‘Nada que perder. Trilogía negra I’, en la Sala Cuarta Pared

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Con más de 200 funciones y giras internacionales desde París hasta Sudamérica, la primera parte de esta Trilogía negra, estrenada en 2015 por la Compañía Cuarta Pared, no necesita realmente de divagaciones metafóricas y oníricos cumplidos acerca de un brillante guion y aún más atractiva actuación. El dominio del escenario, lo eficaz de la escritura, los recursos teatrales y escenográficos denotan un trabajo bien pensado y elaborado.

El padre filósofo, el hijo pirómano, la amante cínica, el concejal avaro, el marido sumiso y el borracho deprimido podrían fácilmente ser los protagonistas de una comedia de Molière, de la sociedad entera que es objeto de acusación y venganza. Y la melancolía empática o la ira social sirven de poco contra las miserias y las desigualdades del mundo, porque aquí la justicia tiene muy buena vista, la medicina es condescendiente, el amor un engaño y la vida un cúmulo deforme y hediondo de basura.

“¡Púdranse en sus victimizaciones estériles o en sus falsos mitos socráticos!”, parece gritar el joven pirómano. “¡Sálvense quién pueda ante el incendio de la verdad!”, podría contestar el padre sumiso, mientras la amante cínica y el concejal avaro tejen el engaño para adormecer a las masas. Y si Baba, la pantera negra que escucha silenciosa el lamento borracho del hombre que llora, se vuelve al final un cordero sacrificado a nadie le importa.

Gusta la división en ocho micro-episodios entrelazados entre sí como unas muñecas rusas, y gusta también el inteligente intercambio de roles de los tres protagonistas y únicos actores. En los últimos años el público se ha revelado cada vez más hambriento de drama, asesinatos más o menos cruentos y secretos sólo en parte expuestos. El ritmo acelerado y la actuación en gran parte gritada favorecen además un entretenimiento constante en tiempos de rápido consumo masiva de series y micro-series.

Aun así, el espectador quisquilloso podría objetar acerca del carácter relativo de las reivindicaciones políticas, de las posturas ideológicas y los llamamientos filosófico-existencialistas. Podría preguntarse si desde que la obra se presentó en 2015 algo ha cambiado, si las estadísticas han hecho mover la aguja de la balanza social, si estamos condenados a una perpetua e interminable decadencia o a una recuperación lenta y esperanzada. En fin, si el curso de la historia es concéntrico, lineal o una montaña rusa imprevisible.

 

Dónde: Sala Cuarta Pared, Madrid

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