Patadas al viento

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Tu voz se estrelló contra mi silencio cuando me contaste aquella historia tuya, tan íntima. Esa historia de tu pasado que tanto te inquietaba: extraña confusión de días y noches, sin espacio para los porqués, ni siquiera los míos, ni siquiera los tuyos; solo el vacío, la nada. Solo tú y yo, historias de fracasos envueltas en el alcohol de una noche cualquiera. Una noche más.

Sé que debería haber dicho algo, debería haber trazado con mi dedo un círculo invisible en tus labios, restarte importancia, tratar de entenderlo. Y me quedé callada: fijándome en los dibujos rotos de la pared y en el tic-tac de aquella gotera. Sé que debí perderme en tu mirada, coger tu mano y comenzar a andar y no parar jamás… rodearnos de gente desconocida y nunca estar más solos. Pero no, allí estábamos, delante de ese gin tonic tratando de zafarnos de aquellos viejos fantasmas, futuros pasados, mirándome sin verme y yo sin saber qué decir…ese sucio suelo y ese maldito tic-tac de la gotera.

Desaparecer envuelta en el sonido de las agujas del reloj y ahogada en tu ginebra: eso me hubiera gustado entonces… Tic desaparece. Tac desaparece, tic… hubiera deseado esconderme en la oscuridad, esa oscuridad puñetera que nos iba engullendo poco a poco…. y Tic desaparece…tic tac… porque ni tú eras tú, ni yo ya yo, sólo un sueño ahogado, pegado a un corazón pintado en la pared: sin flechas no éramos nada, nada…Nada.

[Siempre he deseado en casos así, ser como una de las protagonistas de Tarantino, con sus fusiles de asalto lista para entrar al ataque con una llave de kárate. Una llave al aire, una patada al viento y resolver la situación…no como soy… una especie de Madame Bovary venida a menos, siempre lamentándome de mi vida gris incapaz de actuar; si al menos fuera capaz de ser una de esas heroínas de Houellebecq, soltando filosofía contemporánea mientras hacen juegos malabares, te hacen una paja como profesionales o se fuman un cigarrillo…. pero no…

… ni siquiera fumo.]

Dicen que eso es lo que nos hace diferentes: las palabras, sobre todo las que no se dicen. Por eso no dije nada y te lo dije todo con mi silencio. Te propuse contar las estrellas una a una en ese cielo nuestro, que nos perdiéramos en una carretera secundaria, escribir una historia a cuatro manos sin faltas de ortografía. Y ahí fuiste tú quien calló. Quizá pida mucho, lo sé. No me basta con ser una cajita de cerillas donde guardar miradas furtivas y alguna que otra lágrima:

…quiero ser un tren a toda velocidad, desbocado…al viento aunque descarrile: todo, no quiero ser nada, quiero volar, quiero ser otra, quiero, quiero…

Quiero dejar de oír esa maldita gotera y ese maldito “tic tac tic tac…”

Y…

 

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Foto: Man Ray

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Manuela della Fontana, escritora oculta. Después de trabajar muchos años en el mundillo editorial, rodeada de facturas e impuestos, decidió dar el gran salto y retomar esta “vocación” suya escribiendo con mayor regularidad. Fue entonces cuando empujada por algunos amigos salió a la luz, compartiendo sus vivencias en su blog Soñando con maletas y en las revistas vozed, e Hyperbole donde colabora habitualmente. @enmanuelle2002

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