Miguel B. Núñez “Estoy convencido de la inmortalidad del heavy”

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Pertenece a la generación X, una generación marcada por la MTV, el rock, con mayor libertad que sus padres y muchas ganas de subversión, contracultura y underground, pero con muchos desencantos sufridos. Miguel B. Núñez (Madrid, 1970) lleva más de 30 años dibujando. Pero también dos décadas tocando en diferentes bandas y proyectos ubicados en el underground más sustancioso: nombres como Humbert Humbert, Hominidae, Cuerpos, Rancho Escondido, entre otros o actualmente con la banda de rock instrumental Autouniverso.

Sus cómics tienen mucha frescura y un lado mundano que conecta con los lectores. Habla de temas universales como la música rock, el heavy, la amistad, salir con alguien, etcétera. En 666 aparece el mundo de las sectas y el satanismo, esto último vinculado con cierto tipo de heavy, temáticas que dan mucho juego para desarrollar un peso argumental brutal para una historia gráfica de terror.

Núñez reconoce que nunca se le ha dado muy bien pertenecer a nada. “Menos aún a algo tan cerrado y comunitario como una secta. Incluso en la época de las tribus urbanas yo era un híbrido. Pero, aunque me río un poco de la secta de 666, porque me resultan algo ridículos, podría esforzarme un poco para entender las motivaciones que siente alguien que se mete en un culto. Otra cosa es que asesinen personas, ¡claro!”. Le hablé de las sensaciones que me produjo la serie documental Wild Wild Country y él me habla del “documental de Penny Lane, llamado Hail Satan? sobre el Templo Satánico de Salem. Al final resulta ser un sitio bastante adorable al que pertenecer. Quizá me apunte algún día” confiesa.

 

¿Heavy 1986 es de esos cómics que sin ser del todo confesionales te definen?

Sí, define una parte importante de mi adolescencia. Y una manera de ver las cosas que, en parte, aún se mantiene intacta en mí. Para bien y para mal. A veces me siento como Suso, el protagonista. Aunque creo que la forma de estar perdido en la adolescencia es única e irrepetible, pero me temo que sigo siendo igual de ingenuo la mayor parte del tiempo.

 

La idea de hacer un spin-off como 666 ¿surge para adentrarte o explorar otros terrenos?

Mi intención era entretenerme y conseguir entretener a quién lo leyera. El mismo objetivo que tenían aquellas películas sangrientas con las que crecí. No es que no me entretenga haciendo algo más costumbrista, pero requiere otro ánimo. Me apetecía hacer algo menos emotivo. El terror era una temática que tenía abandonada por completo, y a la que nunca había dedicado el suficiente espacio en mis cómics, aunque sí tengo historietas sueltas que solían salir publicadas en fanzines.

 

666 incorpora el terror de una manera drástica pero con tu particular humor ¿Dónde querías poner más el énfasis?

Seguramente en el gore, pero también en el humor y en el propio homenaje al género. El Venom es un personaje que cayó bien al público de Heavy 1986. Aunque tenía detrás sus problemas de alcoholismo y movidas de curro, su forma de ser resultaba gamberra y tierna al mismo tiempo. Y luego estaba su afición al satanismo. Creo que casi me lo pedía el  personaje a gritos. Un poco de diversión fuera del barrio y de los trabajos de mierda. ¿Qué puede salir mal?


Viñeta de Heavy 1986.

¿El cómic y la música son para ti compartimentos estancos?

Recuerdo que, a principios de los 2000, cuando Paco Alcázar y yo andábamos con Humbert Humbert haciendo entrevistas, solían preguntarnos si éramos dibujantes que hacíamos música, o músicos que dibujaban. Creo que siempre contestábamos que ni lo uno ni lo otro. Hago cosas y, a veces, resulta que esas cosas son diferentes.

Empecé a dibujar tebeos antes que a hacer música, y puede que lo dejara un poco de lado cuando me puse en serio a tocar. Al fin y al cabo pasaba más tiempo fuera de casa, y nunca he sido un dibujante compulsivo. Tampoco lo soy como músico. De todas formas sí que me cuesta pensar en ambas cosas juntas aunque, como con todo, hago excepciones. En mi bandcamp como Rancho Escondido tengo subida lo que sería una especie de banda sonora para mi cómic Los Caballos, editado por Bang Ediciones.

 

¿Qué piensas de los disco libros?

No soy especialmente fan del concepto libro con disco, pero tampoco me disgusta. Undercómic editó nuestro fanzine Recto acompañado de nuestro primer disco como Humbert Humbert. No es que aquello tuviera un concepto que uniera ambas cosas. Simplemente iban juntas.

 

¿Qué manera sería ideal para combinar ambos campos?

Las listas que acompañan a Heavy 1986 y a 666 podrían ser algo parecido a un libro disco pero con playlists. Me gusta el libro de Crumb sobre artistas de blues, jazz y country que editó Nórdica, y que viene con un cd con una selección hecha por el propio Crumb.

También están los cómics sobre la vida de grupos o solistas, y los conciertos con dibujantes dibujando en directo mientras se proyectan en una pantalla sus dibujos. La portada de la maqueta de mi primer grupo serio, Tocadiscos Humano, era un mini cómic desplegable de la banda. Supongo que siempre se pueden unir ambas cosas y que quede algo resultón.

 

Yo nunca fui heavy, pero si tenía amigos del instituto que lo eran. Y me gustaba ese punto auténtico de los heavies, de disfrute musical, de vivirlo, de emocionarse…

¿Crees que el heavy nunca se ha ido del todo, que sigue ahí pero más oculto?

