Paul Newman era un hombre feo

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No sé si habrán visto ustedes últimamente algún sindicato. Yo pasé el otro día por el monstruoso edificio de la UGT (siempre me pareció el Comepiedras de La Historia Interminable) y fue como haber visto de repente, qué sé yo, a David Hasselhoff. No sé sabe a qué se dedican ahora. Tienen que estar haciendo chapuzas por ahí, porque el Comepiedras, mismamente, tiene que comer piedras. Ese anonimato me hace sospechar. ¿Y si les ha tocado la lotería y han convertido las frías estancias interiores del edificio comepiedras, ya que hablamos de él, en el apartamento redecorado del Príncipe de Zamunda en Queens? Me da por pensar esas cosas y, en ocasiones, hasta veo gambas. Yo no sé quiénes son los líderes sindicales de la actualidad. Antes no había forma de no saberlo. Yo no sé quiénes son los líderes sindicales en medio, o en el albor, de la crisis económica más grave en vidas enteras. Y eso es raro, por lo menos. Anoche terminé de ver, otra vez, The Verdict, de Sidney Lumet, y me acordé de los sindicatos cuando el abogado Paul Newman, un día antes del juicio, no encuentra al doctor que era su testigo y cuyo testimonio significaba ganar el caso. Resulta que el poderoso Concannon, el abogado de la otra parte, le ha pagado unas vacaciones en el Caribe. ¿Estarán los sindicatos en el Caribe? ¿Les habrá pagado alguien (no tengo ni la más redonda idea de quién puede haber sido) esas vacaciones? Es como si hubieran decidido retirarse de la vida pública después de toda una vida cantando y bailando, como Marisol. Aunque yo creo que sólo están coyunturalmente recluidos. Esperando para salir, incluso o, sobre todo, en el momento menos indicado. En la España de la posverdad, ese invento viejo, pero en auge, tiene sentido. ¿Hay crisis económica?: al Caribe. ¿Hay prosperidad?: al tajo. El sindicato es una cosa muy moderna y por eso se adapta a las nuevas tendencias, y la de la posverdad es un hallazgo notable, de un carácter muy sindical. La posverdad es afirmar, por ejemplo, que Paul Newman era un hombre feo y que la gente lo crea mayor y firmemente, mientras no se sabe nada de nada de lo que hasta hace poco se sabía. Como de los sindicatos.

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