No te lo folles (parte III)

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Son tantos los consejos recibidos sobre qué tíos no conviene follarse que me veo obligada a escribir una tercera parte de esta serie que empieza a alargarse como un chicle, como diría el subdirector de una revista en la que trabajé que era más vago que el chaleco de un Guardia Civil.

 

Ojo, lo de que se haga necesario tanto consejo también es porque hay mucha mediocridad y hombre gris, tanta que no me extraña que esta serie no llegue nunca a su fin.. Anyway, prometo que en el siguiente post os relataré mis correrías por Dubai, a ver si pensáis que en los Emiratos no hay sexo. Lo haré eso sí, con sumo cuidado, que no quiero que la población árabe se me caliente (al menos, no en un sentido violento) y sigan quemando embajadas o vengan a quemarme a mi, que no me va nada el olor a chamusquina. También prometo que escribiré más a menudo, tenéis que entender que como follo todo lo que puedo, no tengo mucho tiempo para escribir. Y aunque soy chica, estas dos cosas (follar y escribir) procuro no hacerlas al mismo tiempo. Que queda feo.

 

Vamos allá con esas recomendaciones tan necesarias a la hora de seleccionar al partenaire para irse la cama.

 

No te lo folles si lleva las gafas puestas a lo Sánchez Dragó, con cordelito digo, o si el sujeto en cuestión tiene cualquier similitud con el anterior. Creo que sobran las aclaraciones.

 

Tampoco si tiene reloj de oro o en su defecto, dorado. Esto podía entenderse en los años 50 ó 60, pero en la actualidad no. La misma regla es válida si viste chaleco de fieltro.

 

Una que hemos comentado en posts anteriores pero que, como es harto importante, debo repetir  machaconamente: no te lo folles si es votante del PP o lleva politos Ralph Lauren u otros con la bandera de España. Que no se os olvide este tema por favor. Parece anodino pero no lo es.

 

No te lo folles si va a misa. No voy a explicarlo porque me parece que está muy claro.

 

No te lo folles si es un mohíno y no te hace reír. Yo sé que es muy muy difícil encontrar un hombre que folle bien y encima te haga reír (no tiene por qué ser al mismo tiempo, pero tampoco pasa nada, desde aquí un saludo a mi amiga Carla que sabe de lo que hablo), pero hay que seguir buscando chicas. Perseverad.

 

No te lo folles si trabaja en un periódico nacional de distribución gratuita, al menos en su edición española. A ver, venga, si cerró Metro y ADN, ¿cuál queda? Pues ese. Científicos de la Universidad de California han demostrado, basándose en una muestra de sobra representativa, que el personal masculino de este periódico no es ni de fiar ni se puede contar con ellos para echar un polvo. Están muy preocupados de sus novias, de los rescates y de si Punset tiene o no mirada rijosa… Así no.

 

No te lo folles si deja que su mascota entre en la habitación cuando estáis en plena faena. Zoofilia no, gracias.

 

No te lo folles si te habla de su psiquiatra o de lo que le dice su psicólogo. Rayaduras mentales las justas.

 

No te lo folles si lleva las cejas más depiladas que tú, y en general, si tiene menos vello corporal que tú. Esto es muy incómodo.

 

No te lo folles si presume de haber follado mucho. A ver, regla de oro: dime de qué presumes y te diré de qué careces. Pues eso.

 

No te lo folles si te marea en las redes sociales y luego ná. Estos sujetos de dedos calientes no pasan de ahí. Y no estamos para pérdidas de tiempo, que son cuatro días. Pragmatismo. Repetid conmigo: pragmatismo.

 

No te lo folles si escribe mails, guassaps o lo que sea como si fuera un adolescente. Del tipo: ke kaxonda. Despojos de la ESO no.

 

No te lo folles si su cuenta de mail es la que se hizo con 15 años. Lo más probable es que su edad mental se haya quedado también en esa época.

 

No te lo folles, por supuesto si usa Brummel, pero tampoco si usa Varon Dandy.

 

Algunos de estos consejos han sido donados, desinteresadamente, por los súper periodistas Bárbara Ayuso (@Barbaraayuso) y Alfredo Pascual (@Guyb). Gracias guapos.

 

Besis.

Vengo de París, como casi todos los niños, y me he pasado la vida entre Francia y España (aunque me defino extremeña). Empecé escribiendo de economía en Capital pero tras ocho años en los mercados bursátiles, y demostrando ser de perfil arriesgado, me hice freelance. He colaborado con los principales medios de este país y escrito varios libros de sexo, el último, "Hola, sexo: anatomía de las citas online (Arcopress)". Este blog es a consumir sin moderación pero ¡tampoco te lo creas todo!