Planificación familiar, un derecho lejano para la mujer ngäbe

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‘¿Comuniyó?’ pregunto
a la india macilenta
que en pos de su hombre adusto
marcha con lento andar

(…)

y la doblega
la mochila a la espalda
y la agobia la curva
de su misión fatal…
Y su hijo cuando nazca
acaso muera inerme,
que sólo puede darle
el jugo maternal.

Como constancia de que hay una deuda social, antigua e impostergable con la mujer ngäbe, María Olimpia De Obaldía (1891 – 1985) nos legó a los panameños ‘Ñatore May’, que en ngäbe significa “Muy bien, gracias”. En ese poema que forma parte del libro Visiones Eternas, escrito en 1953 pero publicado en 1961, De Obaldía denunció desde la pobreza extrema en la que vive esta población, la multiparidad de la mujer, la desnutrición hasta la cultura patriarcal que somete a la mujer ante las decisiones del hombre.

Las uniones a temprana edad, los embarazos en la adolescencia y la multiparidad en la comarca Ngäbe Buglé pueden ser una muestra de la falta de autonomía corporal de la mujer y de una evidente necesidad insatisfecha de planificación familiar (NIPF). La NIPF se puede definir como el deseo de la mujer de posponer el próximo embarazo o el deseo de no tener más hijos, el cual se dificulta debido al limitado acceso a métodos anticonceptivos.

Por el Día Mundial de la Población (celebrado el pasado 11 de julio), el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) reiteró la necesidad de garantizar derechos y opciones para todas las mujeres, en salud sexual y reproductiva, a pesar de la pandemia, sobre todo, para esas mujeres rezagadas en vivir con plena facultad de sus derechos humanos.

Data del país  

Según la última Encuesta Nacional de Salud Sexual y Salud Reproductiva (ENASSER 2014 – 2015), la necesidad insatisfecha de planificación familiar promedio, en el país, fue de 24.2%. Sin embargo, en la comarca Ngäbe fue de 57.3%, lo que significa que la mujer ngäbe no lo logra espaciar más tiempo entre uno y otro hijo, y tienen dos o tres hijos más que el promedio nacional.

ENASSER 2014 – 2015 también evidenció que las mujeres casadas o unidas conocen los métodos de planificación familiar. Entonces, ¿que las aleja de una planificación familiar exitosa?

¿Poca aceptación de métodos anticonceptivos modernos en la comarca?

Para Ana Salinas –panameña, mujer ngäbe, residente de Peña Blanca– acudir al Centro de Salud de Llano Ñopo representa gastar 18 dólares (36 si alguien la acompaña) para el transporte o caminar seis horas por esas desafiantes montañas.

A los nueve meses de embarazo de su segundo hijo, emprendió el camino desde Peña Blanca a Llano Ñopo, acompañada de su marido, Anel Salinas. Llegó agotada. “Me duelen las piernas”, dijo.

Anel solo quiere tener tres hijos porque reconoce que la situación económica es difícil. Sin embargo, no acepta el uso de métodos anticonceptivos modernos, él prefiere usar el método natural conocido como coitus interruptus.

En la casa materna contigua al Centro de Salud de Llano Ñopo está interna Sebastiana García (22 años), proviene de la comunidad de Sitio Prado. Su época de estudiante terminó en noveno grado, su familia no tuvo dinero para que continuara sus estudios. A los 18 años tuvo su primer hijo. Ahora espera el nacimiento del segundo en la casa materna de Llano Ñopo, en compañía de su madre. Ella y su pareja, Bernabé Santiago (29 años), no utilizan método de planificación familiar. Al enterarse del embarazo, Bernabé se molestó porque ahora tendrá cuatro hijos que mantener. Sin embargo, Sebastiana no se atreve a hablar de planificación familiar con él.

Entre los beneficios de la planificación familiar está la mitigación de la pobreza, promover la equidad de género, la reducción de la mortalidad infantil y de la mortalidad materna. En 2020, esta comarca fue nuevamente la que más muertes maternas tuvo en el país. La planificación familiar y los controles prenatales son fundamentales para evitar que más ngäbes mueran.

Las líderes de la comunidad  

Pese a que la pobreza multidimensional arropa al 92% de la población de la comarca Ngäbe y sigan siendo pocas las mujeres en sostener entre sus manos un diploma secundario o universitario, y, aunque todavía es una verdadera suerte encontrar a una mujer de la comarca que quiera conversar con un extraño, hay una llama emancipadora entre varias de ellas.

Por ejemplo, Julia Flores participó hace algunos años del proyecto de Reducción de Muertes Maternas del UNFPA como multiplicadora comunitaria. Allí aprendió sobre salud sexual y reproductiva, y los beneficios de la planificación familiar. A pesar de que el proyecto terminó, su compromiso para con sus coterráneas no finaliza. Ella es la asesora de las mujeres en edad reproductiva en Guayabal y Alto Caballero.

Julia visita a las mujeres embarazadas y les recuerda su control prenatal, y hace de nexo entre el personal del centro de salud y las embarazadas. Camina largas jornadas para cumplir con su labor, pues no dispone de dinero para el transporte, por eso me dice que necesita un caballo.

Mujeres como Julia salvan vidas y son un agente de cambio en sus comunidades.

“¡Cuando una mujer se empodera, toma control de su vida! Ese es el valor agregado que dejan las intervenciones del Fondo de Población de las Naciones Unidas en el terreno”, dijo la directora ejecutiva de este organismo, la doctora Natalia Kanem, en el evento virtual No dejar a nadie atrás del Bicentenario de Panamá.

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José Manuel Pérez tiene una maestría en administración con énfasis en desarrollo sostenible de la Escuela de Negocios de INCAE. En el camino laboral, Pérez fue investigador para la Agenda del Siglo XXI, elaborada entre INCAE y el Harvard Institute for International Developmen. Oficial de programas del PNUD y consultor de FAO y el BID, actualmente está al frente de la Oficina del Fondo de Población de las Naciones Unidas, que vuelve a trabajar con las poblaciones más vulnerables de Panamá. “El trabajo que realizas tiene un valor agregado cuando conoces de primera mano las situaciones del país y de la gente a quien sirves”, dice.

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