Opus argentino

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Libros de escritores argentinos
Opus argentino

Me levanto a escuchar las sonatas para piano de Beethoven, en la interpretación de Bruno Gelber. Sucede que estoy leyendo una obra magnífica: Opus Gelber, un perfil de más de 300 páginas escrito por Leila Guerriero. Anoche me dormí hasta tarde, escuchando la entrevista que le hacía Gerry Garbulsky a Pedro Mairal en Aprender de grandes, porque a mediados de julio me pegué con Maniobras de evasión, la colección de textos breves, muchos de ellos autobiográficos, que publicó Mairal en Libros del Asteroide. Buscando más información sobre el autor, me topé con la entrevista que le hace en una radio de Buenos Aires a Guerriero, autora que admiro mucho. Tras escuchar la entrevista, fue que recordé el libro de Gelber y lo pedí. Por eso lo estoy escuchando esta mañana, en que podría también hacer lo que hago siempre cuando estoy en casa y quiero música de fondo: gritarle a Alexa que me ponga Soda.

En las distintas lecturas y entrevistas que he encontrado de Mairal, es recurrente que este se refiera a la importancia de la Revista Orsai, ese objeto mágico, esa comunidad que inventó Hernán Casciari junto a su hermano del alma: el Chiri Basilis. Cuando a comienzos de abril me pedí el primer número de Orsai, encontré en ella una larga crónica de Mairal, sobre un viaje a la Bretaña Francesa, acompañado de Washington Cucurto. Apenas sabía de Cucurto. Sin embargo, hace unas noches, rebuscando en mi biblioteca, encontré uno de sus libros de poesía: ¡Basta de escribir novelas! regalo que me hiciera hace algunos años el librero Javier Molea. Me enganché con los poemas. En un Zoom con amigos peruanos, les comenté cómo me habían tocado esos versos: sin filtros culturosos, alejados de las pretensiones formales.

Lo poco que sé de Cucurto es por intermedio de mi socia editora, Sara Cordón, que escribe una tesis sobre formas literarias apoyadas en lo performativo. Después de alguna conferencia de Cordón, años atrás, había hojeado los poemas de ese libro sin mayor emoción. Sin embargo hace unas noches, las mismas líneas me parecían fascinantes. No sé cuál es la explicación. Quizás su poder se incrementó gracias a esa telaraña de nueva información: las voces argentinas que me llegaron por estos meses, desde ese enorme caudal que suele pasar por la ciudad de Buenos Aires.

Después de escuchar la conversación entre Mairal y Garbulsky, apenas si pude dormir. Mairal me interpelaba. No solo su trabajo con la escritura, sino su experiencia como padre, como esposo, como comunicador. También como hijo. Acá dos textos, leídos por él, que  recomiendo: El equilibrio, sobre ser padre; y Hoy temprano, sobre ser parte de una familia, de una tierra y unos recuerdos.

Además, Mairal ha escrito ensayos extraordinarios sobre sexo. Estos me sirvieron para sugerir algunos textos a mis buenos amigos de New Jersey (con quienes muy pocas veces nos arriesgamos más allá de la chacota). Arturo Palmer me pidió que le recomiende un libro y pensé en Maniobras de evasión. (Al final prefirió pedir La uruguaya para el Kindle). Les compartí en el WhatsApp las fotos que tomé de algunas líneas de su Ensayo sobre las tetas y El culo de la arquitecta. A mí me movió mucho Tocar a Gimena, un texto que aborda la conexión entre el amor, el sexo, la excitación y el desencanto. Un tema que yo también he abordado─con mucho menos talento. Qué destreza de Mairal para cubrirlo todo.

Otro descubrimiento de esta cuarentena fue César Mermet. Mermet era un poeta que trabajaba en publicidad. Era un hombre que escribía y corregía todo el tiempo pero que nunca había publicado. Mairal y sus compañeros de un taller con el mítico Grillo della Paolera, rescataron algunos poemas de su obra desconocida: todos son maravillosos. Me fascinó el ejercicio, la experiencia.

Hace unos días pude agradecerle a Fernanda, la escritora uruguaya que me llevó hacia Maniobras de evasión. Juanma Robles, desde otro punto del continente, me había apuntado hacia 38 estrellas, fantástico libro de Josefina Licitra sobre unas presas tupamaras que se escaparon en 1971 de una cárcel en Montevideo. Licitra, otra gran revelación del periodismo literario argentino, es ahora la editora de Orsai. Gracias a Robles, ese nombre ya no era nuevo cuando abrí la revista y encontré Limpiando a Borges,  maravilla de texto sobre las obsesiones literarias. De esas recomendaciones de amigos escritores, de alguna manera, nace el universo de letras que ha llenado estos meses.  Es como si una telaraña de cables con textos y voces se hubiera conectado. Lentamente.

Mis memorias de la pandemia estarán conectadas para siempre con esas lecturas. Serán─eso espero─ recuerdos agradecidos al descubrimiento de Mairal, de Licitra, de Mermet, de Cucurto, de Casciari, de Chiri (También a una nueva curiosidad por la obra de Luciano Lamberti, Selva Almada, Sofía Badia, y Fabián Casas, que aún no he leído). Y el piano de Bruno Gelber, cuya versión de Beethoven me conecta con las páginas del libro de Guerriero, vendrán así mezcladas con mis memorias de las calles de Buenos Aires, con los personajes de Opus Gelber que se mueven entre los barrios de Chacarita y Once. Y claro, también, porque no todo puede ser literatura: con mis viejas canciones de Soda.

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