. El reto es que son muchas familias y los recursos son limitados”, añade.

 

La experta de UNICEF asegura que la financiación para esta emergencia “ha sido muy muy muy baja”. El llamamiento que ha hecho la Oficina de Coordinación Humanitaria ha logrado menos de un 30% de los fondos requeridos. “Nos ha sorprendido a todos porque un desastre natural en una zona que no es de conflicto suele haber una respuesta de los donantes bastante fuerte”, señala. “UNICEF suele tener bastantes recursos y en este caso nos está costando. Hemos puesto fondos propios que luego tienen que ser devueltos para tener siempre unos ahorros disponibles para la siguiente emergencia”.

 

El hecho de que en menos de un mes y medio hubiera otro ciclón en la zona norte del país, obligó a mandar recursos que estaban en la provincia de Sofala para repartir con la de Cabo del Norte.

 

Construyendo nuevos barrios

El equipo de educación de UNICEF fue a visitar una zona de reasentamiento donde la escuela estaba a siete kilómetros. “Hay que cruzar una carretera principal por la que pasan muchos camiones. Los niños pequeños no pueden hacer ese recorrido. Coordinamos con la dirección provincial de educación para que esos niños, aunque sea en tiendas escuela, puedan seguir con su educación y no pierdan clases”, explica.

 

Retomar rutinas es fundamental. “Es importante que puedan recuperar la sensación de normalidad que se pierde después de un hecho tan traumático”, dice la especialista de UNICEF, que asegura que no deja de impresionarle la “resistencia” de los niños. “Están saltando, jugando, riendo. Cuando llega alguien extranjero, te persiguen, te tocan, te quieren hacer gracia, a pesar del drama. Muchos de estos niños han estado en el tejado de sus casas y los han rescatado en helicóptero. Te impresiona ver la capacidad de recuperación que tienen, pero hay que ayudarles”, puntualiza.

 

El Fondo para la Infancia instala lo que llama “centros amigables”, unas tiendas para que los niños jueguen y hagan actividades. Suele haber personal entrenado para dar apoyo psicosocial, porque algunos tienen miedo de que vuelva el agua, o no duermen bien.

 

UNICEF se encarga de liderar a todas las organizaciones que trabajan en agua y saneamiento y de coordinar con el Gobierno.

 

En Mozambique, han logrado que un 99% de la población afectada tenga acceso a agua potable. “La entidad provincial del agua ha sido capaz de restablecer el sistema de agua en la ciudad de Beira en muy poco tiempo. Llevaron agua al principio con camiones y cisternas y luego se ha comenzado a construir tuberías e instalar grifos”, explica.

 

Recuperar el suministro era vital para evitar una epidemia de cólera, una enfermedad endémica en la zona. Se ha producido un brote con 6743 casos, pero “se ha controlado con bastante rapidez y eficacia”.

 

Las organizaciones pusieron en marcha equipos móviles de salud que, en cuanto detectaban un caso, iban a dar mensajes de higiene y prevención y repartían botellas de cloro para el agua de la casa.

 

La dirección provincial de salud informó de que la semana pasada no hubo nuevos casos, pero tienen que encadenarse tres seguidas sin contagios para poder declarar el fin de la epidemia.

 

Crisis olvidada

Cecilia Sánchez se quedará dos semanas más en Mozambique antes de regresar a su trabajo habitual en Nueva York. Otro compañero de UNICEF la sustituirá coordinando en el terreno. “En UNICEF nos vamos a quedar para hacer la transición de la emergencia al desarrollo, pero las organizaciones puramente de emergencia ya se están yendo. Hay muchas emergencias en el mundo y es difícil mantener los recursos y la atención del público”, explica.

 

En la zona ya hay pocos periodistas internacionales, aunque todavía se producen algunas visitas de alto nivel. La reina de España estuvo hace dos semas. La cantante mozambiqueña Neyma, que es embajadora de buena voluntad de UNICEF, también visitó los proyectos. “Estamos viendo la posibilidad de traer a embajadores internacionales para dar más visibilidad porque las necesidades son muy grandes en este momento. Los barrios necesitan todavía muchos servicios que no están listos”, dice Cecilia.

 

El Gobierno calculó hace una semana que 15.000 familias necesitan un nuevo hogar en la zona de Beira. A esas personas hay que añadir las que han vuelto a sus lugares de origen o nunca se tuvieron que ir, pero necesitan ayuda, porque perdieron la huerta o la escuela.

 

En los barrios recién creados cerca de zonas urbanas, los nuevos vecinos van a incrementar el número de usuarios de los servicios públicos. “Van a ir al mismo hospital que la gente que lleva allí toda la vida”, explica. “El que lo ha perdido todo es prioritario, pero la gente que va a recibir a los nuevos vecinos también tiene muchas necesidades”.

 

Sánchez dice que los mozambiqueños tienen “buena disposición” y son solidarios. “Pero si los recursos son limitados y no se amplían es fuente de conflicto aquí y en cualquier lugar del mundo”.

 

Asegura que la mayoría de la gente con la que habla tiene buen ánimo y dicen que van a luchar para salir adelante. “Es admirable porque, aunque estén acostumbrados a unas condiciones duras, esto ha sido un golpe muy fuerte”.

 

Hace unos días, fue a visitar un barrio donde ya hay 200 familias reasentadas y van a recibir otras 100. Hablaron con los responsables de ese barrio, un hombre y una mujer de dos comunidades distintas.

 

“Daba gusto escucharlos, te decían ‘ahora somos como familias, vecinos, aunque vengamos de lugares diferentes vamos a convivir’. Era un campo vacío hasta hace unas semanas y ahora instalando tiendas y letrinas”.

 

Algunos mozambiqueños han vuelto a su “machamba”, las huertas donde cultivan, en zonas más cercanas al agua y más fértiles, pero no quieren volver a vivir allí por miedo a que vuelva a llegar el agua.

 

Producción: Beatriz Barral

 

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