Paco Roca: “El punto de inflexión fue perder a mi padre y ser padre en cuestión de meses”

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Recupero una entrevista inédita a Paco Roca de cuando publicó ‘La casa’ (2015) por el reciente premio Eisner a la mejor edición internacional del libro

 

El pasado mes de julio se anunció que la novela gráfica ‘La casa’, de Paco Roca, que Astiberri publicó originalmente en 2015 y que la editorial estadounidense Fantagraphics editó en castellano e inglés a finales de 2019, ha ganado el premio Eisner 2020 en la categoría de “mejor edición de material internacional”.

El cómic cuenta la historia de tres hermanos que vuelven un año después de la muerte de su padre a la casa familiar de verano (de segunda residencia) donde crecieron. Su intención es venderla, pero con cada movimiento que hacen se enfrentan a los recuerdos. Temen estar deshaciéndose del pasado, del recuerdo de su padre, pero también del suyo propio. ‘La casa’ posee ecos autobiográficos que surgen de una necesidad de contar la situación que tocó directamente al autor.

‘La casa’ representa al cómic de fuerte calado personal, familiar, reflejo de una generación de hombres, muy currantes, en el que la casa de veraneo se presenta como un hito, o un logro. Es un cómic de ficción pero con fuertes componentes autobiográficos. Una historia que habla del recuerdo de la infancia y de los lugares ligados a ella, también de la vejez y de la muerte, y de cómo tratar ese legado

Por otro lado, Paco Roca también es noticia actual porque el próximo 3 de diciembre editará su nueva novela gráfica, ‘Regreso al Edén’, inspirada a partir de una foto familiar de 1946, donde vuelve a indagar en la memoria. Desde Astiberri dicen que es su obra más ambiciosa desde ‘Los surcos del azar’ y ‘La casa’ sus dos últimas obras. Pero claro habla su editorial, así que habrá que comprobarlo.

Documentación

En 2015 Roca me decía que al final un autor lo que quiere “es que tenga repercusión lo que haces. Cuando llevas tanto tiempo con algo, lo que quieres es hablar de ello y reflexionar un poco sobre lo que has hecho. En ‘La Casa’ la documentación es más escarbar, más mirando hacia adentro. En ‘Los surcos del azar’(2013) la documentación te hace aprender sobre una historia. En este caso la documentación fue irme a esa casa, durante dos veranos. Estos dos últimos años, en 2015 y 2014. Una de las dudas era haberlo hecho autobiográfico porque prácticamente todo es real o novelado”.

¿Necesitabas mirar a tu pasado, a tu origen?

Ahí hay dos cosas. Por un lado, intento que cada nuevo proyecto sea diferente al anterior. Tienes una lista de proyectos, incluso ya tienes programados los siguientes. Pero creo que la elección del siguiente viene condicionada por lo que acabas de hacer, intentas hacer algo que no sea muy parecido, aunque no sea muy consciente de ello, pero que sea un giro bastante brusco. Tenía otro proyecto, pero tenía la necesidad de hacer este. Porque era algo muy reciente. Y tenía la urgencia de hacerlo ahora.

El punto de inflexión fue perder a mi padre y ser padre al mismo tiempo, en cuestión de meses. Y eso a mí me marcó mucho, por muchos motivos. Por un lado porque piensas que tu hija no va a conocer a su abuelo. Por otro el lado personal, porque cuando tienes un hijo has cumplido una parte de tu vida, no tanto en cantidad de años, pero has cumplido parte de un círculo. Cuando eres padre ya sabes cómo es el resto.

Hablar de la familia es hablar de tu origen, del sustento o lo que te ha lanzado al mundo ¿Cómo lo has llevado?

Es totalmente cierto. En mi caso lo cuento como uno de los personajes (José). Yo siempre huía de ese pasado. Intentas crear tu propio hueco, y en cierta forma cómo que reniegas de ese pasado. No ha sido pararte y mirar para atrás. Sino más bien el hecho de querer contar esta historia, lo que me ha hecho mirar para atrás. De reconciliarte con ese pasado con el que tampoco te habías parado a pensar. Y un reencuentro con esta casa. Una casa que durante muchísimos años había sido un campo de trabajo. Ahora se ha convertido en otra cosa. Me he podido reconciliar también con esa casa. Y también comprender a mi padre. Por qué era tan importante para él esa casa.

Tanto mis hermanas como yo teníamos bastante odio siempre a esa casa por lo que representaba. Al igual que les ocurre a los personajes en esta historia, todo circulaba entorno a trabajar. Nunca llegamos a comprender la importancia de esa casa. Esta es mi reflexión sobre el tema. A lo mejor mi padre si me oyese hablar diría  “no tienes ni idea”. Para mi padre, a falta de su familia, fue el lugar en el que se sentía a gusto. Más que el reencuentro de la familia, es el reencuentro con lo que representaba esa casa para mi padre.

Reflejas una dinámica familiar que también se refleja en tu generación. Ese padre que ha sido un currante, y que ha sacado adelante una familia. Y que a lo mejor parece que no tiene sensibilidad, pero sí la tiene o la muestra de alguna forma oculta.

