Ministerios

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A mí me parecería estupendo que no hubiera ministerio de Cultura, igual que no hay ministerio de Sexo o ministerio de Felicidad. A las cosas buenas de la vida hay que dejarlas en paz. Los ministerios disponen, regulan, aplanan. Fagocitan el mundo y lo defecan en forma de instrucciones. Son muy recomendables para lo inevitable, es decir el trabajo, la justicia, la sanidad, la defensa, pero más vale mantenerlos alejados de lo que de verdad importa. Como los museos y Pescanova, los ministerios hacen inventario, dividen en porciones y congelan. Su principal actividad es hacer oficial la vida y trazar el límite entre lo bueno y lo malo. Esto es letal para la cultura, que sólo necesita que no le pongan trabas, que se le permita fluir a su aire en la calle y en internet, que se respete a quien la produce y gestiona, y se le deje hacer con ella lo que quiera. Oficializar la cultura es matarla. Yo, que soy contrario a las corridas de toros, me alegro mucho de que hayan pasado a ser competencia del Ministerio de Cultura. Ahora sí que está cerca su muerte. Por congelación.