On parle allemand

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El guardia de seguridad es un chico con granos adolescentes en la barbilla. Juega con su móvil recostado en una silla bastante destrozada, junto a un teléfono rojo que no funciona pero impone. Subo los tres pisos de un antiguo colegio de monjas reconvertido hoy en instituto de alemán. El edificio me encantó desde la primera vez que lo vi, cada aula parecía una sala de interrogatorios de la Stasi, con sus techos altos y sus amplios ventanales desde los que librarse de los indeseables.

 

Estudiar alemán rodeado de libaneses resulta curioso…Soy la única que encuentra anormal que el profesor, un emigrante libanés retornado, pregunte gilipolleces del tipo “¿está usted prometida?”. Al Goethe no va uno con la simple intención de estudiar el idioma, sino para que lo humillen por llegar un minuto tarde, por no saber recitar unas líneas de Bertolt Brecht. A mi lado se sienta una jovencita de la que cuelga una enorme cruz a modo de cencerro, esperando quizá, que la proteja de la caterva de musulmanes rabiosos que pululan por el edificio. Llama la atención entre el resto del alumnado, más parecido a un grupúsculo moderado de Al-Qaeda, y compuesto básicamente de chiíes que desean marcharse a Alemania para importar Mercedes y armamento de última generación. El resto son ingenieros, electricistas, informáticos, todos con un profundo y emotivo interés por Alemania: saben decir tornillo y tubo de ensayo pero ninguno acierta adivinar lo que significa una palabra como “Eingeweide”. Entrañas.

 

El profesor proyecta un vídeo con algunos alemanes célebres. No sé como nadie conoce a los “Modern Talking”, a Immauel Kant, a Heinrich Heine… sin embargo les suena de algo la Angela Merkel y Schweinsteiger; se interesan también por la salud de Adolf, la gracieta típica de cualquier retrasado que se precie. Imagino ante mí unos coloquios del nivel intelectual de los telespectadores de Barrio Sésamo pero no…Ante nosotros se extienden tres horas y media, largas y maravillosas, en las que estudiaremos todo lo relacionado con la vida y obra de una persona tomando como protagonista a Bach. Confieso que me descojono de la risa por lo bajini. Disfruto secretamente de la situación. El primer desertor abandona la clase diciendo que vuelve enseguida en una hora. La gente se duerme, otros se refugian en el baño, los bostezos se disimulan. No falta quien critica que el elegido sea Bach, cuando su calidad como músico es cuestionable…

 

Yo vuelvo a oír los zumbidos de las moscas, las aspas del ventilador girando pausadamente en el techo, la sangre circulando lenta por las venas, los trinos de los pájaros…He venido aquí para recuperar la tranquilidad, para detenerme en las palabras, disfrutarlas en la boca, disparar con ellas, crear como si fueran barro en las manos de un escultor.