Pescadores

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No son muchos los lectores de este blog, pero alguno de los que hay me insiste en que esto era una bitácora sobre historia en origen. Parece ser que le defraudo con mis digresiones, aunque a mi me parecen que mantienen un hilo común con la idea original. Hablo de esta persona porque fue la que me fusiló hace un tiempo:


– Responde brevemente, que nos conocemos, ¿cómo se hace buena historia?


En aquel momento no supe qué responder. Posiblemente entonces mi silencio era del todo menos ingenuo. Quizá hubiese sido mejor contar la verdad, y decir que no tengo ni idea. Con todo, hay una idea que me ronda la cabeza desde hace años, y que incluso tuve el valor de poner por escrito en la introducción de mi tesis. Por suerte, no fue lo que más llamó la atención al tribunal que la juzgó benevolentemente y no mencionaron lo que para muchos podría ser una barbaridad insolente.


Con mis años de aprendizaje del oficio, pero también con las horas y horas gastadas en lecturas que no tienen relación con la historiografía, me he convencido: el historiador se debería acercar al pasado como un pescador. Esta idea no es original, por supuesto. Hace tiempo leí en la prensa cómo un neurólogo expresaba en un congreso cómo los avances en genética estaban cambiado el paradigma científico. Aseguraba que


“La gente de mi generación fue formada con la idea de que uno primero tiene una hipótesis, va y la prueba. Ahora, con los avances tecnológicos como la bioinformática, tenemos que analizar sin preconceptos. Es como ir a pescar. (…) Es un cambio de filosofía difícil de digerir, porque no fuimos educados para ver lo inesperado».


Aún a riesgo a ser mirado con desdén por mis compañeros, y salvando las enormes distancias entre la historia y la neurología, parece evidente que los historiadores deberíamos aprender a observar lo inesperado y reconocer que nuestro trabajo se asemeja a una escapada pesquera. No hemos sido educados para ello, pero sería conveniente comenzar a leer la historia con la mentalidad del pescador. De esta forma, se rompería con la sensación, demasiado habitual, de estar ante un producto que ha cerrado un círculo de reflexión. Además, como nos enseñó el aforista Zarko Petan, a veces no se puede ni predecir el pasado.

 


“El cebo es el que engaña, no el pescador ni la caña”

Dicho pescador.

Joseba Louzao nació en Bilbao en 1983. Es doctor en Historia Contemporánea por la Universidad del País Vasco (UPV) y en la actualidad es profesor en el Centro Universitario Cardenal Cisneros (Universidad de Alcalá de Henares).
Está especializado en historia de las religiones y es autor del libro Soldados de la fe o amantes del progreso. Catolicismo y modernidad en Vizcaya (1890-1923) (Genueve Ediciones) y, como coordinador, de La restauración social católica en el primer franquismo, 1939-1953 (Publicaciones de la Universidad de Alcalá de Henares). Este blog será su particular maleta preparada, porque el pasado siempre es un país extraño.