Motivos del EZLN

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Yo oía hablar de Anna Gabriel y pensaba que era alguna it girl a la que no le había echado el ojo. En mi desconocimiento llegué a fantasear con que podría ser la hija de Peter Gabriel devenida en modelo o actriz, como las Geldof...

 

Yo oía hablar de Anna Gabriel y pensaba que era alguna it girl a la que no le había echado el ojo. En mi desconocimiento llegué a fantasear con que podría ser la hija de Peter Gabriel devenida en modelo o actriz, como las Geldof. Fíjese hasta donde ha llegado la CUP en el imaginario con sus escañitos. Luego no es que me llevara una decepción (la CUP ya ha trascendido de radical a molona, como Podemos y en ese plan), sí una sorpresilla al descubrir una abertzale de manual, al menos estético. Yo la vi el otro día hablando de aquello de los israelitas y los palestinos y me dio la impresión fugaz de que, en esencia, tampoco podría estar tan desencaminado en mi juicio ligero. Anna me dio un aire de Miss deseando la paz en el mundo con una desolación tan poco combativa que hasta me enternecí de puro alipori a pesar de que había cumplido punto por punto el decálogo para parecer una auténtica antisistema. Luego pensé en esos paseíllos que aparecen en los telediarios, esos desfiles entre los flashes cuando los políticos saludan a las cámaras con cara de “no tengo ensayada esta cara en absoluto”, y advertí en ella una coqueta, que en realidad es lo que se vuelven todos a poco que empiezan a catar el jamón de bellota. Acuérdense si no de Mas en el patio del Palacio de la Generalidad camino de sus dependencias. Eso eran aires de rey con una capa invisible de terciopelo que él sentía pesar y arrastrar por esos suelos medievales. A mí me parecía una mezcla entre Gloria Swanson y Gary Cooper recorriendo Hadleyville con la sonrisa del Joker, y así es como se ha quedado, a su imagen y semejanza, él y Cataluña. Anna (con doble “n”) debe de querer ser una it girl de camiseta sobre camiseta hasta que se dé a conocer más formal. La que llevaba hoy con motivos del EZLN casi lo certifica, que hay que ver que regalos nos entrega Catalunya. Con los últimos yo he formado una imaginaria banda de rock alternativo (ya saben, la estética) compuesta por Puigdemont (la tercera matrioska, degenerando, después de Pujol y Mas) al micrófono, Gabriel a los teclados, Junqueras al bajo y Romeva a la batería interpretando unos temas así como de Radiohead después del Ok Computer con acento puro de Girona, cuando algunos casi volvieron a decirle al guitarrista que tocaba el instrumento como el instrumento. Se lo pasarían bien en Cataluña con este grupo (se lo van a pasar) donde nada es lo que parece entre falsos radicales y falsos burgueses que no se sabe si entran o salen de sus armarios, como si anduviesen por esos parlamentos de España nada más que jugando al escondite, saliéndole de pronto al que la liga por detrás de una cortina. A mí el único que me gusta, de ese govern, es Junqueras. Por auténtico. Yo hasta promovería que le construyesen como premio, si algún día acaba toda esta tabarra bufonesca, un plató como el de Truman pero en republicano y catalán donde pueda ser inmensamente feliz el resto de su vida. Se lo merece.