Ni urgente ni última hora

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Se ha muerto Rosario, que durante décadas ha endulzado a los salmantinos cumpleaños y días sin efeméride que también merecen celebración. Me he enterado de la noticia mientras rebuscaba en la papelera una nota donde hace algunas noches garabateé la frase con la que él zanjó una conversación sobre mis inquietudes respecto a la vida eterna. 

 

 

Se ha muerto Rosario, que durante décadas ha endulzado a los salmantinos cumpleaños y días sin efeméride que también merecen celebración. Me he enterado de la noticia mientras rebuscaba en la papelera una nota donde hace algunas noches garabateé la frase con la que él zanjó una conversación sobre mis inquietudes respecto a la vida eterna. En Compostela he encontrado respuestas que nunca me susurró Madrid. Dice la noticia, que Rosario era una octogenaria y he recordado las carcajadas de Pili –con la que compartí hace dos semanas una bandeja de retorcidas anguilas fritas en Orense– al ironizar con que ella, para los periodistas, ya es solo una septuagenaria. “¿De qué materia está hecho el espíritu?”, pregunta el tríptico de Mixticismos. Supongo que ni de urgentes ni últimas horas que en realidad duran medio segundo. Y me veo otra vez renegón frente al teclado, pero con multitud de deseos: a mí, como a Leila, me gustaría estar “siempre buscando, bajo los adoquines, la arena de la playa”. La confitería de Rosario no venderá hasta el sábado ni juanitas, ni jesuitas, ni brazos gitanos.

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