Medir el pulso teatral

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Os pido que si tenéis amigos extranjeros que vengan a Madrid y quieran medir ese pulso en el CDN, mientras esta situación dure, les recomendéis que acudan al sótano y la buhardilla.

 

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Este mes de febrero de 2016, en las salas pequeñas del CDN (Centro Dramático Nacional), terminan sendos montajes escritos por dramaturgas españolas, que no proceden de nada preexistente; al menos que sepamos en El gallinero. Se trata de Cocina, de María Fernández Ache, producción del CDN, y de Verano en diciembre, de Carolina África, producción de La Belloch Teatro. La primera de las autoras debe estar en torno a los 40 años. La segunda tiene alguno menos. Durante diciembre y enero, se ha podido ver en las salas grandes del CDN sendas adaptaciones de novelas del siglo XIX (Insolación de Emilia Pardo Bazán y Los hermanos Karamazov de Dostoievski), realizadas por autores españoles, con unos años más que las anteriores. Pero a los autores contemporáneos que escriben sobre la realidad que les circunda, el CDN los ha alojado en unos recónditos parajes de sus instalaciones: el sótano (del María Guerrero) y la buhardilla (del Valle Inclán). Anteriormente, en el sótano se vio La piedra oscura, de Alberto conejero, autor español en la treintena, y Rapsodia para un hombre alto, dentro de Escritos en escena, de Félix Estaire, otro español quizá de casi 40. Ambas obras no estaban basadas en novelas del siglo XIX. En la buhardilla, a principios de esta temporada, pudimos ver Reikiavik, de una productora externa, escrita y dirigida por Juan Mayorga, que anteriormente sí había realizado muchas versiones estrenadas en las salas grandes del CDN, e incluso algunas de sus obras (no adaptaciones): Himmelweg, La paz perpetua o El arte de la entrevista. Tras Reikiavik, en la buhardilla vimos Nora, 1959, de Lucía Miranda, dramaturga y directora española quizá ya casi en los 40, y también vimos Páncreas, de una productora externa, y del autor Patxo Tellería, cuya edad desconozco.

 

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En 2 semanas veremos en la sala grande del María Guerrero … y la casa crecía, escrita y dirigida por Jesús Campos, que le dobla la edad a alguno de los que estrenan en el sótano o en la buhardilla. No sabemos si se trata de una obra recién escrita, o de una obra que guardaba su autor en un cajón desde hace varias décadas, es decir, no sabemos si se trata de dramaturgia española contemporánea o no… Pero lo descubriremos.  Cuando este montaje termine podremos ver La rosa tatuada, de Tennessee Williams (1951). Cuando finalice Galileo, de Brecht (1939), en el Valle Inclán, veremos Así que pasen cinco años, de Lorca (1931), por la compañía Atalaya. 

 

En años anteriores en las salas grandes del CDN vimos otra novela del siglo XIX, Doña Perfecta, programada 2 temporadas, La loba (1939) de la estadounidense Lilian Hellman, Fausto de Goethe (1806), Rinoceronte (1959) de Ionesco y Hedda Gabler (1891) de Ibsen.

 

Y volviendo a la dramaturgia contemporánea, en abril veremos en la buhardilla Aquiles y Pentesilea, de Lourdes Ortiz, que andará por los 70. Y en el sótano, Los dramáticos orígenes de las galaxias espirales, de la uruguaya Denise Despeyroux (que desarrolla su trabajo artístico en Madrid) y la reposición de Adentro, de la argentina Carolina Román (que también trabaja en Madrid desde hace años). Y más tarde, también en el sótano, veremos otro Escritos en escena, el de Lucía Carballal, Los temporales. Las 4 son autoras españolas o latinoamericanas que trabajan en España.

 

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Resumiendo: de este análisis inferimos que el CDN, dependiente del Ministerio de Cultura, da la oportunidad a los dramaturgos contemporáneos españoles de estrenar, es decir, de desarrollar su trabajo, equivocándose y aprendiendo en la confrontación de sus textos con el público de los sótanos y las buhardillas. Y da la oportunidad a los autores (extranjeros o patrios) fallecidos o a los novelistas del siglo XIX de desarrollar su trabajo, equivocándose y aprendiendo en la confrontación de sus textos con el público de las salas grandes de sus dos teatros. (Las 2 «excepciones» serían la obra de Jesús Campos ya comentada, y la adaptación de José Ramón Fernández de las novelas de Max Aub, para el montaje El laberinto mágico que llegará a final de temporada.)

 

Igual que cuando los teatreros vamos a teatros nacionales en países extranjeros porque pensamos que es donde se mide el pulso teatral de la nación que visitamos, los extranjeros que vengan aquí y se les ocurra entrar a las salas grandes de nuestros teatros del CDN pueden medir el pulso teatral a autores fallecidos o novelistas del siglo XIX. Eso si tras ver el montaje no se arrepienten incluso de haber venido a España. Por ello os pido que si tenéis amigos extranjeros que vengan a Madrid y quieran medir ese pulso en el CDN, mientras esta situación dure, les recomendéis que acudan al sótano y la buhardilla.

 

@nico_guau

 

(Pedimos perdón por el imperdonable atrevimiento de desvelar algunas edades de nuestros autores y autoras, y de los posibles errores de medición de las mismas.)

El Gallinero es la bitácora de un grupo de dramaturgos que interpretan el papel de un periodista. Un espacio donde se informa del teatro que no acostumbra a salir en los medios de comunicación, de los recovecos que componen la vida teatral de Madrid y los espectáculos/ espacios/ creadores/ gestores menos conocidos.   En El Gallinero escribe nico guau, y en una época escribieron muchas más gallinas: Antonio García, El Trapo, Folguera, la señora del fondo, Manuel Rodríguez, Muflón Silvestre, Pelma y gris, Turuleta, Vera Yobardé... Si queréis contactar con nosotros, podéis hacerlo en elgallinerofronterad @ gmail.com, quitándo lo espacios alrededor de la @.