Piedras de San Juan

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Un blog que abre sus fauces a diario para mostrar lo que se cocina en su interior, es algo más que una criatura con un teatro en la boca. Esas fauces abiertas, a veces, devuelven veleros a su cauce, expelen ballenas con geiser, náufragos en el interior de una botella, faros que el bloguero se ha tragado, sirenas y marineros desnudos haciendo el amor a lo Cocteau; o trocitos de vidrio de colores desgastados por la corrosión –sin prisas- de las olas.

 

Pero hay días, que cuando el telón de los labios se alza, por mucho boato, ceremonia y fanfarrias que suenen anunciando el comienzo del acto, sólo encontramos piedras en lugar de dientes, rocas en lugar de gargantas, seres inertes en lugar de vida animada. El reloj biológico de los seres vivos tiene este ritmo, a veces fabuloso, a veces varado en sí mismo.

 

En la salud y en la enfermedad, en el entusiasmo y en el cansancio, en la alegría y en las penas, como ese matrimonio perfecto que llega a ser el del escritor y sus lectores fieles. Desde aquí seguiremos blogueando y esperando a nuestros lectores en el faro de esta Huerta del Retiro, desde el que un día llueven flores, y otros piedras. Quedan todos invitados a seguir compartiendo nuestra particular tormenta.

 

Y en la inminente noche de San Juan:  

 

¡A quemar todo lo malo en el fuego, para salir resucitados de las llamas!