¡Me quito el cráneo!

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Ha habido todo un carril bus a debate en el Congreso, con Artur a la fuga por la Gran Vía Catalana, que no es una calle sino una fiesta patronal llena de banderas.

 

Ha habido todo un carril bus a debate en el Congreso, con Artur a la fuga por la Gran Vía Catalana, que no es una calle sino una fiesta patronal llena de banderas. Uno puede estacionar el coche en medio de la rúe para sacar dinero de la patria pero no del cajero. Según Soraya Rodríguez, Esperanza Aguirre está acabada por esto último, en una intervención que parece sacada de una perorata de Robin Williams en ‘El Rey Pescador’, y más ateniéndose a su permanente cara de susto, como si la persiguiese el caballero fantástico medieval cuyo caballo lanza fuego. A propósito del medievo, Homs como buen secretario (sin cofia) ladino y maquiavélico, disculpa el duelo con la propia ironía de chulito de su señor hablando de hidalgos, antes de asistir a la comedia en el palco. A este incidente no han acudido sólo seis agentes de movilidad sino el parlamento al completo con honores de Estado para tres embajadores. Era tal la pompa que uno creía que iban a sonar trompetas a la entrada de Turull y compañía, pero quizá hubiera sido demasiado sangrante. A Ibarretxe le abrieron las puertas de la Carrera de San Jerónimo como si ya estuviese muerto, que lo estaba, aunque no se hubiera aún cumplido el tiempo reglamentario. Mas no ha querido que le hicieran ese pasillo de vestuario (para que todavía no se certifique la defunción) y, en realidad, después de toda una tarde echada en la Cámara (quienes la hayan echado), uno se pregunta, como mucho, por los gastos, la luz y esas cosas, y sobre quién los paga, por ejemplo. Todo lo que se ha dicho ya se ha oído a diario los últimos años, como si España fuera la cabaña de Paco y Régula donde resuenan los quejidos de la niña chica, pero con el pueblo en el papel de Los Santos Inocentes, así que lo que ha habido es un resumen como el de los partidos de fútbol, con las mejores jugadas de un encuentro intrascendente cuyo resultado ya estaba al inicio en el marcador. Tanto se ha escuchado “negociar” que se sospecha: negocio, negociar, negociación… ¿políticos o mercaderes?, charlatanes casi seguro; el negocio como si fuera la pelota del enfrentamiento y allí hubiesen jugado una pachanga para aprovechar el alquiler del pabellón. La sexagenaria está acabada y en su casa, y Artur Mas (a quien uno le mandaría al Azarías para consolarle) dice que está empezando (como si no entendiera el español) plantado en medio del carril bus mientras sus nuncios se tiran de los pelos a cuenta del inmovilismo. Dice Max Estrella que España es una deformación grotesca de la civilización europea, ¡el Esperpento! Así que vengan ahora mismo a aclarar todo esto los agentes de movilidad.