Messi destapa las miserias del periodismo

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«A base de cesiones un periódico se puede quedar calvo»

Pedro Sorela, El sol como disfraz

 

 

Primero fue Luis Faci. A continuación, Enric González, sobre todo porque el periódico en el que trabaja, El Mundo, fue la única o una de las pocas excepciones a la regla. Seguro que hubo más. Nos referimos a los periodistas que se atrevieron a contrastar las portadas de los periódicos de este jueves con las de dos años antes, es decir, las que anunciaban que la fiscalía investiga a Messi por fraude fiscal con las que omitieron una noticia similar pero que tenía a Emilio Botín y a su familia como protagonistas. Para engordar la estupefacción de los lectores, hay que recordar que los de Messi son cuatro millones. Los de Botín, 200.

 

La primera conclusión que extraemos de esto es que Botín manda mucho. Eso todo el mundo lo sabe. Dice Enric González que ese enorme poder que ha acumulado la banca es culpa de los políticos. Y eso es así. La progresiva reducción del tamaño de los Estados y de los Gobiernos ha dejado todo el poder a las finanzas. Aunque me pregunto si cabe otra actitud por parte de los gobernantes una vez embarcados en esta espiral en la que algunos hitos fundamentales son la desaparición de las entidades bancarias públicas y las necesidades crecientes de financiación por parte de los Estados. En definitiva: ¿Quién compra la mayor parte de la deuda que emite el Tesoro en las subastas que hay prácticamente todas las semanas? ¡¡Son los bancos!! ¡¡Son ellos, además, los que marcan los precios a los que la adquieren!! ¡¡Cómo no se va a gobernar a su favor!!

 

 

No echemos la culpa sólo al Gobierno

 

Pero la culpa de lo que pasa en los medios de comunicación no es del Gobierno. O no sólo. Es culpa nuestra, de los periodistas. Nos hemos acobardado. Nos habíamos resignado a dedicarnos a rellenar los huecos que nos dejaban los anuncios publicitarios. Parecía un trabajo digno, porque esos espacios entre anuncios estaban dentro de nuestra jurisdicción, eran nuestro corralito. Pero la publicidad cada vez contamina más nuestros textos. No es nuevo. La crisis lo ha acentuado. Los departamentos comerciales son ahora más voraces que nunca. Los periodistas nos hemos convertido en mercancía en sus manos. Comercian con páginas, campañas y anuncios, y ahora nosotros entramos en el lote. Y somos sumisos porque tenemos miedo. No vaya a ser que nos pase como a Enric González. Con la diferencia de que no somos Enric González. No ofrecemos resistencia porque creemos que no hay otro modo de hacer las cosas. O al menos no ahora. Es demasiado peligroso. Incluso nos sometemos a la censura previa. Creemos que el objetivo es sobrevivir y, luego, cuando las cosas mejoren, recuperaremos las esencias del periodismo, las que nos enseñaban en la Facultad y las que vemos en The Newsroom. Los americanos, durante el mandato de Bush Jr., tenían que consolarse con ver al presidente Bartlet de El Ala Oeste en televisión. Los periodistas, cuando pasan cosas como la de los últimos días, soñamos con The Newsroom. ¡Por algo esta serie ha nacido justo ahora! Aunque algunos, como Ramón Lobo, tienen la fortuna de tener sueños propios.

 

Pero parece que todos aquellos a los que admiramos pertenecen a una raza de periodistas en extinción. Como hace un par de semanas, enlazo a Giorgio Gaber: ésta es muy mala señal.

 

 

¡Resistir es vencer!

 

Nuestra filosofía no debería ser la supervivencia, sino la resistencia. ¡Resistir es vencer! Hay que arriesgar. Y rebelarse. Cada uno de nosotros. Un poco. Sólo un poco. Un medio de comunicación debe estar en debate constante; debe existir una relación dialéctica, de conflicto, incluso, entre la redacción, la dirección y la empresa. Ejemplo práctico: The Newsroom otra vez.

 

¿Alguien planteó hace dos años sacar en portada a Botín por la investigación fiscal a la que estaba siendo sometido? ¿Algún director de periódico tuvo la tentación de enfrentarse a los ejecutivos de su compañía sacando a toda página la noticia en la portada de su periódico?

 

Hay que cuidar a los acreedores, hay que mimar a los anunciantes… ¿Así sobreviviremos? Si los Estados para poder pagar sus deudas, más que cumplir con los deseos de aquellos a los que deben el dinero a base de recortes, tienen que preocuparse por crecer, los medios de comunicación, para continuar viviendo, deben hacer bien su trabajo. Y su trabajo es informar, escribir buenas historias, para lo que sólo hacen falta suficientes periodistas bien pagados que puedan ejercer su profesión en libertad y no plantillas diezmadas y obedientes con sueldos como los que propone Linde, el del Banco de España. Lo demás vendrá solo. Como esta semana comentaba Cristina Jiménez Orgaz, que pronto esperemos estrene su blog en Fronterad, hay muchos casos de éxito: Dow Jones o Der Spiegel. Pero también The Economist, Financial Times… O The New York Times: ¡Qué campaña de promoción la suya apoyada en el talento de sus profesionales!

 

Para quien quiera seguir soñando con que es posible hacer buen periodismo y triunfar, que lea El sol como disfraz, de Pedro Sorela.