Es generacional. Me interesaba mostrar un tipo de gente que no aparecía en las historias. Porque sería a lo mejor más protagonista mi abuelo que estuvo en la guerra civil, que tenía sus traumas y tenía una ideología muy marcada. Pero mi padre era un niño en la guerra civil, él creció en el franquismo. Y como la mayoría de gente, podía tener sus ideas un poco más de izquierdas, pero tenía su jefe, su chófer y tenía que aguantar ciertas cosas ya asumidas. Él no había conocido otro tipo de vida. A todas esas generaciones les habían impuesto ciertas formas de vivir, ciertas metas en la vida. Él venía de esa época del hambre de la posguerra, y habían prosperado. Eran una clase obrera, clase media baja, y tenían una casa pagada y una segunda vivienda, y una familia. Para ellos su objetivo era prosperar y tener una familia. Y eran de una forma de ser, los padres, en la que los sentimientos, los justos. No recuerdo demasiados abrazos, ni palabras cariñosas de mi padre. Pero esa era la forma en la que se educaba a esa generación. Y es lo que me parecía importante de esta historia. Tener un protagonista que reflejaba quizás el 99% de esa generación. Gente que su ambición principal era prosperar y crear una familia.

Tomar distancia ¿es una manera de protegerse de ciertas cosas que son delicadas? Crear una zona de seguridad. Porque ir más allá es meterse en alguna parte de la que no puedes salir.

Me he escudado en la ficción. Una de las dudas que tenía era si contar esta historia de una manera autobiográfica del todo. No sé si era por pudor, o por qué, no me lo veía contándolo de una forma autobiográfica. Me he permitido cierta libertad. Aunque estás contando cosas reales, cosas íntimas, pero me escudo en esa ficción. Pero en este caso era una necesidad.

Con esta historia lo que pensaba para que funcionara es que tenía que ser sincero con lo que estaba contando. No buscar demasiados artificios en la forma de narrar ni de montar esta historia. Aquí había que desnudarse. No es que me cueste mucho porque al final lo suelo hacer en todas las historias. Pero en ésta sí que estás contando algo más íntimo. Muestras una ficción que es una realidad. Pero todo está bastante unido siempre entre la realidad y la ficción.

Hay momentos claves. El recuerdo de la higuera. Esos momentos que son el trampolín hasta para los malos momentos. Hay que escudarse en eso ¿Es una llamada?

De buscar esos momentos que resumen. Al final se trata de ver si somos felices. Si mi padre fue feliz a lo largo de su vida. Pero es que eso es muy difícil de medir, ¿cómo lo mides? ¿Es una media de toda tu vida? ¿Son los últimos años de tu vida los que cuentan a la hora de la felicidad? Al final creo que lo que cuentan son esos pequeños momentos, es el poder tener un buen bagaje. Haber vivido esas cosas que me han llenado plenamente. Pero no son grandes hitos. Son pequeños momentos de recordar ese momento, y eso es la plenitud de la felicidad. La felicidad son momentos fugaces. Cuando eres consciente que eres feliz al final se ha esfumado ese momento.

Y luego ‘La Casa’ es una mirada a lo mundano, a lo cotidiano. Que a veces se da por entendido que parece que es algo que no se puede contar porque es algo aburrido, pero en el fondo ahí hay muchas de las energías que te activan en el resto de tu vida.

A la hora de contar eso es complicado. Cuando estaba con la historia de la higuera me decía, qué estoy contando aquí. No sabes muy bien dónde estás pisando. Porque todo cómo que se te hunde. Pero ¿esto dónde me lleva? Es difícil esta historia, porque no tienes un esquema, una estructura. Estás cocinando todo cómo sobre unas burbujas, con ese momento de felicidad. Cuesta construir una historia que se sostenga sobre estas cosas tan etéreas. Para mí ha sido un problema. Esta historia en el fondo son esos pequeños momentos fugaces. Pero que todo se sostenga en una historia es lo que más miedo me ha dado durante todo el proceso. De repente está ahí mi padre. Que el lector lo vaya leyendo y le vaya motivando. Y qué va a sentir el lector con todo esto.

Igual que en Arrugas hablabas de las personas mayores como personas abandonadas. Pones un foco de atención en ellos. En esas personas que merecen más cuidado, más cariño, más atención, respeto. Porque los hemos dejado descuidados. Haces una llamada de atención. Aquí también hay un acercamiento a esa generación.

En el fondo es una historia de lo más costumbrista. Si lo piensas, o no estás contando nada o estás contando mucho. Depende para quién. Qué es la situación en la que tú te encuentras cuando te enfrentas con ella. A ver esta casa qué para mí no era nada, ¿por qué significaba tanto para mi padre? Empiezas a darle vueltas a esto. Acabas llegando a tus conclusiones que igual son diferentes a lo que él pensaba. Trata de eso del amigo de Antonio (el padre, el protagonista), Miguel, y la importancia que tenía para esas dos personas solas el almuerzo común en la que hablaban de sus cosas (lo que había hecho un hijo, de los árboles frutales, de ese tipo de cosas). Me interesaba contar una historia de estas pequeñas cosas.

