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Mientras tantoParábola y símbolo

Parábola y símbolo

La soledad del creyente   el blog de Stuart Park

El uso de las parábolas, lejos de constituir una excentricidad por parte del Maestro, sugiere que la parábola, un vehículo de comunicación por el que un concepto complejo como «el reino de los cielos» se hace accesible mediante la similitud, o el contraste, con algún aspecto familiar de la vida real, puede considerarse como tipo de toda la revelación bíblica.

El lenguaje bíblico se nutre de imágenes tomadas del mundo real y se identifica con la vida humana en su cotidianidad. El ejemplo máximo de esta manera de universalizar la otra realidad, la espiritual, lo encontramos en el empleo de las parábolas en la enseñanza de Jesús, donde los misterios del reino de los cielos se hacen comprensibles a través del sembrador de semillas, el buscador de la oveja perdida o la viuda que importuna a un injusto juez.

Pastor con su rebaño

No se trata de la simple repetición de historias, por tanto, sino de lo que José Jiménez Lozano llamaba «caminar dentro de la Biblia», para no solo leerla desde fuera de manera aséptica sino buscar en el interior del texto el sentido cristológico que constituye su máxima gloria y su última finalidad.

La realidad espiritual que transmite la Biblia no es «verificable», en expresión de Jacques Ellul, pero apela a la conciencia y hace arder el corazón. Nos permite atravesar las crisis de la vida y sobrevivir a sus duros embates gracias a la sencillez de sus historias y el ejemplo de los hombres y mujeres que pueblan sus páginas, si las leemos con atención, y con sentido común.

La esencia de la parábola consiste en su doble sentido: el anecdótico (la semilla, en la Parábola del Sembrador), y el espiritual (la palabra del reino a la que se refiere la semilla, etc.). El punto de partida para las parábolas de Jesús en el Nuevo Testamento se encuentra en Mateo 13, donde el evangelista recurre a dos textos del Antiguo Testamento para explicar el empleo de las parábolas por parte del Señor. En el primero (Isaías 6), el autor explica cómo la parábola responde a una estrategia didáctica diseñada para ocultar el mensaje a quienes no lo desean recibir, mientras que en el segundo (Salmo 78), el salmista indica que la historia de Israel, desde el Éxodo hasta el rey David, constituye una suerte de parábola (mashal en hebreo) diseñada para revelar la Salvación de Dios, que los hombres de aquella generación ni creyeron, ni entendieron.

La palabra griega parabolé, empleada por los evangelistas sinópticos para describir la manera en que Jesús enseñaba a las gentes acerca de los misterios del reino de Dios, aparece dos veces más en el Nuevo Testamento. En Hebreos 9:9 se refiere al «modelo» (parabolé) del Tabernáculo que Moisés vio en el Monte Sinaí, prototipo del Templo de Jerusalén y símbolo de todo el sistema religioso de Israel; y en Hebreos 11:19, el sacrificio de Isaac por parte de Abraham es visto «en sentido figurado» (parabolé) como una suerte de muerte y resurrección, prefiguración de la verdadera muerte y resurrección de Jesús, según S. Pablo.

Al comienzo de esta sección nos propusimos definir el concepto de «fe» implícito en nuestro tema, la soledad del creyente. Incumbe ahora trasladar el concepto abstracto a la «terrible intimidad» del creyente en su día a día en el mundo.

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