Palíndromos en la casquería

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Creo recordar que se llaman palíndromos las palabras o frases que se pueden leer tanto hacia la derecha como hacia la izquierda, y nunca recuerdo más que uno:  Dábale arroz a la zorra el abad, así que me alegré mucho cuando el ilustrador Max me brindó en El País Semanal otras cinco, que se las paso por si alguna vez les apetece jugar a las palabras:  Sé verla al revés (éste es mágico: por el sentido y porque cuadran los acentos); Salta Lenin el atlas; Isaac no ronca así (éste me encanta); Es Adán, ya vé, yo soy Eva y nada sé; Satán sala las natas. Parece que en los cinco hay una gran abundancia de eses, no sé por qué. ¿Quién o quiénes serán sus autores?

 

Creo recordar que se llaman palíndromos las palabras o frases que se pueden leer tanto hacia la derecha como hacia la izquierda, y nunca recuerdo más que uno:  Dábale arroz a la zorra el abad, así que me alegré mucho cuando el ilustrador Max me brindó en El País Semanal otras cinco, que se las paso por si alguna vez les apetece jugar a las palabras:  Sé verla al revés (éste es mágico: por el sentido y porque cuadran los acentos); Salta Lenin el atlas; Isaac no ronca así (éste me encanta); Es Adán, ya vé, yo soy Eva y nada sé; Satán sala las natas. Parece que en los cinco hay una gran abundancia de eses, no sé por qué. ¿Quién o quiénes serán sus autores?

 

Palabras de político socialista en tertulia radiofónica: “A mí me apetece y tengo todas las ganas del mundo en estar liderando este cambio”. Las ganas se tienen de, a menos que yo no me haya enterado del cambio. El propio Griñán: “…a mi entender, creo que lo que deben hacer es…” Esto es muy frecuente en la mayoría de los hablantes; en el fondo está el afán de reiterar (“en mi opinión, pienso que”) y la necesidad imparable de alargar, complicar. Y por detrás anda siempre el miedo a la definición, miedo a descubrirse, miedo, miedo.

 

Más perlas; en la SER, una tertuliana dice: “…el líder o la lideresa…”. Es como decir la choferesa, la poetisa (para colmo, poeta acaba en `a´). La necesidad de retorcer palabras perfecta y felizmente unisex: la líder, la juez, la poeta. Por eso no le compro el palabro lideresa a Esperanza Aguirre, su introductora en el mentidero político.

 

Seguimos en la radio, ahora hablando de casquería, ese sector de la alimentación que al parecer vuelve con fuerza: “…no es que me repudiara, pero no soy asiduo a esa comida”. Aquí vemos que se intenta utilizar léxico, pero ni idea de cómo y dónde. Entendemos la idea de “rechazo” en el primer caso y de “adicto” o “aficionado” en el segundo, pero así no vale. Observo que, por la edad, muchos de los que hablan así no han sido educados bajo las leyes socialistas, tan criticadas, y seguro que con razón, así que habrá otras causas, sigo ansiosa por escuchar las explicaciones de los expertos…

Soy coruñesa con algo de portuguesa, recriada en Madrid. Como tengo tendencia a la dispersión, estudié Ciencias Políticas. Aparte de varios oficios de supervivencia, he sido socióloga, traductora, documentalista y, finalmente, editora y redactora en El País durante veinte años. En mi primer colegio de monjas tuve la suerte de aprender bien latín. Pasar de las monjas al instituto público Beatriz Galindo de Madrid, donde enseñaban Gerardo Diego, Manuel de Terán, Luis Gil…, fue definitivo para cambiar de fase. Creo que si falla el lenguaje, falla el pensamiento y falla la razón.

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