Pelusas bajo la alfombra de la rutina

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“Tardé tres meses en escribir esta obra, pero empleé buena parte de mi vida en acumular las experiencias necesarias”. Estas palabras de Ingmar Bergman, frecuentemente repetidas cuando se habla de Escenas de un matrimonio, guardan innegable parentesco con aquel “esto es amor, quien lo probó lo sabe” con el que Lope de Vega remachaba su conocido soneto sobre los avatares de las pasiones: está claro que el cineasta y dramaturgo sueco, que estrenó en 1973 ese proyecto como una miniserie de televisión, utilizó pedazos de su propia intimidad para construir la ácida y a la vez tierna e irónica crónica del largo adiós de una pareja amasado tras años de convivencia encallada en los arrecifes de la rutina. 

Parece incluso que en el perfil de Johan, el marido, Bergman pudo destilar una visión crítica y algo culpable de sus propias carencias masculinas con su carga de autoindulgencia, victimismo, manipulación de los hechos, mezquindad y una muy elástica capacidad para justificar las pequeñas y las grandes traiciones. Por contra, el personaje de Marianne, la esposa, está dibujado con trazos más amables: es una mujer generosa, vulnerable y fuerte a la vez, que se ve obligada a evolucionar hasta lograr sentirse a gusto consigo misma, sin culpas ni lastres emocionales. Curiosamente, treinta años después el autor volvió a reunir a la misma pareja en Saraband para repasar algunos conflictos no resueltos de esa contabilidad matrimonial de encuentros y desencuentros, nunca cerrada definitivamente.

Ivo Canelas y Katrin Kaasa, protagonistas de la función (Foto: Estelle Valente / Festival de Almada)

El 38º Festival de Almada ha incluido en su programación un bien ajustado y dinámico montaje de la primera pieza, Cenas de vida conjugal, dirigido por Rita Calçada Bustos e interpretado por dos actores extraordinarios, Ivo Canelas y Katrin Kaasa, también traductora del texto al portugués. El espectáculo parece rendir tributo a su origen televisivo, pues tiene un algo de comedia de situación y algunas transiciones se resuelven con escenas de la cotidianidad de la pareja filmadas en blanco y negro por los cineastas João Canijo y Leonor Teles. 

Rita Calçada Bustos encauza con buen tino esta suma antológica de los escollos de la vida en pareja y realiza una radiografía tan cálida como rigurosa y, al tiempo, terrible del lastre de pequeños fastidios y desencuentros que el tiempo, como pelusas ocultas bajo la alfombra de la rutina, va acumulando en el día a día de un matrimonio hasta terminar por estrangular la relación. La representación funciona muy bien, fluyendo con tanto acierto en lo cómico como en los instantes de mayor tensión, siempre sostenida en vilo por el trabajo de los protagonistas, quienes, dentro de su vibrante ejercicio de interpretación, bordan dos escenas que rozan el prodigio: el momento en el que Johan, mientras se lava los dientes, comunica a una atónita Marianne que la va a dejar por una mujer más joven, y en el que, tiempo después, la esposa revitalizada lleva a su marido los papeles definitivos del divorcio y le comunica que fingía sus orgasmos a la vez que le ofrece un detallado ejemplo para escarnio de su masculinidad contrita.  

João Farraia (izquierda) y Pedro Walter en un ensayo de “Un gajo nunca mais é a mesma coisa”(Foto: Festival de Almada)

Y un ensayo

El director del Festival de Almada, Rodrigo Francisco, nos ha invitado a varios periodistas a presenciar un ensayo de Un gajo nunca mais é a mesma coisa (algo así como Un chico nunca vuelve a ser el mismo) dos días antes de su estreno en el certamen. Se trata de una valiente, tensa y peliaguda reflexión sobre las guerras coloniales portuguesas desarrolladas entre 1961 y 1974 en Angola y Mozambique. Con parte de ficción y parte de teatro documental, Francisco, autor y director, señala que ese largo conflicto visto hoy en día “no puede dejar de parecer justo para los pueblos africanos que combatían por su autodeterminación, e injusto para aquellos que luchaban por el mantenimiento de un imperio colonial anacrónico”. 

El espectáculo salta alternativamente del presente al pasado y detalla a ojos del protagonista, lisiado y con traumas heredados de aquellos terribles momentos, cómo los jóvenes portugueses enviados a luchar a aquellas lejanas guerras, en las que muchos murieron, se encontraron años después de su regreso a la metrópoli con que eran tachados de fascistas y asesinos. Mientras los veteranos, al borde de la ancianidad, se reúnen para recordar aquellos años, una joven investigadora norteamericana y negra, novia del hijo del narrador, subraya el machismo y el racismo incrustados de forma indeleble y tal vez involuntaria en la mentalidad de esos hombres maltratados por la vida pero orgullosos de su pasado bélico.

Este espectáculo hurga decidida y necesariamente en heridas no cerradas, ofrece testimonios y argumentos de unos y de otros, y cuenta con un importante componente musical e instantáneas reales de la contienda. Se multiplican eficazmente en los diversos personajes Luis Vicente, Lara Mesquida, Pedro Walter, João Farraia y Alfonso de Portugal. No sería justo aventurar juicio alguno sobre un ensayo, aunque puedo señalar que lo visto me ha parecido apasionante.

Título: Cenas de vida conjugal. Autor: Ingmar Bergman. Traducción: Katrin Kaasa.  Dirección: Rita Calçada Bustos. Escenografía y vestuario: Fernando Alvarez. Vídeo: João Canijo y Leonor Teles. Iluminación: Paulo Santos. Música y espacio sonoro: Hugo Neves Reis. Interpretación: Katrin Kaasa e Ivo Canelas. 38º Festival de Almada. Fórum Municipal Romeu Correia. Almada. 11 de julio de 2021.

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Juan Ignacio García Garzón es uno de los nombres que me habitan (o que habito, vaya usted a saber). Como tal espécimen, nací y vivo en Madrid, donde ejerzo la profesión periodística desde hace más de tres décadas, que ya son años. En tiempos pretéritos trabajé en Radio Exterior de España (RNE), la Agencia EFE y la cadena radiofónica COPE, no simultáneamente. En el diario ABC, he sido redactor jefe de la revista dominical Blanco y Negro, las secciones de Cultura y Espectáculos, y su suplemento cultural, además de crítico teatral.   He publicado dos libros biográficos: “Lola Flores. El volcán y la brisa” (2002 y 2007), y “Paco Rabal. Aquí un amigo” (2004), con el que obtuve el II Premio Algaba de Biografías, Autobiografías y Memorias, y el volumen de análisis cinematográfico “Cary Grant. RKO Films” (2009), además de alguna otra cosa sobre cine y teatro que se hace fatigoso enumerar. En 2009 fui agraciado con el premio Ciudad de Alcalá en su modalidad de Periodismo, que lleva el nombre de "Manuel Azaña", por el artículo “Si Hamlet fuera mujer”, publicado en ABCD las Artes y las Letras.   A veces, aunque hace ya tiempo que se hace el remolón, me visita un tipo que escribe poesía y firma como Juan Garzón. Pese a su ánimo remiso, este holgazán de la escuela Bartleby ha publicado cuatro libros de poemas: “Ejercicios de estilo” (1979), “Figuras y descripciones” (1984), “Imán” (1989) y “Principio de viaje” (2000).

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