Luego está el punto de incomprensión. Queda esa desolación de ver que esa persona querida, esa imagen paterna, que deja de luchar por vivir. Y que no entiendes.

Eso me quedó de la muerte de mi padre. Que tuvo una enfermedad y de pronto algo aceleró el proceso. El estado anímico es muy importante en estas cosas. Cuando te das cuenta que nunca vas a recuperar lo que tenías, que no es algo pasajero. En ese momento la cabeza hace un ‘clic’. Y para mí la clave de esta historia era encontrar ese punto de cuál fue el desencadenante total, que lleva a una conclusión porque estás novelando esto. Pero fue un cúmulo de cosas. En el caso de mi padre tuvo una hepatitis C, que desencadenó en una demencia. Perdió la escritura, se olvidó de escribir y tuvo que recuperarla. Y una de las cosas que me impactó como la escena de El Resplandor, fue leer algo que había escrito con muy mala letra, decía algo así como “qué últimos momentos tan perros que me toca vivir”. De alguna manera me metí en esta historia para intentar comprenderle.

Como en ‘Arrugas’ ¿Te enfrentas con la muerte de cara?

Arrugas en cierta forma trataba más el tema de la soledad. En este caso la soledad también está presente. Pero sobre todo es afrontar la muerte, afrontar el ciclo de la vida. Algo inevitable. Muere mi padre y nace mi hija.

Con ‘La Casa’ te habrás vaciado mucho, ¿no?

No te creas. Es como hablar con alguien. Lo haces pensando que vas a resolver algo. Y simplemente ordenas tus ideas en tu cabeza. Pero cuando despiertas de esa ensoñación sigues igual. Mi miedo a la vejez sigue siendo igual que cuando terminé Arrugas. Mis neuras relativas, porque tampoco son especiales, siguen siendo las mismas. Digamos que nunca llegas a una situación de paz. Si te dedicas a esto, te das cuenta que lo que vives es bagaje sentimental que tienes. Si quieres contar cosas, tienes que vivirlas.

El personaje de José también muestra que todos necesitamos la aprobación. Habla del ego ¿Qué piensas de eso?

Sí. Es bajarte a los pies. Estar en la tierra. Aunque luego vemos que su padre se sentía orgulloso.  Pero es algo típico de esa generación. Pero sobre todo que lo que es más importante, lo que te hace más feliz es comerte un higo en esa higuera. Más que recibir esa caja de libros de tu última obra, que te puede llenar mucho, pero que es un poco egocéntrico. Es nuestra proyección hacia el exterior. O lo que queremos que la gente vea de nosotros. Pero esos momentos íntimos son importantísimos. Está claro que nuestra vida está en función de cómo nos ven y cómo nos tratan los demás. Eso nos genera felicidades e infelicidades. Pero esos momentos que sólo dependen de ti. Redescubrir o mostrar lo que te gusta. Un momento en la higuera o ver un partido de baloncesto con tu padre debajo de un cielo estrellado. Esas cosas son las que te dan la vida.

¿Qué es para ti ‘La Casa’?

Bueno, es mi padre en cierta forma. De gente que se hacía su casa. Él es el arquitecto, el que ha distribuido, el que ha ordenado, el que la ha creado a su gusto. Pero por otro lado es el contenedor de una memoria, de un pasado. Y más en este tipo de casas en el que acababa acumulándose todos los trastos. Metafórica y literalmente es un contenedor de recuerdos. Todo lo que pasaba por las casas acababa ahí. Es una segunda vivienda cutre. Es un poco el trastero.

Pero también es cómo descifrar algo. Comprendiendo la casa comprendes a mi padre. Y comprendiendo a mi padre comprendes la casa. Por otro lado también es su memoria. Es el contenedor de esa memoria familiar. A dónde ha ido todo simbólica y físicamente. Todos los recuerdos están en esa casa.

Luego gravita lo que tienen en común los hermanos. Se dan cuenta que la casa contiene mucho más. Está la genética, pero la genética no siempre une. Una casa familiar ha sido el núcleo de dónde han salido. Pero aunque luego haya salido el odio, al menos tienen eso en común, el odio hacia un lugar físico. Y luego, aparece el reencuentro. Al verlo ya con otros ojos.

¿Sigue habiendo temas que son tabú?

Sí, por supuesto. Siguiendo con la memoria histórica hay muchos que lo son. España se ha convertido en una rareza dentro de los países democráticos. En olvido generalizado del pasado y esa falta de respeto hacia ciertas víctimas. En Alemania es impensable encontrar símbolos nazis, o que un partido político sea ambiguo frente al nazismo y el holocausto.

Sí que hay muchos temas para hablar. Otro tema del que tendría que hablarse es la transición. Me parece un momento ideal. Con esas concesiones que hay que hacer en un sentido o en otro. Es un buen tema. Ahí me gustaría trabajar con Javier Pérez Andújar, que es amiguete. Él hizo un par de relatos muy divertidos en la novela ‘Catalanes todos’. Y tiene un vodevil sobre Suárez, sobre él día que empezó a gobernar. Él me presentó Los Surcos del Azar.

+ info en https://www.pacoroca.com/

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