Perro viejo: más de trescientas

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La entrada 305 de este blog nace sin ninguna consciencia de sí misma que la haga diferente a cualquier otra. Si hubiera sido la 300 podría parecer que se ensoberbecía de sí misma, como les sucede a todos los seres hermosos o excepcionalmente. Pero, no, nace como una entrada nocturna de lunes, de puerta falsa de teatro, con una humildad terapéutica alejada de las efemérides.

 

Al comienzo se pensaba en alcanzar la decena y no tirar la toalla, luego llegó la meta de los cincuenta, y poder seguir compareciendo todas las semanas. Alcanzar el ciento fue cosa de tenacidad veraniega. Las doscientas no había tampoco por qué celebrarla. Pero ahora que se han superado imprevistamente las 300, es hora de pensar en las 365. Un año completo de entradas, sin faltar a ninguna cita con los lectores o visitantes; si los hubiera o hubiese habido, que nunca se sabe.

 

Escribir un blog es algo que nunca se sabe por qué cerro de Úbeda puede salir. No tiene que ver exactamente con el diario, ni con la columna periodística, tampoco con la confesión que suponen todos los epistolarios. A veces es libro de memorias sin pretenderlo, otras son sueños que no llegaron a consumarse, las más son imágenes que bordamos hace años, y que seguimos retocando con mimo, para exponerlas ente los ojos de nuestros visitantes, en este álbum de cromos de nuestra vida, que vamos completando diariamente con todos nuestros asiduos.

 

Gracias una vez más por visitarnos y dar norte a los calendarios personales que en esta Huerta se cultivan.

 

Ilustración: Gabriel Faba