Ordenanzas distópicas

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Prohibir al peatón su libre circulación por las calles es hacerlo cosa. Y además una cosa cualquiera. Si se vehiculiza al transeúnte y al flaneur y al trabajador o al comprador digo yo que habrá que vehiculizarles con todas las garantías de seguridad vial peatonalizada. Pónganse señalizaciones adecuadas a esta nueva realidad. Qué menos...

 

Será curioso ver andar a los madrileños en un sólo sentido. En calles de un sólo sentido peatonal navideño. A propósito de esto me acuerdo de una escena de ‘El expreso de medianoche’ en la que los presos locos dan vueltas alrededor de algo en un mismo sentido. Cuando el trastornado protagonista toma conciencia de su situación, cuando descubre como una iuminación que su única salida es la libertad, comienza a dar vueltas en sentido contrario al que las dan todos los demás mientras tratan de detenerle indignados, asustados incluso, indicándole la única dirección posible, la acostumbrada, tratando de reconducirle sin poder parar de dar vueltas. No recuerdo quién dijo que Carmena nos trajo la libertad, pero a partir de esta escena parece justo lo contrario. Prohibir al peatón su libre circulación por las calles es hacerlo cosa. Y además una cosa cualquiera. Si se vehiculiza al transeúnte y al flaneur y al trabajador o al comprador digo yo que habrá que vehiculizarles con todas las garantías de seguridad vial peatonalizada. Pónganse señalizaciones adecuadas a esta nueva realidad. Qué menos. Píntense carriles peatonales en el piso, levántense prohibiciones peatonales de velocidad, y semáforos peatonales, edifíquense peajes peatonales, constrúyanse rotondas peatonales. Qué hagan un código y que nos den un carnet con puntos. Ya puestos en vez de entrar a los bares y restaurantes o a las tiendas deberíamos poder aparcarnos. En general Carmena no suele tener en cuenta todos los aspectos de su modernidad. Es más fácil imponer parcialmente a cada uno de los ciudadanos otra identidad (una identidad de objeto, ¡qué divertido!, una especie de carnaval) que carece de los derechos de esa identidad. Pero aún así yo creo que lo vamos a pasar bien con esta nueva atracción de Navidad. Las calles madrileñas como desfiles coreanos. Cada año con Carmena de alcaldesa ha habido una sorpresa desde que llegaron esos Reyes Magos perfectamente amamarrachados. La municipalidad se puede permitir estas cosas. ¿Dónde si no es en la municipalidad podrían hacerse tan alegres ensayos de totalitarismo? Miren si no hacia Cataluña. Este año toca caminar por Madrid sólo en un sentido como los presos locos de ‘El expreso de medianoche’, sin la libertad de caminar cómo y por dónde uno quiera por el efecto de las modernas ordenanzas distópicas.