Otro periodismo es posible

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Es emocionante esto del crowdfunding. Asistir a cómo personas anónimas, o no, apuestan por un proyecto que desde hace meses incubábamos con cuidado, con mimo, con una esperanza que va más allá de esta investigación sobre las multinacionales españolas en América Latina: que apunta a la posibilidad de que el microfinanciamiento se consolide como una alternativa viable para seguir haciendo buen periodismo en tiempos malos para la lírica. Tiempos en que los diarios más vendidos del país paguen treinta euros por nota y el presidente del Gobierno español se permita la vergüenza de comparecer ante la prensa con una tele de plasma de por medio –y, más vergonzoso aún, le sale bien: llena la sala de periodistas-.


Las grandes empresas mediáticas hace tiempo que tiene mucho más de transnacionales que de periodísticas. Prisa es un caso de libro, y lo digo con la tristeza de quien se crió con ese periódico sobre la mesa, y tanto aprendió entre sus páginas. Entre otras cosas, fue leyendo El País que decidí, todavía muy joven, dedicarme a este apasionante oficio que es el periodismo, y que, en estos tiempos de crisis y oportunidades, está en el ojo del huracán, más convaleciente que nunca ahora que es más necesario que de costumbre.

 

Hace unos meses leí que Supermán, harto de las cuitas del Daily Planet, se hizo bloguero. Yo hice lo mismo, y vendo lo que puedo, pero, como no soy Supermán en mis horas libres, me mantengo a base de precariedad. Y no me quejo: fue una elección, muy personal y muy meditada, esto de cambiar estabilidad por libertad. Lo malo es que cada vez es más difícil encontrar los resquicios para hacer periodismo que pueda llamarse como tal; que, como decía Eloy Tomás Martínez, no puede sino ser hijo de la desobediencia y la transgresión.

 

No falta dinero: faltan ganas. Una población bien informada es una población armada. Un pueblo que sabe, lucha. Y un pueblo que lucha, termina por vencer.

 

La información es un derecho en democracia. Uno más de tantos que nos han arrebatado. Pero los derechos no se conceden: se conquistan.

 

Por eso vuelvo a pediros que nos apoyéis en este proyecto; o en otros que se adapten más a vuestros intereses, pero que confluyan en esa tarea común de inventar nuevas maneras de hacer periodismo comprometido e independiente, ese que los poderosos parecieran querer matar de inanición.

 

Como ya sabréis muchos de vosotros, queremos investigar el legado que han dejado y dejan empresas como Endesa, Iberdrola o Repsol en los países latinoamericanos. No será ningún gran grupo mediático ni ningún órgano institucional el que nos apoye. Los poderosos lo saben; pero no habían contado con las enormes posibilidades democratizadoras de la Red de Redes.

 

Otro periodismo es posible. Un periodismo donde el público escoja lo que quiere que sea investigado, y donde el periodista responda sólo ante su público. Por eso el crowdfunding es tan esperanzador. Por eso, entre todos, podemos construir otro periodismo que, más que posible, se nos impone como cada vez más necesario e impostergable.

Nací en Extremadura, pero soy -también- madrileña. Periodista por vocación y convicción, llegué a América Latina en 2008, a esa ciudad caótica y fascinante que es São Paulo. Después de unos años entre samba y tango, me establecí en Buenos Aires, desde donde trabajo como 'freelance' y colaboro para medios como El Mundo y Le Monde Diplomatique. Aunque, cada vez más, apuesto por los proyectos independientes: la revista Números Rojos, la web Carro de Combate -dedicada al consumo responsable y la denuncia del trabajo esclavo- y, por supuesto, este Fronterad.   Afincada por fin en Buenos Aires, una ciudad que me cautivó desde mucho antes de visitarla, cuando se me mostraba desde las páginas de Julio Cortázar, sigo descubriendo este continente diverso y complejo, este continente con las venas abiertas que, sin embargo -o por eso mismo-, tiene tanto que enseñarle al mundo.