Pequeño blog, gran responsabilidad

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Fotograma de una de las primeras películas de Spider-Man (2002), con Tobey Maguire como Peter Parker.
Fotograma de una de las primeras películas de Spider-Man (2002), con Tobey Maguire como Peter Parker.

Escribir un blog es algo serio, como hacer la colada una vez a la semana o cambiar las sábanas usadas con cierta periodicidad. No es una moda, pero, como las modas, hay que ir renovando el contenido cada temporada, que puede durar meses, semanas o días según la vocación. Tampoco es un capricho, como el cachorro de pomerania que te regalaron de pequeño y al que prometiste cuidar, alimentar y sacar de paseo tres veces al día, porque no hay nadie que se vaya a ocupar de él en tu lugar, sobre todo cuando te despistes. Quizá te haga pucheros, o el correo electrónico te recuerde que llevas ya un buen tiempo sin publicar nada, pero tenemos que vivir adelantados a eso y a todas las desavenencias que puedan ocurrir. ¿Por qué? Porque si un buen día decidiste abrirte un blog es porque tenías algo que contar, y si has fracasado en el intento es porque ya no le das el mismo crédito a tus palabras. ¿Falta de tiempo? Puede ser. Pero, de nuevo, es porque habrán ido cambiando tus intereses, tu auténtica motivación.

A los que descubrimos a Spider-Man gracias a Tobey Maguire y sus películas recordamos el mantra del tío Ben, pues un gran poder conlleva siempre una gran responsabilidad. Pero, ¿y un poder pequeño? Yo diría, incluso, que aumenta el cargo de conciencia. Sin ir más lejos, eso fue lo que le sucedió al padre de la protagonista de ‘Las posesiones’ (Libros del Asteroide, 2018), de Llucia Ramis. Un hombre que «había cambiado el mundo a través de la docencia -a pequeña escala, que es el único modo de cambiarlo en realidad- y [que] ahora lo cambiaría de otra manera, haciéndolo habitable (…) y comprometiéndose con él en internet». No en balde, el personaje había creado un blog para denunciar las injusticias de su vida cotidiana en Mallorca, y, si bien al principio las cosas iban bien y contaba con un buen número de seguidores, con la edad se había empezado a obsesionar. De tanto escribir acerca de conspiraciones, desgracias y «putadas» comenzó a perder a lectores, y achacaba la desdicha a un entramado político liderado por el Partido Popular. A partir de entonces, entre sus propias pesadillas y el triste hecho de que ya nadie las leía, fue perdiendo la cabeza; aportando, de vez en cuando, pequeñas dosis de lucidez. «Esta es la estrategia que utilizan para que nos rindamos: hacernos creer que, hagamos lo que hagamos, no sirve para nada», mantenía. Porque sí, tiene razón: esa es la estrategia que utilizan para que nos rindamos, pero no es la realidad. Al fin y al cabo, todo lo que hagamos cuenta; pero hay que hacerlo, claro está.

En el prólogo de ‘Música para camaleones’ (Anagrama, 1988), Truman Capote nos contaba, entre otros asuntos, sus inicios en el mundo de la literatura. «Comencé a escribir a los ocho años, inesperadamente, sin la inspiración de un modelo. (…) Así como algunas personas practican el piano o el violín cuatro y cinco horas diarias, yo practicaba con mis lapiceras y papeles», nos cuenta. «Ya a los diecisiete años era un escritor consumado. De ser pianista, ése hubiera sido el momento propicio para el primer concierto público. Siendo escritor, decidí que era el momento de publicar», y, tras enviar sus primeros cuentos a las principales publicaciones literarias del momento, se atrevió a publicar su primera novela en 1948, ‘Otras voces, otros ámbitos’. Cuando llegaron las primeras felicitaciones por lo que se convirtió en un éxito de ventas absoluto, no faltó quien argumentara: «Sorprendente que alguien tan joven pueda escribir tan bien», y ahí fue donde estalló. «¿Sorprendente? ¡Sólo hacía catorce años que escribía, día tras día!».

Desde luego, en algunas circunstancias, el hábito hace al monje. No la prenda, pues ya hemos dicho que escribir un blog -o cualquier otra cosa- no es una moda pasajera; sino la costumbre, la perseverancia, la confianza en uno mismo y en las cosas que nos creemos destinados a contar. Y da igual si eres Capote, que ojalá, oye; o el propio Spider-Man: la práctica diaria, o semanal, o mensual, es lo que hará que el día de mañana estemos satisfechos. De hecho, si Tobey Maguire siguiese interpretando a Peter Parker, el hombre que se escondía bajo las mallas y la telaraña del icónico superhéroe de Marvel, seguro que tendría un blog, aunque fuese de fotografía. O, quizá, llevaría un tiempo escribiendo en fronteraD, como nosotros, convencido de que la única virtud del bloguero, aparte de escribir, es la constancia.

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