Medicina integrativa que sobrecrece

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Tristeza y cabreo a partes iguales es lo que siento al ver ciertos usos "cultos" del idioma (es decir, que vienen de personas o entidades que tienen la obligación de conocerlo y preservarlo). Yo añadiría también la obligación de huir de la pedantería.

 

Tristeza y cabreo a partes iguales es lo que siento al ver ciertos usos “cultos” del idioma (es decir, que vienen de personas o entidades que tienen la obligación de conocerlo y preservarlo). Yo añadiría también la obligación de huir de la pedantería.

Ahora veo una avalancha de palabras como “colaborativo” e “integrativo”. Lo presiento, se están poniendo de moda.

 

¿Para qué sirven estos palabros? El otro día una colega sostenía que “colaborativo” no significaba lo mismo que “colaborador”, “cooperador” o “cooperativo”, y que por lo tanto había que aceptarlo y traducirlo bien (a partir de su eminente papá inglés collaborative). Yo no sé qué matiz léxico nos aporta, creo que es puro mimetismo: servilismo lingüístico, pero al tiempo.

 

Hoy he visto una gran página de publicidad en El País que dice: Medicina integrativa, la medicina del futuro. ¿No les basta con “integral”, “integradora”, para expresar  que considera al paciente como un todo (holístico creo que se dice también)? Creo que no. Creo que veremos extenderse esta plaga con la misma furia entusiasta e ignorante que arrasó con la película pronunciada Gladiéitor, con Maráia Carey o con el Aladdin, que mató al Aladino de Las Mil y una Noches.

 

Y no quiero olvidarme de otro infausto palabro: de profesión, coach. Cuando los estadounidenses se inventaron la profesión, echaron mano del concepto deportivo del entrenador con toda naturalidad. Lo normal. Pero nosotros no podemos hacer algo tan sencillo: trasponerlo como entrenador o, si suena mejor, como preparador, consejero… Y no contentos con eso, ni siquiera lo decimos en inglés correcto, pues la profesión no sería coach, sino coacher.

 

En la misma página  de la medicina integrativa hay un ejemplo de servilismo que daña la vista. Explica que la Candida albicans es una “posible causa de la disbiosis intestinal”, y añade: “El sobrecreciendo de Candida…”. Naturalmente, detrás hay un overgrowing como una catedral. Seguro que es un texto traducido del inglés y que en el original decía “the Candida overgrowing…”, lo que significa proliferación, sobrecrecimiento, exceso de… cualquiera vale. Lo que no vale es una frase disparatada, con una palabra que no existe y que delata una mala traducción servil.

Soy coruñesa con algo de portuguesa, recriada en Madrid. Como tengo tendencia a la dispersión, estudié Ciencias Políticas. Aparte de varios oficios de supervivencia, he sido socióloga, traductora, documentalista y, finalmente, editora y redactora en El País durante veinte años. En mi primer colegio de monjas tuve la suerte de aprender bien latín. Pasar de las monjas al instituto público Beatriz Galindo de Madrid, donde enseñaban Gerardo Diego, Manuel de Terán, Luis Gil…, fue definitivo para cambiar de fase. Creo que si falla el lenguaje, falla el pensamiento y falla la razón.