Otro personaje de Galdós

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Para mi amiga Arantxa Aguirre,
directora de cine y apasionada galdosista.

 

Como nunca escribiré un solo libro ni la décima parte de vivo, de sabio y emocionante que los libros de Galdós, toda mi ambición literaria la he concentrado en otra ilusión igual de absurda, pero que, en el orden de la fantasía, tal vez fuera menos improbable: ser un personaje de alguna de sus novelas. ¡Haber jugado con Gabrielillo en el Mentidero! ¡Que hablara de mí Fernando Calpena en una carta a Pilar de Loaysa! ¡Figurar en El amigo Manso, en Miau o Nazarín! Y vivir así, en sus páginas, una vida plena de tinta y papel, trazado por la mano ágil del Maestro.

«¿Qué méritos reúne usted», no faltará quien me pregunte, «para pretender el honor de haber sido un personaje de don Benito?». Pocos puedo aducir, es cierto, y a bote pronto solo se me ocurre mencionar el de mi segundo apellido, Miquis: sin duda alguna me emparenta con los hermanos que lo llevan en los libros de Galdós. Además, yo no aspiraría a ser un protagonista; me conformaría con haber salido como humilde secundario en una o dos novelas. O menos que eso: asomarme a ellas de pasada.

A veces me consuelo de no aparecer en ninguna trama del gran novelista recordándome que, por el mero hecho de haber nacido en España, formo parte de su obra. ¿No es nuestro país, en gran medida, una invención de Galdós? Sin embargo, ya que no en las historias de la literatura —porque nunca escribiré una novela ni diez veces menos llena que las suyas de agua clara: de pura vida—, qué ilusión me habría hecho figurar al menos en el censo de personajes galdosianos que compiló Sáinz de Robles. Yo ocuparía ahí, por supuesto, una entrada escueta:

COLDEN Miquis, Víctor (56, 58, 73), primo hermano de Alejandro, Augusto y Constantino Miquis, e íntimo amigo de Felipe Centeno. Nacido en Sigüenza y estudiante de filosofía en Madrid, sus apariciones —un breve encuentro con Amparo Emperador, etc.— son siempre fugaces e insignificantes.

Si hubiera sido yo otra criatura de Galdós, ¿no viviría ya para siempre? Viviría muy vivo, sí, más vivo tal vez —vivo de letra— que muchos vividores de esos que se creen vivos, inconscientes personajes galdosianos de un relato tierno y cruel, lleno de mínimas dichas y sinsabores sin cuento. ¡Ay, haberme unido un día o dos a Benina, Mordejai y los demás en la puerta Norte de la iglesia de San Sebastián! ¡Haber auxiliado brevemente a Monsalud en alguno de los aprietos y amarguras a que el azar lo sometió! ¡Haber conversado un ratito con Ido del Sagrario en una página cualquiera!

Mi fantasía no tendrá mucho recorrido; no se cumplirá mi sueño, no… Pero de ilusión también se vive (¿verdad, don Benito?). Y, en el fondo, qué más da: a sabiendas o sin saberlo, para nuestro gozo o a nuestro pesar, somos todos —yo también— personajes de Galdós.


NOTA: A don Benito y su obra les he dedicado también el texto “La conjura o El pan de Galdós“.

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