“Oído caníbal”. Nuevas estrategias, viejas reivindicaciones

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Las vidas de Óscar, Marta, Alicia y Sofía se debaten entre una apariencia de normalidad y la evidencia de que sus adicciones "voyeuristas" les llevan por caminos peligrosos. Estilo audiovisual de guerrilla en la nueva serie estrenada en diciembre por Canal +

 

Canal + estrenó en diciembre del año pasado Oído caníbal, una serie online que presenta un modelo productivo completamente alejado de la industria, y una apuesta clara de la cadena por cable por las nuevas tendencias de la narrativa audiovisual. Detrás del proyecto está David Navarro, un experto en comunicación por internet, que escribe los guiones, dirige y produce la serie. El argumento gira en torno a cuatro voyeurs con inclinaciones sociópatas, que acuden a una tensa terapia donde semana a semana desgranan sus secretos más escabrosos. A través de sus casos, se elabora una inquietante reflexión sobre la problemática de conservar una identidad privada en una sociedad de la comunicación donde cada vez existimos más en el mundo virtual.

       Las vidas de Óscar, Marta, Alicia y Sofía se debaten entre una apariencia de normalidad y la evidencia de que sus adicciones voyeuristas les llevan por caminos peligrosos. No hay un protagonista único, estamos ante una serie genuinamente coral en donde seguiremos paralelamente momentos en la vida de todos los personajes, incluyendo al psicólogo de la terapia. Estos múltiples caminos nos internan en un laberinto que advertimos incierto y oscuro desde el primer capítulo. Oído caníbal no es un producto de fácil digestión. Es necesario desprenderse de los prejuicios que provoca la pésima calidad de la mayoría de series nacionales y dejar que la trama nos vaya atrapando poco a poco, de la misma manera en que sus protagonistas se obsesionan cada vez más por sus víctimas. Es cierto que en ocasiones aparecen pequeños tics en forma de diálogos previsibles y sobreactuaciones dramáticas, pero forman parte de una imperfección que la serie no esconde en absoluto. No estamos ante una serie HBO con toneladas de presupuesto, sino ante una pequeña joya cuyas impurezas se olvidan pronto en benficio de su capacidad para enganchar al espectador.

       La fiebre por las series norteamericanas, que han desplazado en gran medida al propio cine proveniente de Hollywood, ha devuelto la historia, la narración, al centro de la creación audiovisual. Con una industria cinematográfica con cada vez mayores dificultades para contar historias que interesen, empeñadas como están en apostar por el 3D, remakes, secuelas y adaptaciones de cómics, ha sido la pequeña pantalla la que ha tomado el testigo, ofreciendo una extensión temporal en donde los guionistas pueden moldear tranquilamente a sus personajes, y explayarse a gusto con el qué en lugar del cómo. Un proyecto como Oído caníbal aparece, por tanto, en un contexto totalmente apropiado, con un público acostumbrado a la narrativa seriada y que cada vez le pierde más el respeto a verlo por internet. Un experimento que bien puede marcar el camino para la irrupción de una creatividad audiovisual televisiva bajo mínimos en nuestro país. La ausencia de presiones presupuestarias y datos de audiencia ha permitido que surgiera un producto genuinamente independiente, ajeno a las dinámicas de producción que son poco dadas a la originalidad y el riesgo.

       Sin duda uno de los máximos aciertos de Oído caníbal es su apuesta por un estilo audiovisual de guerrilla, que convierte al propio espectador en un mirón ocasional, un observador que se asoma discretamente a las oscuras pasiones de los cuatro protagonistas. Así, la cámara rara vez permanecerá estática, evidenciando en todo momento su presencia y nuestra acto de observación. Cámara al hombro, constantes reencuadres mediante zoom, múltiples ángulos…, todos estos recursos conforman un estilo muy agresivo que descoloca en un principio, pero que poco a poco advertimos como el mejor posible para contar la historia de cuatro personas mentalmente inestables. David Navarro ha sabido aprovechar al máximo las circunstancias de rodaje, convirtiendo la imprevisión de filmar sin permisos en una tensión que late posteriormente en las escenas. Su mayor logro ha sido evitar una sensación de amateurismo banal, que suele hacerse presente en este tipo de filmaciones. La idea no es salir a rodar a ver qué pasa, sino ser consciente de las limitaciones para aprovecharlas al máximo gracias a una cuidada planificación.

