Nos han quitado la tierra

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Es encontrarse un pelo del Rey en la escena del crimen, o acaso sólo creer haberlo encontrado, y aparecer Cayo Lara para encargar investigaciones.

 

Es encontrarse un pelo del Rey en la escena del crimen, o acaso sólo creer haberlo encontrado, y aparecer Cayo Lara para encargar investigaciones; pero como si al otro lado del teléfono de pedidos, en vez de un suramericano con pinganillo, le pusieran la melodía de espera todo el rato. Desprovisto de su imaginario, ahora el comunismo parece abocado a encomendarse a unas pesquisas dirigidas por Peñafiel.

 

De primeras, y sin ideología de por medio, a uno se le hace raro confiarle el voto a alguien que siempre lleva camisas ibicencas. Pero igual, después de tantos años, es el secreto. Hasta hoy se ha optado por tipos con corbata y a todos parece que acaba estrangulándoles como si fuera un icono de la seriedad desubicado en esa fiesta jipi del poder.

 

Zatopek controlaba la apretura con su risilla, y Aznar con un plus de severidad que también venía con él. A Rajoy aún no le ha dado tiempo a controlarse a sí mismo, y aún debe de estar aflojándose el nudo a cada momento de intimidad. Quizá por eso salga poco, y fugazmente, siempre con Moragas cerca, para asistirle, llegado el caso.

 

Es deseable, de todos modos, que quien gobierne acepte el yugo, cuanto menos estético, del cargo. Da la impresión de que un político de total lino no se cree demasiado lo que dice, y menos oyéndole  hablar de elefantes blancos en público. Puede que en Izquierda Unida no traten de sumar votos sino sobrevivir, de ahí la provocación; y así se imagina a sus diputados dejando en el control del Congreso los cuchillos con brújula igual que los vaqueros dejaban los revólveres en la oficina del sheriff.

 

Es perdurable la imagen del señor Cayo delante del micrófono pidiendo y pidiendo como en una viñeta donde, al lado del círculo de las palabras, se observa el de los sueños: una nube conteniendo un paisaje de esas isbas de Turguénev que uno siempre, no sabe por qué, ha imaginado que sería a él lo que a uno contemplar el mar con los pies hundidos en la arena. Después de todo, más que un candidato a presidente, lo que parece es uno de esos personajes de Juan Rulfo a los que les han quitado la tierra.