Peso específico

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La impotencia me vence en estos días. Desánimo cósmico, malparidez global difícil de remediar con un trago de ron o, incluso, con un buen poema.

 

Acudo tarde al blog porque pasé las últimas horas dando seguimiento a la brutal represión de la policía a los miles de indígenas Ngäbe-Buglé que llevaban 5 días cortando la carretera Interamericana para denunciar el engaño oficial, las trampas, la venta sin precio de las tierras que les pertenecen. No ha sido noticia esta protesta digna hasta que no se ha contado un muerto. Si no hay más, no volverá tímidamente a la columna de breves.

 

El peso específico de la actualidad es tan pequeño cómo el de la ética política. Eso pensaba también ayer… a medio día unas 150 personas coreaban consignas contra el Gobierno dictatorial de Siria enfrente de la embajada de ese país en Madrid, justo en frente del Museo del Prado. No me preocupó el poco peso específico noticioso de esa red de solidaridad con los civiles sirios, sino la ausencia de gravedad de la ética de los políticos europeos… ¿Cómo puede mantenerse abierta la embajada de Siria en Madrid, cómo pueden los países de Europa tener delegaciones diplomáticas de países brutales, represores, violadores de derechos humanos?

 

Es cierto que si se cerraran las sedes diplomáticas de todos los países antidemocráicos no habría recepciones diplomáticas y habría que echar el cerrojo incluso a las embajadas de Estados Unidos o, por qué no, a las propias.

 

El peso específico de Jerónimo, el muchacho asesinado ayer en Panamá; el de los hostigados campesinos del bajo Aguán hondureño; el de casi todo lo que es vida real, cotidiana, descarnada, sin sentido… es nulo. A cambio, los tecnócratas y los filibusteros tienen páginas y páginas a su disposición. Confieso la espesura de esta mañana (y lo siento por los que hayan llegado hasta este punto), confieso la impotencia, el dolor y la rabia… ¿cómo se puede vivir en esta crisis permanente? Quizá hoy entiendo mejor a los que optan por la indolencia y la desmemoria… debe ser más fácil así.

Me perdí en Otramérica, esa que no es Iberoamérica, ni Latinoamérica, ni Indoamérica, ni Abya Yala... y que es todas esas al tiempo. Hace ya 13 años que me enredé en este laberinto donde aprendí de la guerra en Colombia, de sus tercas secuelas en Nicaragua, de la riqueza indígena en Bolivia o Ecuador, del universo concentrado de Brasil o de la huella de las colonizaciones en Panamá, donde vivo ahora. Soy periodista y en el DNI dice que nací en Murcia en 1971. Ahora, unos añitos después, ejerzo el periodismo de forma independiente (porque no como de él), asesoro a periódicos de varios países de la región (porque me dan de comer) y colaboro con comunidades campesinas e indígenas en la resistencia a los megaproyectos económicos (porque no me como el cuento del desarrollismo). Este blog tratará de acercar esta Otramérica combatiendo con palabras mi propio eurocentrismo y los tópicos que alimentan los imaginarios.