Patinar en línea

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—¿Hoy tampoco sabes sobre qué escribir?

—¿Cómo lo sabes?

 

—Yo soy tú, no lo olvides.

—Es verdad… Hacía tiempo que no hablaba contigo. Conmigo.

 

—Solo lo haces cuando no sabes qué contar. Y últimamente te pasa a menudo.

—No tengo tiempo…. Paso demasiadas horas en la redacción, luego estudio, leo… No tengo tiempo.

 

—Esa es la excusa que te poner siempre cierto amigo tuyo. Dice no tener tiempo para abrirse un blog y tú se lo reprochas.

—Si sigue negándose terminaré dando su nombre.

 

—Aplícate el cuento. Puedes hablar de la dimisión de Santiago Cervera.

—Una dimisión exprés para un político de 140 caracteres. Antes de salir a dar la rueda de prensa ya había tuiteado su marcha. Y dimitió antes de que nos diera tiempo a insultarle. No hay nada más que contar.

 

—Cierto periodista digital, esa misma mañana, escribió un post apresurado en el que le hacía casi una declaración de amor mientras trataba de dar alguna lección a los medios de comunicación. ¿De verdad no vas a decir nada de él?

—No.

 

—Antes molabas.

—Antes publicaba cosas medianamente interesantes en este blog. Por lo menos a mí sí que me interesaban…

 

—¿Tampoco vas a comentar el patinazo de los medios con Ana Botella? Habéis salido todos contando que un juzgado había admitido a trámite una querella contra la alcaldesa. Y no ha sido así.

—Volverá a pasar. ¿Qué se supone que debo comentar? «Nuevo periodismo, o el arte de patinar en línea», ha tuiteado Cruz Morcillo. ¿Sabes una cosa?

 

—Sí, estás pasando una crisis de identidad bloguera.

—Siento que me repito. Y al decir que me repito me estoy repitiendo. A veces me cuesta hablar de esas crónicas que me gusta recuperar. Quiero guardarme mis «favoritos secretos» para mí.

 

—¿Te crees Javier Marías?

—No. Solo le estoy copiando la idea de la columna que publicó el domingo. Decía que autores que siempre le gustaron le empezaron a generar antipatía cuando se volvieron populares. Eran sus escritores. Sus libros. Sus secretos. Pasaron a ser conocidos por todo el mundo y perdieron parte de su magia. Se culpaba, en parte, por haberlos elogiados en tribunas públicas. En parte, con sus elogios, había contribuido a verlos culpables de sus fans.

 

—A ti no te pasará eso. No te lee nadie.