La cultura del heavy metal es algo enorme. Es alucinante, en serio. Nunca se ha ido, solo ha mutado, como todo. Sería absurdo que fuera el mismo ambiente que yo viví en los 80. Claro que hay seguidores que prefieren esa época, y todavía puedes ir a conciertos de Iron Maiden o Judas Priest, pero el metal es algo tremendamente amplio y en continuo movimiento. Es cierto que es bastante desconocido para quienes no están metidos en él, pero eso ocurre con otros géneros. Siempre nos hacemos una imagen distorsionada de lo que no conocemos en profundidad. Igual que hay gente que cree que todo el country suena como Dolly Parton. El heavy sigue sin sonar en emisoras comerciales ni sale en las playlists de lo mejor del año, aunque haya bandas que venden miles de discos y llenan estadios. De alguna manera la cultura heavy siempre ha sido tan masiva como underground, solo que, durante los años 80 los medios no especializados en el género le dedicaron más espacio y, cuando lo dejaron de hacer, fue como si hubiera dejado de existir, pero nunca fue así. De hecho, estoy convencido de su inmortalidad. En serio.

Viñeta de Heavy 1986.

 

¿Sigue siendo vigente ese heavy clásico español?

El heavy clásico aún tiene hueco, sí. Si no fuera así, bandas como Obús o Ñu lo habrían dejado y no existirían grupos actuales como Lujuria, que reivindican esa forma de ser y de hacer heavy metal.

 

Colaboraste en las revistas Heavy Rock y Trash Metal. ¿Qué tal fue la experiencia como periodista musical o crítico?

Colaboré como dibujante. Hacía logotipos y dibujos para distintas secciones de los primeros números de Thrash Metal. Luego algunos fueron publicados también en la Heavy Rock.

Sí que fui crítico de literatura en una publicación gratuita a principios de los 90, pero lo dejé enseguida. Me di cuenta de que me resultaba incómodo juzgar a gente que había conseguido lo que yo intentaba en ese momento, que era que alguien publicara mis primerizas novelas. No creo que yo valiera para crítico.

 

El punto satánico, o de culto, se ha vinculado a veces con cierto heavy.

¿Te produce risa o más bien te impone cierto respeto?

Con 16 años me producía respeto y fascinación. Pero entonces aún sonaba a algo realmente inquietante, y no solo para los adolescentes, en ese momento los adultos también se lo tomaban muy en serio.

Ahora mismo me parece algo bastante kitsch y disfrutón. Si me hubieran dicho en pleno 1986 que llegaría a ver ropa interior con pentagramas, me habría quedado loco. El satanismo de ahora es bastante más pop que entonces, cuando aún jugaba un papel importante en la subversión. Se trataba de ser incómodo como Venom o misterioso como King Diamond. Pero ninguna de estas bandas se lo tomaba en serio. Durante los 90 algunos músicos de black metal noruego sí que se lo tomaron demasiado a pecho, aunque más bien parece que era todo una excusa para hacer algo realmente chungo.

 

¿Al final todo se reduce a luchar contra la soledad?

El ser humano ha hecho de todo para no estar solo. Desde reunirse alrededor de una hoguera  hasta entrar en una secta. Incluso casarse. La otra opción es aceptar la soledad… ¡y ponerse buenos discos!

Los seres humanos nos imponemos reglas constantemente. Ya sea en un trabajo, en la escuela, en un grupo de música, en sociedad o en la intimidad de una pareja. Marcamos los límites para poder sentirnos seguros y, además, casi todo el mundo necesita ese sentido de pertenencia. Como decías, todo se trata de luchar contra la soledad, pero también contra el miedo que supone no estar muy seguro de por dónde pisas. A veces creo que tememos más a la incertidumbre que a la soledad. Pero igual es una neura mía.

 

¿Qué temáticas te gusta abordar en obras de cómic infantil?

Uno de mis temas infantiles favoritos resulta ser también uno de los adultos: personajes que no tienen mucho poder sobre las situaciones que les toca vivir. Puede que en parte sean también historias de superación personal, pero porque no les queda otra. A menudo veo que el material infantil que más abunda parece hacer mucho hincapié en la valentía personal, y me parece bien, pero me pregunto si no estaremos poniéndoles ejemplos un poco fantasiosos. No todo el mundo puede ser heroico. Yo no puedo, al menos. Quiero reflejar cómo me he sentido siempre en la vida. Mis personajes son impulsivos como yo, pero sin ningún tipo de espíritu  ganador.

 

Tu carrera ha cumplido ya más de dos décadas editando, aunque eso sin contar publicaciones en El Víbora y épocas anteriores.

¿Qué te queda por hacer?

¿Por dónde te gustaría investigar?

No sé por dónde tiraré. Recientemente he vuelto al blanco y negro y me lo estoy pasando pipa. Se trata de un cómic sobre Mr. Hyde, en el que la moral brilla por su ausencia.

Creo que mis siguientes cómics para adultos pueden ir por ahí. Sigue siendo un cómic con humor y, a menudo, pienso en hacer algo más serio. De todas formas creo que con humor se pueden contar muchas buenas cosas, aunque a veces se confunda humor con chistes.

Por otro lado he vuelto a escribir libros, sin dibujos, quiero decir. Ahora escribo tanto como lo hacía con veinte años. Tengo un libro sobre rock prácticamente acabado; otro sobre monstruos y asesinos que me impactaron; bastantes relatos y una novela en camino. No sé qué pasará con estos libros, a menudo me cuesta encontrar editorial para mis cómics, así que no quiero ni imaginar lo que puede pasar con este material.

 

+info en su blog http://miguelbn.blogspot.com/

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