No es Josef K., es Joe Pesci en El Proceso

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Joe Pesci en Arma letal y su independentismo estético puede ser cualquiera de esos en los que ustedes quizá estén pensando. En realidad estoy horrorizado porque veo y escucho al Puigdemont y veo y escucho al Joe Pesci de Arma letal. Con el Junqueras me pasa lo mismo. Y con la Forcadell, y con el Rull y el Turull y el Romeva. Y con la Colau. Es casi espantoso...

 

El otro día vi en la televisión a Joe Pesci en Arma letal 3 y me acordé de los políticos independentistas catalanes. Es como si Mel Gibson y Danny Glover fuesen ministros de España y allá donde fueran los siguiese a todas partes sin parar de hablar un político independentista. Algunos incluso llevan el mismo peinado y color de pelo. Yo creo que a ese Joe Pesci infiltrado en el Parlament no lo descubre ni el independentista más perspicaz. Lo acogerían con indiferencia como uno de los suyos y, tras oírle hablar, le asignarían algún puesto de relevancia en el proceso, que no es el de Kafka pero podría serlo.

 

Joe Pesci en Arma letal y su independentismo estético puede ser cualquiera de esos en los que ustedes quizá estén pensando. En realidad estoy horrorizado porque veo y escucho al Puigdemont y veo y escucho al Joe Pesci de Arma letal. Con el Junqueras me pasa lo mismo. Y con la Forcadell, y con el Rull y el Turull y el Romeva. Y con la Colau. Es casi espantoso. Joe Pescis de los de Arma letal con voz irritante apareciendo en cualquier lado y de cualquier manera. En la tele y en la radio. En el periódico. En el barrio. En la consulta del médico. En el baño.

 

Un aspecto que comparte con el proceso de Kafka es el terror, y también el absurdo. Y sería gracioso si no fuese aterrador, sobre todo para los que lo viven de cerca. Tiene que ser difícil y extraño sentir miedo mientras te da la tabarra Joe Pesci. Es la tragicomedia del independentismo que también es el proceso kafkiano en la indefensión asfixiante del protagonista (los no independentistas) y en la loca sucesión de acontecimientos que nadie parece capaz de poder frenar.

 

Una suerte de connivencia descacharrante entre los delincuentes y el «orden constitucional» que mantiene viva la tensión del separatismo; donde todos parecen resistirse al epílogo para disfrute de los que siguen con la matraca, hoy con Sijena (da igual, lo cogen todo), y para los que están cómodos en su posición dentro del sindiós que supuestamente combaten, dentro y fuera de la cárcel como animados por Mel Gibson y por Danny Glover, como si Joe Pesci siguiese siendo Joe Pesci (más protagonista y más pesado que nunca) pero la película nos la hubieran cambiado entre unos y otros (una película sencilla, de puro entretenimiento) para terminar llamándola El proceso.