Hay países que no son países sino universos: lo que existe dentro de sus fronteras las trasciende, las expande y las universaliza. Entre los que he visitado, México o India entrarían en dicha categoría por su riqueza cultural, religiosa, lingüistica, social, geográfica, gastronómica o musical. También lo sería Etiopía, un lugar donde, además, el mito y la realidad se confunden: no es que convivan juntos sino que forman un solo discurso que vertebra su historia. En Lalibela, por ejemplo, me contaron que para construir las impresionantes iglesias excavadas en la roca, los ángeles bajaban cada noche para avanzar en esta obra maestra arquitectónica. No fueron los únicos que descendieron desde el cielo.
El intelectual negro y jamaicano Marcus Garvey dijo allá por los años 1920: «Miren a África cuando se corone un rey negro, el día de la liberación estará cerca». Cuando en 1930 Haile Selassie se coronó emperador de Etiopía muchos lo identificaron como el nuevo Mesías. El verdadero nombre del emperador era Tafari Makkonen y siguiendo un sencillo juego de palabras con Ras (que quiere decir príncipe) se puede obtener el nombre del movimiento rastafari. Este vio en la figura del Emperador a su Mesías, la tercera reencarnación de Jah (o Yahvé); y en Etiopía su Tierra Prometida. De hecho, Haile Selassie cedió un territorio al sur de Adís Abeba para que los negros volvieran a su patria. En Shashamane hay una colonia perenne rastafari desde aquel momento, que guarda la esencia profundamente religiosa de esta doctrina, y que tiene en la música reggae uno de sus medios de expresión. Pero este artículo no pretendía ser ni una catálogo de leyendas, ni una lección de historia, ni tampoco disertar sobre los origenes e influencias del reggae. Así que, perdonada esta disgregación, podemos resetear y retomar el hilo.
Etiopía es uno de los países más ricos y vastos a nivel histórico y cultural de África. Su variedad étnica, religiosa o lingüística es como dice Jorge Laraia «un laboratorio cultural increíble». La música forma parte de esa riqueza y de la vida cotidiana de los etiopes y es fácil encontrar espacios por el país donde se baila y canta durante horas, como es el caso del centro cultural Yod Abyssinia, donde nunca he dejado de ir cuando he pasado por Adís Abeba. Por otro lado, desde hace más de dos décadas, la discográfica Buda Musique profundiza en ella y nos la muestra a través de una serie de discos de la colección llamada Éthiopiques. Hasta la fecha son treinta los discos que componen esta colección, que es una gran muestra de la atrayente música etíope que mezcla lo místico con lo festivo, lo transcendental con lo cotidiano, lo puro y tradicional con lo mestizo y moderno. En ellos se podrá encontrar, como si fueran tesoros del Arca de la Alianza, la música improvisada de los azmaris, los sonidos del addis swing, o el abyssinian soul, las voces de Mahmoud Ahmed o Mulluquen Mèllèssè, el piano de Emahoy Tsegué-Maryam Guèbrou o los ritmos traviesos de Girma Bèyènè.
Y si nos paramos a observar el catálogo, veremos cómo entre los discos aparece un nombre, Mulatu Astatke, y un género, el ethio-jazz. ¿Y quién es Mulatu Astatke y qué es el ethio-jazz? Pues según el propio Astatke, él mismo es el ethio-jazz. Así de simple. Afortunadamente, Marcelo Brito es más didáctico cuando nos habla de esta música y su origen, anclado en el encuentro propiciado por Mulatu Astatke entre la tradición etíope y la modernidad global: «De aquel encuentro surgió un sonido hipnótico, envolvente, difícil de clasificar: vientos de jazz, ritmos afrocubanos, órgano Hammond y melodías basadas en modos etíopes. El resultado era a la vez moderno y ancestral, introspectivo y festivo. El Ethio-jazz nacía así como un híbrido de tradiciones, una alquimia sonora donde cada nota parecía mirar hacia dentro, hacia las raíces de África.» El cuarto disco de Ethiopiques está dedicado a Mulatu Astatke, pero además recomiendo, fuera de esta colección, su serie de grabaciones en concierto que dieron lugar a New York-Addis-London. The story of ethio jazz 1965-1975. La gran noticia si alguien se quiere poner al día es que este mismo año 2025 ha vuelto a sacar LP, Mulatu plays Mulatu, donde reinterpreta algunas de sus canciones míticas, tales como Yèkèrmo Sèw, Yèkatit o Mulatu, con un sonido nuevo pero perfectamente reconocible (tal y como avisa el título), tan cautivador y envolvente como siempre y que devuelve a la vigencia del presente, el legado infinito de su particular universo musical.





