Melancholia

0
227

 

Lo más extraño de la última película de Lars von Trier es su aparente inutilidad. Perdonen si parezco insensible. Es posible que se me haya escapado algo, algo importante. Tal y como yo la veo, la película tiene dos partes: una es un corto publicitario (la protagonista es directora de anuncios publicitarios, por lo que uno podría sospechar que es una obra suya, pero no lo es, porque las imágenes que aparecen en el corto se corresponden con las que vivirá ella más tarde) un corto publicitario, digo, que es una ilustración cinematográfica bellísima a la música más bella jamás escrita, es decir, al preludio de Tristán e Isolda de Wagner. Este fragmento de imágenes es intensamente “artístico” y “estético” y va en contra de todos los dogmas firmados en el pasado por Lars von Trier. Lo cual, por supuesto, a mí me da exactamente igual, porque a mí no me gustan los dogmas, ni firmar dogmas, ni exigir que se cumplan dogmas.

 

Lo que sigue son dos películas, una coral que trata de la boda de una chica en una gran mansión y otra intimista que trata de la vida de la chica, que tiene una depresión tremenda después de la boda fallida, con su hermana, su cuñado y su sobrino dentro de la enorme, preciosa mansión, mientras todos contemplan un gran planeta azul que se acerca a la tierra.

 

Si el corto inicial es bellísimo, la película que sigue es irregular y, yo diría, incluso mala. Especialmente la película de la boda, en la que un montón de personajes desagradables, antipáticos, neuróticos, estúpidos, exhibicionistas, manipuladores, egocéntricos, ruidosos, vulgares y maleducados parecen competir por molestar al espectador lo más posible. Las reacciones de los personajes son tan artificiales y absurdas que sólo se explican si pensamos que esas personas que vemos en la pantalla son, en realidad, actores, que hacen lo que dice el guión y lo que el director les pide que hagan, por lo cual son pagados. 

 

El problema de la segunda película, la intimista, es, como decía, su inutilidad. ¿Qué historia pretende contarnos Lars von Trier? Un planeta se acerca a la tierra, choca con ella y la destruye. Yo no creo que esto sea realmente una historia.  Supongamos que en vez del planeta Melancolía, hacemos que la familia que vive en la casa coma unas setas en mal estado y mueran todos. La historia sería igual de absurda y sin sentido.

 

El colmo del colmillo son esos documentales del segundo disco (sí, ¡hasta me he comprado el DVD! ¡no hay derecho!) en los que se nos asegura que todo lo que se ve en la película, por ejemplo, la posición de las estrellas en el cielo, es totalmente real.  Lars von Trier debe estar de coña. ¿Por qué se preocupa de que las estrellas del cielo sean reales y no se preocupa de que sean reales los problemas y el carácter de sus personajes?

 

Me quedo con la secuencia inicial, con las imágenes en cámara lentísima. A pesar de que tampoco consiga comprender qué diablos pinta la música de Tristan en la historia totalmente real de un planeta llamado Melancolía que destruye otro llamado la Tierra.

Print Friendly, PDF & Email
Artículo anteriorDiarios de la guerra bosnia. Primer cuaderno
Artículo siguienteEl pecado original de un parque
Andrés Ibáñez
Madrid, 1961. Escritor. Estudió Filología Española en la Universidad Autónoma de Madrid y piano en el conservatorio. Fue pianista de jazz y profesor de español. Vivió en Nueva York durante unos cuantos años y en la actualidad reside en Madrid con su mujer y sus dos hijos. Es autor de las novelas La música del mundo, El mundo en la Era de Varick, La sombra del pajaro lira, El parque prohibido y Memorias de un hombre de madera y del libro de cuentos El perfume del cardamomo. Ganó el premio Bartolomé March por su labor como crítico literario. Ha sido además crítico de música clásica del diario ABC, en cuyo suplemento cultural escribe desde hace varios años su columna Comunicados de la tortuga celeste. Su ópera Dulcinea se estrenó en el Teatro Real en 2006. Acaba de terminar una novela titulada La lluvia de los inocentes.