 

 

       Por otro lado, en una serie de este tipo la labor de los actores es el pilar sobre el que se sustenta el proyecto. Su trabajo resulta fundamental para que la historia llegue con un mínimo de credibilidad al espectador. En caso contrario ocurre lo que en la mayoría de proyectos amateurs, incapaces de convencer por las carencias interpretativas de las que suelan hacer gala. El elenco protagonista de Oído caníbal resulta, en ese sentido, un acierto total. Todos han sabido construir unos personajes que intrigan, que se esconden de sí mismos para entregarse luego a sus turbias obsesiones. Tras el primer capítulo, difícilmente imaginamos otros rostros que los de Javier Laorden, Cristina Soria, Sergio Celebrovsky o Maya Reyes dando vida a los sujetos de la terapia. Como sucede en todas las buenas series, han creado unos personajes que enganchan de por sí, lo que unido a un guión muy inteligente alimenta la dinámica de seguir queriendo averiguar qué pasa con sus vidas.

       Llegados a este punto nos topamos con la principal novedad que ha traído la serie de David Navarro. No tenemos por qué esperar a la emisión programada por la cadena para verla, sino que en cualquier momento se pueden ver los capítulos en la web de Canal +. Por primera vez se apuesta por el estreno simultáneo de una serie en televisión e internet, espacios que hasta hace poco se consideraban enemigos íntimos. Nadie mejor que David Navarro, un nativo de la red con ganas de contar buenas historias, para llevar a cabo este primer paso en una alianza que puede dar mucho que hablar.

       Independientemente de su éxito de público, Oído caníbal es importante como experimento. El propio David Navarro afirma en una entrevista- que podemos consultar en la web chicadelatele- que para él se trataba de probar algo nuevo, sin una idea clara del resultado final. Estamos ante un punto de convergencia de muchas de las inquietudes que deberían agitar el panorama audiovisual español. Ahora que se discute tanto sobre la relación entre internet e industria cultural, el experimento de Navarro demuestra que es perfectamente viable una sinergia entre un producto pensado íntegramente para ser emitido en la red, pero que encuentra en un canal de televisión un techo perfecto para su distribución. Son este tipo de relaciones las que marcarán seguramente el camino a seguir, por mucho que les cueste de asumir a muchos profesionales del medio. Internet no está reñido con la rentabilidad, solo que este concepto ha de repensarse en un nuevo marco. Lo que no tiene sentido es seguir defendiendo a ultranza modelos de producción y exhibición tradicionales, ajenos a la progresiva migración de la pantalla televisiva al ordenador. La industria dispone ahora de un ejemplo del que tomar nota. Esperemos que se comporten de una vez como buenos alumnos en lugar de chivarse al director de la escuela.

 

Oído caníbal está disponible en www.canalplus.es/oido-canibal/

 


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Autor: Enrique Fibla Gutiérrez

1 COMENTARIO

  1. Gracias a vuestro artículo he
    Gracias a vuestro artículo he conocido la serie y la posibilidad de seguirla a través de la red. Hasta hoy he visto los tres primeros capítulos y tengo esa sensación ambigua que tanto me gusta de querer demorar su visionado para alejar el final y disfrutarlo en un tiempo más amplio, más elástico.
    Sin remedio tiendo a identificarme con todas las posibles patologías que se desarrollan, quizás por eso la siento tan cercana, por atender y tal vez, entender lo vulnerables que somos, dejándonos llevar por unos instintos tan bajos como difíciles de reprimir. Pero también alarmado y fascinado por la capacidad para la maldad, gratuita en muchos casos, que se pone en juego para dominar, seducir, embrutecer a los otros, como muñecos dispuestos para un juego del que no conocen las reglas y del que solo nosotros somos muñidores y árbitros.

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