Pasiones contemporáneas

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Aporto una pequeña cosecha de maledicencias (me tomo la licencia de aplicarlo a estos casos); pequeña porque es una tarea  un poco deprimente. Todas sacadas de los medios de comunicación. Por ejemplo:  “Cinco millones, de los que tres de ellos…”, cuando la gramática te da una solución tan fácil como “cinco millones, tres de los cuales” . Querida RAE: ¿Para cuándo la supresión de los relativos? Total, nadie sabe usarlos… Qué alivio para los educandos.

 

Aporto una pequeña cosecha de maledicencias (me tomo la licencia de aplicarlo a estos casos); pequeña porque es una tarea un poco deprimente. Todas sacadas de los medios de comunicación. Por ejemplo:  “Cinco millones, de los que tres de ellos…”, cuando la gramática te da una solución tan fácil como “cinco millones, tres de los cuales” . Querida RAE: ¿Para cuándo la supresión de los relativos? Total, nadie sabe usarlos… Qué alivio para los educandos.

 

“…obtuvo un 26,9 por ciento de cuota de share”. Redundancias aparte (por qué no dicen sencillamente “26 por ciento de la audiencia”, o “26 por ciento de cuota”) el share es una palabra comodín, una de las más amadas por el español contemporánea. No sabemos hablar inglés, pero en cuanto echamos mano de un tecnicismo cualquiera ya no se escapa, y a usarlo a todo lo que dé lugar.

 

“Ganó de tres puntos”. Sé que ésta es una batalla perdida. Ni un solo periodista deportivo dice ya “ganó por tres puntos”; pero en fin, yo lo digo bien, y estoy segura de que se ha convertido en jerga, es decir que en la calle la gente gana o pierde por no de

 

Otra pasión contemporánea del español es el abuso del verbo poder, cosa que me tiene muy intrigada; cada día recojo ejemplos que a veces rozan lo irrisorio. El ejemplo de hoy es éste: “…la posibilidad de poder evitar…”. Creo que no es necesario comentarlo. No es el único verbo que sufre esa sobreexplotación; ya he comentado otros, y volverán.

 

¡Cambio de tercio!

 

Para mí que ningún socialista debería hacer hincapié sólo –o sobre todo en el territorio  ni en campaña ni gobernando. ¿Es que todos los andaluces tienen los mismos intereses, las mismas necesidades, y ningún antagonismo? ¿Se han abolido las clases sociales, y yo sin enterarme?  Me refiero a Susana Díaz, claro. Quizás me haya perdido –me dan tanta pereza los discursos sus argumentos y promesas ante al fracaso escolar, el fraude en las subvenciones, el subempleo, la economía sumergida, las enormes bolsas de marginación después de décadas de gobierno, o quizás la prensa no se hizo eco de ellas, pero no sé yo…Lo que me llegó fue lo de ¡Andalucía, lo que Andalucía reclama, lo que es bueno –lo que es malo- para Andalucía, lo que no nos quieren dar, si Andalucía gana, si Andalucía pierde! Tanto empuje, tanto liderazgo para acabar en esta derivada nacionalista; me temo que si alguna vez llega a presidir el Gobierno español, los gritos (porque todos gritan mucho) serán ¡España, lo que España reclama!, etcétera.

 

 

Cada vez somos más localistas, todo va en esa dirección. Si los políticos utilizan ese argumentario, es porque funciona. Veamos al ínclito Monago, presidente y próximo candidato de Extremadura. El ingeniosísimo del “Si tè collons”. Seamos piadosos y corramos un tupido velo sobre sus episodios canarios. Es sabido que el Partido Popular es muy patriota. Lo primero ¡España! (también todos igualitos) Pero ahora nos estamos renovando, y después de ver y escuchar de cabo a rabo el rap de Monago (¡pareado!), tengo la misma sensación. Lo importante no son las ideologías, sino las ideas, dice la letra, pero sobre todo repite: “¡Extremadura, nuestra única doctrina!”.

 

 

Es imposible hablar más claro. ¿Para qué mencionar los enormes latifundios que absorben grandes cantidades de subvenciones europeas, propiedad de las grandes familias de siempre, emparentados con los políticos de siempre? ¿Para qué hablar del paro endémico, de las malditas estadísticas…?

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Anunciata Bremón
Soy coruñesa con algo de portuguesa, recriada en Madrid. Como tengo tendencia a la dispersión, estudié Ciencias Políticas. Aparte de varios oficios de supervivencia, he sido socióloga, traductora, documentalista y, finalmente, editora y redactora en El País durante veinte años. En mi primer colegio de monjas tuve la suerte de aprender bien latín. Pasar de las monjas al instituto público Beatriz Galindo de Madrid, donde enseñaban Gerardo Diego, Manuel de Terán, Luis Gil…, fue definitivo para cambiar de fase. Creo que si falla el lenguaje, falla el pensamiento y falla la razón.