No, no estamos embarazados [Una lectura de Mal bon pare]

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Por mucho que los nuevos padres buenistas (hombres) se empecinen en que ellos también están “embarazados”, pues va a ser que no. El embarazo no es una ocupación común, la madre naturaleza nos indica que nuestro rol (el de los hombres) es secundario, de espectadores prescindibles, nos cuenta Carles Vila, el narrador de Mal bon pare (Amsterdam llibres, 2020), de Sergi Pons Codina. El padre se activa cuando ya el/la retoñ@ han salido a la vida; nunca antes.

Mal bon pare es una novela irónica sobre la paternidad, pero llena de verdades emocionales. Se trata del libro con el que el escritor de Paret del Vallés cierra su trilogía sobre el barrio de Sant Andreu, en Barcelona. Aunque no es una novela autobiográfica, Pons Codina también tiene tres hijos. De hecho, la novela surge de la siguiente pregunta: ¿Y si ahora mi mujer, de repente, se quedase embarazada? Y eso mismo es de lo que va Mal bon pare: de un padre que soñaba con las mieles de una paternidad tranquila, sosegada, al borde de los cuarenta, y que se encuentra con un nuevo retoño de camino (y una crisis de manual).

Porque de lo que, al fin, va este libro este de las negociaciones de la nueva masculinidad (que ha de vérselas con la herencia del autismo emocional de la generación de los padres). Esto es, del intento de hallar un espacio para la individualidad entre tanta vida infantil que se abre paso (y demanda adhesiones inapelables, atención total). Mal bon pare es el reclamo de una madurez peculiar, en la que chuzarse en el bar con los amigotes inadaptados de la juventud, cualquier día entre semana, no esté reñido con atender a las hijas, llevarlas al cole, prepararles la comida, leerles cuentos, acompañarlas a la fiesta anual del Club Super 3 (aquí metamorfoseado en La Bèstia Grossa) y, en definitiva, darles todo el cariño y la seguridad que necesitan.

Mal bon pare lucha contra la estandarización de las familias contemporáneas. El protagonista se revela contra ese espíritu alegre y tontorrón, lleno de sentimientos positivos y buenrollista de las nuevas familias guays. Pons Codina nos habla de la resistencia del orgullo, de la dignidad de poder continuar siendo uno mismo. Pero también de la negligencia, las paranoias y la inercia que guía a los padres (hombres), que se suelen sentir dominados por una situación sobrevenida al enfrentarse a un nuevo embarazo; el menfotisme como un método de supervivencia (“No hi havia res prou important per no ser susceptible de ser pres a la lleugera”, confiesa el protagonista del libro).

En definitiva, que ser un buen padre, nos dice Codina Pons, no significa necesariamente tener que ser un memo. Y que se puede vivir “amb un peu a l´edad adulta i l´altre en algun lloc entre un parc infantil i la barra d´un bar”.  Tomen nota.

 

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