Permítanme que les aburra

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El piso de mis padres es un primero de la calle Rosalía de Castro, en Pontevedra. La calle se llamaba Salvador Moreno, pero veinticinco años después de haber muerto Franco alguien reparó en que Salvador Moreno era falangista o algo así de tremendo, y se le cambió el nombre a la calle como cualquier día se le cambia el nombre a la ciudad o a lo primero que se le venga a alguien a la cabeza. A mí esto me parece bien: prefiero la poesía a la represión. Además lo que yo les quiero decir es que de ese piso salí un día y en el primer escalón pisé unos cordones y me maté escaleras abajo. Rodé como ruedan los niños: a tumba abierta, como si no hubiese un mañana. En ese momento entró por el portal el vecino del cuarto, que soltó horrorizado las bolsas del súper y gritó: “¡Pero qué manera es ésa de bajar las escaleras!”.

La historia define un poco metafísicamente mi vida, y quizás contándola yo les ahorraría muchas palabras, pero uno siempre acaba prolongando la fiesta. Cuando me propusieron escribir en FronteraD yo pensé que podía hacer lo que más o menos he venido haciendo en los periódicos toda la vida: sacar adelante unos artículos que pretendan divertir un poco, hacerles a ustedes pasar un rato o incluso dármelas de trascendente escribiendo el obituario de algún amigo y posarles mi mano en el hombro en una maniobra violenta. Nada más lejos, sin embargo, que repetirme. Yo aquí trataré en la medida de lo posible de aburrirles, porque hoy en día la gente se aburre poco y peor aún: los que se aburren, se aburren mal. Yo intentaré que ustedes se aburran a gusto, sin remordimientos, pensando que podían estar haciendo algo mejor pero que no se les ocurre nada y ya es mala suerte.

En el tiempo en que yo llevo escribiendo en los periódicos he recibido correos y hasta cartas, lo que me recuerda que soy un periodista del siglo pasado. En una de ellas, escrita en una caligrafía antigua, casi jeroglífica, una señora me dijo de sopetón que la aburría.

«Usted me aburre. No sé por qué le tienen ahí pintando la mona».

Yo entonces en el periódico era opinador, y además era un opinador de izquierdas; uno de los llamados oficiales, que leían una y otra vez la noticia para detectar el punto de vista progresista. Si no lo encontraba esperaba a los viernes para ver qué decía Millás en El País y salir yo el domingo entusiasmado detrás. No siempre las cosas fueron tan fáciles. Si Aznar eliminaba la mili o recortaba gastos a la Iglesia, que no sé si lo hizo, yo pensaba: “Eso está bien, pero tiene que haber algo que se pueda decir al respecto”. Y me iba al blog de Escolar a esperar una reacción oficial. De esos años aprendí que ser un opinador de izquierdas era algo verdaderamente cansado. Imagínense ustedes ahora que tienen que formarse una opinión de izquierdas de Aminetu Haidar y me entenderán mejor. La derecha estas cosas las ha resuelto históricamente mejor; no me pregunten cómo, pero mejor. No se les ve cansados, quiero decir. Yo en los periódicos dimití de la izquierda por hastío, lo que no quiere decir que luego yo en privado dé la matraca a quien buenamente pueda, pero eso ya es cosa de borrachos.

A esa señora, digo, yo la aburría, pero era un aburrimiento ideológico. Yo, modestamente, aspiro a aburrirles a ustedes de otra manera. En mi vida pasan muchas cosas y pocas interesantes, y yo supongo que ese mérito debe de ser explotado. Me llamo Manuel Jabois y tengo 31 años, una edad absolutamente escandalosa. Soy pobre y honrado en lo que puedo, para qué andarse uno con tonterías. Me definieron una vez como heterosexual asimétrico, pero gracias a Dios no recuerdo quién ni en qué momento. Por el título del blog no se alarmen. Yo soy puta, sí, pero en un sentido canónico. Me verán ustedes muchas veces escaleras abajo, y cuando sea así les pido que me abronquen: lo peor que pueden hacer es preocuparse por mí.

 

 

5 COMENTARIOS

  1. Me he aburrido a gusto.
    Me he aburrido a gusto. Nicanor Parra dice en un verso: Sea pobre y sea honrado, amigo, pero no sea huevón.

  2. Paso por aquí a ver,
    Paso por aquí a ver, simplemente, el escenario. Mal empezamos, o bien, no sé: disparando flechas al cielo.

  3. Como soy un mártir del

    Como soy un mártir del empirismo, aprovecho este formato distinto, sin cuadrícula, debajo del texto, para comprobar si efectivamente queda registrado mi comentario. Que de todas maneras pensaba hacer. Y es que me parece, colega Manuel Jabois, que si lo que realmente pretendes es aburrirnos, el tiro te ha salido por la culata. Sorry.

  4. Qué bien luces, Jabois.

    Qué bien luces, Jabois. Bienvenido a esta Frontera. Permítenos que te aburramos con los elogios!

  5. Aquí procuraré mostrarme

    Aquí procuraré mostrarme distante y altivo, porque es lo que mejor se ajusta a mi carácter soberbio, pero como estamos en Navidad me rebajo un momento a escribir en los comentarios para darles un abrazo, buenos hombres.

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