Pastores contra el infinito

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En la alta madrugada de la Navidad, los pastores que siguen de juerga por los portales de Belén, salen a desahogar sus vejigas bajo el cielo estrellado de Galilea. Un par de Pixanets, (tocados con sus respectivas barretinas), mean contra el firmamento; junto a un muchachito hebreo, que lo hace a calzón bajado.

 

¿Qué hombre no ha sentido un extraño deseo de orinar sobre el curso de un río? Dirigir la manga, soltar el chorro, caer en el cauce del agua, y ser río por un momento. Los nuevos pastores de Belén gustan de hacerlo desde el puente de vidrio que cruza el río del Portal. Cuanto más orinan, más estrellas dicen ver brillar en el cielo.

 

El río de Belén es primo de Torre Ofelia. Viaja y transcurre en el interior de una botellita transparente, que nació para contener limoncello. El cauce fluvial muéstrase hoy fosilizado, en unas ramitas de coral rosado de la Costa de la Muerte, y una pluma de cigüeña del claustro de la catedral de Palencia.