No me jimples, no me jimples, mocosina

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Dice Monedero que casta es, por ejemplo, el que tiene varias casas, lo que le hace pensar a uno que el concepto estrella de Podemos es mucho más simple de lo que podría suponerse de gente tan preparada.

 

Dice Monedero que casta es, por ejemplo, el que tiene varias casas, lo que le hace pensar a uno que el concepto estrella de Podemos es mucho más simple de lo que podría suponerse de gente tan preparada. Quítesele la “t” y ya se tiene la casa, o las casas, que es la casta. O las castas. De tan sencillo puede hacerse complicado, lo que podría llamarse una filosofía de ruido cuyos fundamentos se pueden adquirir en un autoservicio.

 

Parece ser que esta insignificancia conceptual podría haber llevado a Willy Toledo (quien existe, como Teruel) a alejarse de ellos. A Willy le gusta dar cera, no precisamente como Danielsan sino como el Cojo Manteca, y por esto el reverso de Pablemos le impulsa a aducir diferencias irreconciliables.

 

Pero hay un reverso mirado desde la posición de Toledo, que es el lado amable de Podemos, y otro visto desde el lado de los que tienen varias casas, que es el chavismo. Entre medias se puede encontrar de todo, como en un baratillo, que es al que acude la gente como loca ante la multiplicación de ofertas: el milagro anticlerical de Pablo, como el de los peces, quien por otro lado se peina como Jesucristo.

 

Si uno entra en Podemos lo encuentra todo como en un bazar ideológico en el que hasta ellos mismos se pierden y entonces van a encontrarse en La Tuerka, esa tienda gourmet de delicatesen bolivarianas que es como ir a buscar perlas a las profundidades. Entre medias de los dos reversos, o de los dos puntos de vista, uno puede encontrar una inmensidad de afluentes fruto de ese lenguaje con apariencia de fortaleza que en realidad es melifluo: esos riachuelos formados por un helado derretido.

 

En la parafernalia de Podemos hay toda una geografía de maqueta como la Welthauptstadt Germania, el grandioso nuevo Berlín que planeaba Speer, el arquitecto del Führer; para que luego digan que casta es el que tiene varias casas cuando luego tienen en mente una Prachtstrasse monumental y una Volkshalle con una cúpula de doscientos metros. Todo esto a Cintora, el periodista que les sujeta el altavoz y hasta a los oponentes, le debe de parecer bien, e incluso por asociación, por ejemplo Goebbels, el propagandista, le debería de parecer un colega, aunque no es muy probable una vez que se ha adquirido su grado de superioridad moral.

 

Un individuo al que llaman casta suena mal. Debiera de utilizarse un gentilicio ad hoc pues al fin y al cabo la casta ya es como una nación. Pero que lo inventen ellos.  A uno lo que se le viene a la memoria en este punto es Luis Chamizo y sus castúos, el tinajero de Guareña (que le dedicaba los versos a su padre, otro castúo, de casta: “A la memoria de mi padre, un hombre honrado que trabajó mucho y amó mucho”) recitándole a Monedero: “No me jimples, no me jimples, mocosina,/ no t’enfusques ni me fartes al respeto…”