Nadie se va del todo

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Reflexiones de un octogenario

Si hubiera algo bien me habrá valido lo que haya hecho en favor de la justicia, de la amistad, de los habitantes de la polis… Y si “no hubiera nada”, pues respondo lo mismo: He hecho lo que he querido o podido.

Nadie se va del todo. Los seres queridos, los amigos hemos intercambiado muchas veces experiencias, afectos,… todo eso “circula” por un torrente misterioso que llamamos “corazón”, “recuerdo” que, a nuestra vez, hemos compartido, enriquecido, con otros. Es maravilloso pensar en el velo de la diosa Indra: era de una sutil red que, en lugar de nudos, llevaba diamantes… ¿Os imagináis? Cada rayo de luz se multiplicaba por sí mismo, esto es, según su naturaleza (del mito)….así nosotros nunca moriremos del todo… una frase, un abrazo, una sonrisa, una metedura de pata… eso que llaman alma u “¿otra vida? .
Perdonen que aproveche la oportunidad de recordar a Sócrates en su lecho de muerte después de beber la cicuta (lo cuenta Platón en El Fedón) acerca de si creía en otra vida después de la muerte: “No me preocupa nada, amigo, o hay algo o no hay nada. Si hubiera algo, bien me habrá valido lo que haya hecho en favor de la justicia, de la amistad, de los habitantes de la polis… Y si “no hubiera nada”, pues respondo lo mismo: He hecho lo que he querido o podido. Me han acusado de “corromper a la juventud” por enseñarles a pensar y a hacerse preguntas; y tb me “condenan” porque dicen que no creo en los dioses… (Hay que joderse, esto no lo dijo Sócrates, pero me invita a explayarme cada vez que me tocaba explicarlo en mis clases… o lo hacía yo venir a cuenta cuando me parecía oportuno). La vida sólo se merece compartiéndola… todo.. con los demás, con los cielos y los mares y los ríos y los montes y los valles… y con uno mismo sabiendo disfrutar… cuando procede, y arrimando ambos brazos para acoger y seguir adelante porque la “meta es el camino”. No creáis que el tema es baladí, a mis 83 años y en activo… cada vez me “preocupan” menos los dioses, el más allá… o lo que sea. ¡Sírvase usted mismo, capitán. ¡Oh mi capitán! Es aquí y ahora y la cadena de abrazos, de afectos, de vivencias, de errores, de lo que sea que hayamos compartido si todo, al final, pudiera resumirse en un !Nadie me pidió permiso para nacer; no se le ocurrirá ahora hacer tonterías! Y como dicen en mi tierra gallega: “puede que sí, puede que no, lo más probable es, a lo mejor, ¿quién sabe?” Un abrazo a todos… amigos; nosotros… seguimos.
José Carlos Gª Fajardo

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