Orange y Movistar: ni saben escribir ni respetan la privacidad

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A ver quién es capaz de explicarme este fenómeno lingüístico-empresarial: Estos días he recibido en mi correo electrónico una oferta de Orange, del mismo modo que en mi anterior entrada les conté que recibí otra de Movistar. Bueno, pues las dos contienen al final un párrafo idéntico, remiten a la misma dirección postal, el mismo fax y ambas dicen cumplir la “EE.UU. Federal CAN-SPAM Act de 2003”. Las dos mienten cuando dicen: “De acuerdo con nuestros datos usted registró la dirección e-mail cuando se dio de alta en nuestro sitio web. Si ya no desea recibir ofertas comerciales de nuestra parte, por favor clica aquí” (la concordancia de tratamiento a tomar viento). Y siguen mintiendo: “Usted ha recibido este correo electrónico porque su dirección de correo electrónico verificada para recibir las ofertas de uno de nuestros socios (…¿qué pasó? ¿dónde acaba la frase?). Si usted prefiere no recibir más correos electrónicos por favor haga clic aquí para cancelar la suscripción. (¡¿qué suscripción!?)

Respetamos su privacidad (¡¡) y cumplir con su solicitud de baja. Si lo prefiere, nuestra dirección postal es:
PO Box 515381 #42091, Los Angeles, CA 920051-6681.
Nuestro eFax es (213) 947-1803. Gracias.


Y la frase final, que no merece ni un comentario, también está en los dos mensajes: Por favor, espere 7 días laborales para que su solicitud sea honrado».
Este anuncio está en pleno cumplimiento con EE.UU. Federal CAN-SPAM Act de 2003.”  

Resumiendo: ambas ofertas comerciales se entrometen en nuestra privacidad, están escritas con los pies, plagadas de “falsos amigos” del inglés (¡eso de “su solicitud sea honrado” (¿honoured?!), carecen de lógica sintáctica y, en consecuencia, son vergonzosas, impropias de dos compañías potentes, con recursos (los que nos sacan a nosotros) más que suficientes para tener un mínimo de corrección en sus comunicaciones.

 

¡¡¡Ahrrgg!!!

Soy coruñesa con algo de portuguesa, recriada en Madrid. Como tengo tendencia a la dispersión, estudié Ciencias Políticas. Aparte de varios oficios de supervivencia, he sido socióloga, traductora, documentalista y, finalmente, editora y redactora en El País durante veinte años. En mi primer colegio de monjas tuve la suerte de aprender bien latín. Pasar de las monjas al instituto público Beatriz Galindo de Madrid, donde enseñaban Gerardo Diego, Manuel de Terán, Luis Gil…, fue definitivo para cambiar de fase. Creo que si falla el lenguaje, falla el pensamiento y falla la razón.