Mourinho en el momento Hamlet

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Supongo que en Milán la fiesta es completa a estas horas. Cuarenta y cinco años después de Helenio Herrera, Massimo Moratti, presidente del Inter, que ha invertido casi mil millones de euros en fichajes en la última década, puede decir que ya tiene una Champions y ensañarse con orgullo con su vecino berlusconiano en horas bajas tanto política como deportivamente. Si a ello se añade la colosal escenografía del Bernabeu, que tanto ha dado a Italia y a sus clubes, la dicha es embriagadora. Sobre el césped de Chamartín estalló Mourinho en lágrimas mirando a la tribuna en el momento más hamletiano de su carrera: acababa de hacer grande a un dinosaurio venido a menos y, no contento, quiere emprender con el Real Madrid otro asalto legendario. Florentino no va a escatimar recursos para traerse al portugués y todo lo que el le pida, pero el fútbol resulta a veces tan caprichoso que cualquier inversión resulta incierta y traicionera. Por ejemplo ¿quién podía vaticinar que el héroe de esta final y de la semifinal contra el Barca sería Diego Milito, un jugador que hace tres temporadas se marchó a Génova de un Zaragoza recién descendido a Segunda División? ¿Y quién iba a figurarse que Wesley Snejder iba a ser el cerebro de este conjunto de mercenarios cuando hace un año salió de mala manera del propio Bernabéu? Así son las cosas en este deporte, salvo alguna cosas incontestables como el propio Mou: su ambición ganadora resulta digna de estudio en las facultades que enseñan el conocimiento humano.

 

A falta de veinte días para el Mundial de Sudáfrica se cierra el telón del fútbol europeo con ganas de estar de nuevo en setiembre con la Champions otra vez en marcha. Por la parte americana hay ya un finalista brasileño en la Libertadores que saldrá del duelo entre el Internacional de Porto Alegre y el Sao Paulo mientras en la otra tanda se miden el Chivas mexicano contra la Universidad de Santiago de Chile. Será curioso ver al Inter quizás con un entrenador nuevo midiéndose al campeón sudamericano en un duelo que se antoja ultradefensivo. Pero, mientras tanto, los dos trasatlánticos españoles mueven ya ficha ansiosos de llegar a Wembley la próxima edición de la Champions. Guardiola no pierde el tiempo y probará con Villa lo que ha perdido con la marcha de Etóo. El hipotético Real Madrid de Mourinho será un poco parecido al Inter con siete u ocho jugadores defensivos y Cristiano Ronaldo mordiendo en el ataque. Palabras mayores que el buen catador habida cuenta de que espectáculo y especulación, juego bonito y resultadismo competirán en los estadios y entre la opinión pública hasta la última gota de sangre.

 

Sería injusto cerrar estas líneas sin mencionar tres cosas: el bonito triunfo del Sevilla sobre el Atlético de Madrid en la última Copa del Rey dando de nuevo una lección de fútbol por las bandas (Jesús Navas y, en menor medida, Diego Capel); la gesta europea del Atlético de Madrid (un equipo menor pero con dos puntas muy grandes como Forlán y Agüero) y finalmente la lista de los 23 de Del Bosque con la que tengo un problema: no entiendo por qué Llorente y no Güiza. Por lo demás creo que se trata de un grupo fresco y con muchos quilates incluyendo a las nuevas propuestas como Pedro, Navas o incluso Javi Martínez.

 

Galicia, 1961. Periodista y escritor, fue jefe de la sección de Cultura en el diario El Independiente y redactor jefe en las revistas Cinemanía y Rolling Stone. En la actualidad es columnista en El País Galicia y colaborador de Babelia. Ha ejercido como director cultural de Fnac España entre 2001 y 2008. Ha publicado novelas como El día de los enamoradosy Hazlo por mí (Alianza Editorial) y poesía en castellano, El resto del mundo (Lumen), y gallego, Shakespeare mata o Porco cunha rosa (Espiral Maior).