Periodistas en el frente

0
245

 

El artículo publicado a comienzos de este mes por una joven periodista italiana, Francesca Borri, en el Columbia Journalism Review sigue generando reacciones. En su artículo, titulado ‘Woman’s work’, Borri se lamentaba de la situación que viven buena parte de los periodistas freelance que deciden trabajar en zonas de conflicto. Borri habla sobre todo de su reciente experiencia en Siria, aunque recuerda episodios vividos en algunas guerras que se produjeron en la última década: salarios de miseria –70 dólares por pieza, por ejemplo-, editores con menos empatía (e inteligencia) que un teléfono inteligente sin batería, colegas de profesión competitivos hasta el punto de poner en riesgo la vida de otros colegas, etc. La revista argentina El Puercoespín ha traducido el artículo de Borri y lo ha titulado ‘Siria: sólo estamos aquí por los premios, y algunas otras verdades del periodismo de guerra’.

 

 

Hace unos días, un colega italiano de la Borri publicaba en su blog una carta abierta ( ‘Cara Francesca…’) con algunos comentarios críticos sobre la pieza de la italiana: se cuestionaban algunas fechas sobre todo, y la veracidad de algunos hechos tal y como los contaba la Borri. Se le pedían unas explicaciones que, de momento, creo, no se han producido.

 

 

                                                *   *   *

 

Trabajar por libre resulta difícil en casi todas las profesiones. ¿Sueldos de miseria, trato displicente –a menudo ofensivo- por parte de potenciales empleadores, peticiones laborales absurdas cuando no humillantes? Dudo que haya una profesión que no esté experimentando una generalización de estas condiciones de trabajo.  

 

La revista GQ ha publicado una pieza sobre una característica particular del periodismo en zona de conflicto: los periodistas se han convertido en objetivos directos de asesinatos y secuestros. Sebastian Junger y Scott Anderson comentan que no siempre fue así: para algunos este “dispara o secuestra al periodista” comenzó en las guerras de la antigua Yugoslavia.

 

 

Los datos sobre asesinatos de periodistas que se ofrecen en el artículo no están, creo, muy bien utilizados: suele olvidarse que los profesionales de la información que han muerto en los últimos años –se calcula que en 2012 fueron 70- eran en su inmensa mayoría periodistas locales. Muchos, de hecho, ni siquiera habían pensado en comprarse un casco o un chaleco de kevlar. En muchos casos vivieron, informaron y fueron asesinados en sus ciudades de origen. México es un buen ejemplo.

 

 

                                              *   *   *

 

Hace unos meses se publicaron en Estados Unidos dos libros escritos por jóvenes periodistas que pretendían el mismo objetivo informativo: describir la realidad de las altas cúpulas gubernamentales, militares y burocráticas estadounidenses encargadas de gestionar la invasión y la ocupación de Iraq y Afganistán. Michael Hastings, periodista de la revista Rolling Stone, reunió en su libro The Operators: The Wild and Terrifying Inside Story of America’s War in Afghanistan las crónicas que fue elaborando durante meses sobre las cúpulas militares estadounidenses. Envidias entre generales, falta de comunicación entre políticos y militares, luchas de poder entre diplomáticos y militares, etc. Un artículo de Hastings publicado en 2010 sobre el general Stanley McChrystal le costó a este último su carrera, viéndose obligado a dimitir cuando estaba en lo más alto del escalafón militar.  

 

Tras ocuparse de la guerra de Iraq en su anterior libro, el reportero del Washington Post, Rajiv Chandrasekaran ha dedicado su segundo libro a la guerra de Afganistán. Con el título Little America: The War Within the War for Afghanistan, el libro consigue describir las fallas burocráticas, políticas y militares de uno de los mayores desastres bélicos de Estados Unidos registrados en las últimas décadas. La incompentencia destaca como uno de los valores que presidieron y están presidiendo la ocupación de Afganistán. Hay más valores: beneficio económico –para contratistas estadounidenses y señores de la guerra afgano-, rencillas personales entre altos funcionarios norteamericanos, etc.

 

Tanto Chandrasekaran como Hastings comparten su interés en informar sobre los que “deciden”. Las guerras no sólo se libran en el frente de batalla. En los “gabinetes especiales” y en “cuarteles generales” se resuelven muchos conflictos.

 

Michael Hastings falleció el pasado 18 de junio en un accidente de tráfico en Los Ángeles. Tenía 33 años. Según parece, días antes de su muerte había enviado correos a algunos amigos y contactos advirtiéndoles de que tenía intención de “desaparecer de la primera línea informativa” durante un tiempo. Salir del alcance del radar. Le preocupaba estar siendo investigado por agencias de seguridad estadounidenses debido a algunos de los artículos en los que estaba trabajando. Wikileaks ha afirmado que Hastings contactó con una de las abogadas de la organización pocas horas antes de morir diciendo que temía estar siendo investigado por el FBI.

 

 

                                              *   *   *

 

El título de un artículo publicado recientemente en VICE resulta bastante explicativo: “I Went to Syria to Learn How to Be a Journalist. And Failed Miserably at It While Almost Dying a Bunch of Times”. Algo así como: “Fui a Siria para ser periodista. Y fallé miserablemente mientras casi muero en varias ocasiones”.

 

El autor del artículo, cuenta su desquiciada experiencia en Siria tratando de convertirse en periodista freelance sin tener ninguna experiencia y habiendo preparado poco la entrada y la estancia en un país en guerra. El artículo en VICE fue el primero que consiguió publicar en toda su vida. Como solía decirme un terapeuta que llevaba trabajando varias décadas en un psiquiátrico: hay más fuera que dentro. Pirados, se entiende. Algunos, al menos, tienen la suerte de poder contarlo. Mientras que algunos de los mejores –Tim Hetherington, Marie Colvin y tantos otros- caen. Cosas de la vida.