Penélope

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He visto que Pedro Sánchez es de los que ponen “Padre” en su perfil de Twitter. Pedro Sánchez es un señor que lo tiene todo, incluido lo de “Padre”. Hubiera sido sorprendente que no lo incluyera. Ese “Padre” es como sus zapatos. Uno puede ver los zapatos de Pedro Sánchez y entender lo de “Padre”, casi adivinarlo. Como el color de sus trajes. En los detalles suele estar el quid de las cuestiones.  

Uno puede creer que Pedro Sánchez es un presidente guapísimo y elegantísimo que luce de maravilla caminando por Nueva York, hasta que se fija en el color de sus trajes o en sus zapatos. O en la hebilla del cinturón. Hemos llegado a verle con hebillas dieciochescas en los empeines.  

Todos esos “padres” (y “madres”) tienen un patrón, que bien podría ser, para empezar (y para terminar), el de categorizar lo incategorizable, no por incategorizable, en realidad, sino por absurdo. El dar a lo obvio un título sentimental. Un diploma. Es una publicidad dirigida de lo íntimo. De lo más querido. Documentar un sentimiento. Sería como academizar la naturaleza mediante una sobredosis de cursilería que la justifique, que la haga pesar en la insoportable levedad del ser.  

Un “padre” o “madre”, que así se define públicamente, entre otras credenciales,  ¿acaso no es también un “hijo”? ¿Y un “hermano”, un “tío”, “primo”? ¿Abuelo? ¿Qué pasa con los “yernos”? Por no hablar de los “cuñados” y, por supuesto, de los “maridos”. ¿Pedro Sánchez es “padre”, pero no es “marido”? Yo no sé si se habrá enterado su mujer de lo que va diciendo por ahí su marido. Aunque seguramente sí.  

Esta categorización preeminente del “padre” es una característica singular que permite identificar casi con exactitud, por ejemplo, a esa clase de personas que gustan de ampliar o adornar el currículum sin escrúpulos (con el “padre”), o bien que pretenden parecer un Kennedy cuando sólo se es un Sánchez, y eso que un Sánchez puede ser, no faltaba más, mucho mejor cosa que un Kennedy.  

El culto a la obviedad es lo que nos ocupa. Cuanto más parcial mejor. Uno se pone “padre” en el perfil como si fuera un doctorado. Imagínense que, en el perfil de Pedro Sánchez, ya que estamos hablando de Pedro Sánchez, pusiera: “Presidente del Gobierno de España. Padre. Marido. Hijo. Hermano. Primo. Tío. Yerno. Cuñado. Padrino. Secretario Gral. del @PSOE. Trabajamos por instituciones dignas, la igualdad y la justicia”.  

Yo ahí veo más nítido el ridículo, que quieren que les diga, que se disimula con el énfasis solitario del “padre”, pero ahí está. Hay gente, el presidente del Gobierno mismamente, que va por ahí orgullosa diciendo estas cosas sin que se note y además creando escuela. A esto se le podría llamar parentescofobia, una nueva tarea vital para el ministerio de Igualdad, aunque más bien es una cosa moderna y hortera del estilo de los que antaño llevaban en la parte trasera del coche la pegatina de Penélope. 

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